Dos semanas podrían no ser mucho tiempo para algunas personas, pero para Ichimatsu que actualmente vivía en torno a Karamatsu, estar lejos de la única persona que lo alejaba de su pasado y que le daba un nuevo significado a su vida -cosa que no admitiría en voz alta ni aunque lo amenazaran- era como una eternidad. Sin embargo, no había qué más hacer, no iba a estar llorando la separación.
El primer día lo pasó caminando de un lado a otro, no sabía cocinar así que solo comió pan y queso, no era un gran sacrificio, Karamatsu a veces los hacía comer así de poco por algunas razones religiosas que él no entendía y antes de eso había sobrevivido semanas enteras comiendo porquerías e intentos de comida basura. Se quedó dormido en las bancas donde la gente se sentaba cuando asistía a las misas. Se empezaron a escuchar golpes, un golpe, en realidad, constante en la enorme puerta de madera que era la entrada principal, no era muy fuerte, parecía que estaban tocando; eso despertó a Ichimatsu que se tardó un poco en terminar de reaccionar, su primer pensamiento fue que se trataba de niños molestando, luego lo pensó mejor. A pesar de todo el tiempo que llevaba en ese lugar nunca había visto a las personas del pueblo, pues siempre las evitaba, estaba casi seguro de que esa gente ni siquiera sabía de su existencia y solo una cosa tenía muy clara de ellos: respetaban la iglesia. Los niños que probablemente había, nunca habían hecho bromas de ningún tipo, así que no había posibilidades de que fueran ellos ahora, en especial, que el sacerdote del lugar no estaba.
Se sentó con inseguridad y tan silenciosamente como le fue posible, que para él era no hacer ningún ruido, al golpe constante de pronto se le sumaron unos chirridos de algo filoso rasguñando desde afuera, y otro golpe y comenzó a ser cada vez más y más fuerte y entonces la puerta se hizo hacia adentro con tal fuerza que podría decirse que un gigante la pateo, pero no se abrió.
Y llegó el silencio.
Un silencio tan anormal que Ichimatsu escuchaba su corazón palpitar como si tuviera altavoces.
Quería moverse, quería correr, pero su cuerpo no le respondía y sólo seguía allí, viendo la puerta que estaba ahora en silencio, como si esperara algo.
-Ichimachuu~
Ichimatsu se levantó lentamente, caminó lentamente hacia atrás alejándose de la puerta, y volteó con la misma lentitud hacia la puerta que lo llevaba al interior del lugar, y solo entonces comenzó a correr con todas sus fuerzas y a la máxima velocidad que sus piernas le permitían, pasó de largo su habitación y entró a la de Karamatsu lanzándose a su cama y haciéndose ovillo entre sus cobijas, una vez que estuvo completamente cubierto se percató de que estaba temblando. No era la primera vez que temblaba con solo escuchar la voz de Osomatsu, pero era claramente diferente, aquellos temblores habían sido por necesidad y desesperación y ahora se trataba de miedo puro. Miedo de acercarse porque Ichimatsu ya no quería ir con él, ya no quería regresar a sus brazos, esa vida que ahora tenía junto a Karamatsu le agradaba, no quería separarse de él, siempre que lo veía tenía esa sensación extraña en el pecho que era agradable, quería mantenerse a su lado ¿por qué no lo había acompañado? ¿por qué lo dejó ir? Enterró el rostro en la cama y se percató de que tenía un olor especial, diferente, que le recordaba a Karamatsu. Y así inhalando el aroma, calmó su respiración y se quedó dormido.
Cuando despertó era medio día.
Se mantuvo quieto y atento por si se escuchaba cualquier otro sonido mas no hubo nada aparte del silencio. Salió de la cama y sin siquiera pensar en arreglarla fue a dar una caminata por la iglesia. Todo seguía exactamente igual que siempre, las puertas del frente estaban cerradas, con precaución las abrió y vio que por fuera estaban intactas. Las volvió a cerrar y fue a asegurarse que todo lo que conectara con el exterior estuviera bien cerrado también.
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Redención
FanfictionIchimatsu ha caído bajo, muy, muy bajo. Solo la bondad de un sacerdote lo ayudará a redimirse de todo lo que ha hecho, el problema será que su pasado no dejará de perseguirlo. Literalmente.