Todomatsu estaba sentado en el centro de una de las bancas de la iglesia sosteniendo una bolsa con hielo contra su ojo. Karamatsu justo a su lado limpiaba su cabeza con un trapo limpio humedecido en agua tibia. Ichimatsu los observaba desde la pared recargado en un pilar moviendo un pie constantemente. Sabía que había cometido un error. No importaba todo ese tiempo que se había abstenido de realizar cualquier acción sobre su propio cuerpo, ahora que ya lo había hecho, la necesidad de hacerlo otra vez se había vuelto aún más desesperante que antes. Habían pasado solo unos momentos, a tan solo un poco de tiempo de que descubriera lo que sus malas acciones traían sobre Karamatsu y allí estaba, viendo sus manos, su rostro, su cuerpo. Apartó la mirada a la entrada con algo de desesperación.
Después de que Todomatsu entró nadie había vuelto a hablar. El padre terminó de quitar todo rastro de sangre y limpió la herida. Era un corte poco profundo, solo fue necesario ponerle algo de cinta para ayudarle a curarse. Limpió también sus manos que tenían cortes y se veían amoratadas, las vendó y se retiró un poco al haber terminado con su trabajo. Suponía que había otras heridas bajo su ropa.
-Todomatsu – por fin habló el padre irrumpiendo el silencio que había – ¿Quieres contarme que sucedió?
-No, no quiero. – contestó. Miró a Karamatsu a los ojos – ¿Puedo quedarme?
-¿Quieres quedarte aquí en la iglesia? – repitió la pregunta un poco sorprendido por la petición. Ichimatsu también se irguió sorprendido.
-Sí. – Karamatsu que estaba un poco desconcertado por la petición se tardó en contestar, razón por la que Todomatsu continuó – Haré cosas para compensar, me uniré a la religión si quieres.
-Está bien – repuso Karamatsu rápido, no quería que Todomatsu creyera que le iba a sacar algo a cambio de permanecer allí. La iglesia estaba hecha para ayudar a las personas y allí había espacio suficiente. – Puedes permanecer el tiempo que requieras.
-¿Qué tal para siempre? – Todomatsu desvió la mirada ante la expresión sorprendida que una vez más estaba en el rostro del padre. – Ya no tengo a donde regresar.
Karamatsu permaneció en silencio. Asintió con expresión seria.
Ichimatsu observó en silencio como el padre ayudaba al, aparentemente, nuevo inquilino a levantarse y lo guiaba mientras le explicaba donde quedaba el baño para que se aseara, las habitaciones y la cocina.
Se quedó allí en medio de la gran nave del convento escondido detrás de un pilar. Ellos desaparecieron por la puerta de madera que se encontraba detrás de la mesa donde Karamatsu ofrecía los oficios religiosos. Volteo a ver la gran puerta de madera que comunicaba con el exterior, Karamatsu la había cerrado a consciencia, y él se preguntaba si eso serviría de algo. No lo creía.
Dio unos pasos dispuesto a ir detrás de ellos, pero la idea no lo convencía así que fue primero a la cocina con la intención de comer primero y no tener que acompañarlos, no solía sobrar nada preparado, el padre siempre se encargaba de hacer lo justo y que de esa manera no se desperdiciara comida. Por lo general su alimentación se basaba en pan, papas hervidas, pescado y agua. En los buenos días, siempre con algún motivo que lo ameritara, comían carne roja y variedad de guarniciones. Sopa. Antes Karamatsu le preparaba siempre una sopa caliente, pero había dejado de hacerlo. No encontró nada, así que no podía cenar antes. Sin más opciones decidió ir a su habitación. Seguía durmiendo en la misma a donde había llegado, Karamatsu seguía a su lado, aunque en algún momento se enteró de que esa no era su habitación antes. Aquella vez no había querido ahondar en el tema pues había temido que de alguna manera terminara decidiendo que ya era momento de regresar a donde antes. Ahora deseaba que lo hiciera. Entró a su habitación y cerró.
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Redención
FanfictionIchimatsu ha caído bajo, muy, muy bajo. Solo la bondad de un sacerdote lo ayudará a redimirse de todo lo que ha hecho, el problema será que su pasado no dejará de perseguirlo. Literalmente.