Con la punta de mi bolígrafo golpeaba mi cuaderno, mientras ponía atención a la profesora.
Llevaba ya una hora aquí y ella no paraba de hablar.
¿Y Brooke? No la había visto desde que llegué aquí, tengo que buscarla, mandarle mensaje o algo. Disimuladamente miré a mi alrededor y la mayoría solo miraba algún punto fijo, uno que otro hacía esfuerzo por poner atención, como Gleen.
Evan sólo miraba algún punto muerto, estaba frente a mí, no podía notar sí lo veía o no.No me había puesto a pensar en su físico, es más no me había centrado en eso.
Los hermanos Ford: Jane era una versión femenina de Evan y Blake, ¿como serían sus padres? ¿Ellos también serán...?
- ¡Anderson!- Agité mi cabeza levemente y mire a la profesora. <<Sí las miradas mataran ambas ya estaríamos tres metros bajo tierra>>
- ¿Sí?- Sonreí sarcásticamente.
- Puedes decirme, ¿de que está tratando la clase?-Me miró desafiante. Todos observaban la escena detenidamente, incluso Evan.
Sonreí de lado.- Filosofía.
- Bien, siga poniendo atención.- Suspiró. Sonreí triunfal y miré como Evan también lo hacía mientras negaba levemente con la cabeza y se giraba de nuevo.
Gleen me susurró un "Felicidades" lo que provocó que mi ego aumentara.
Todos dejamos escapar un suspiro de alivio cuando la campana de la escuela indicaba por terminada aquella clase.
Tomé mis cosas lista para salir.- ¡Amber!- Dijo Gleen.
- ¿Qué pasó?- Caminaba por los pasillos con Gleen a mi lado.
- ¿Quieres ir a la cafetería juntos?- Sonrió nervioso.
- Claro.- Sonreí.
Saqué mi celular para llamarle a Brooke.
- Tengo que llamarle a alguien, ve a comprar y ahorita te alcanzo, ¿vale?
Agitó la cabeza y susurró un "de acuerdo". Caminé a un lugar más vacío y llamé.
1... 2... y buzón. <<Vamos, Brooke>>
El segundo y tercer intento fueron iguales, todos me mandaban a buzón.
Suspiré cansada y cerré los ojos por un momento.Un sonido proveniente de los árboles gigantes y frondosos que tenia a mi lado me hizo abrir los ojos, caminé lentamente para observar qué era.
Asomé mi cabeza por un lado, fruncí el ceño al ver que era Evan compartiendo saliva con Natasha. Se besaban tan apasionadamente que ella soltó un gemido cuando él apretó su trasero.
Sentí una pequeña vibración que se volvió constantemente más fuerte acompañado con mi tono de teléfono, haciéndome sobresaltar. Evan abrió un ojo y me guiñó, puse los ojos en blanco y contesté.
- ¿Donde estás? Te he estado buscando por toda la escuela y nada.- La preocupada pero disimulada voz de Gleen habló.
- Estoy enfrente de los baños, junto a los árboles. Ya voy, te veo en la cafetería.
Caminé de regreso, esquivando a todos los estudiantes que se ponían en mi camino, llegué a donde estaba antes. Miré por todos lados para asegurarme de que vendría, pero nada.
A mi espalda escuché unos susurros que no logré entender bien, de pronto la gente empezó a correr a un lugar específico.Iban a fuera, mi curiosidad caminó con ellos, encontrándome con un mar de estudiantes más que estaban rodeando algo. Quería saber qué sucedía, así que comencé a abrirme paso entre todos.
Cuándo lo vi con mis propios ojos.- ¡Hijo de puta!- Blake estaba sobre Gleen, el cuál sangraba violentamente de la nariz.
- ¡Suéltame!- Ambos reflejaban odio en sus miradas. Blake le proporcionó un golpe en su quijada.
No me quedaría simplemente a observar como ambos se mataban a golpes.
- ¡Basta!- Grite lo suficientemente alto para que ambos me escucharan, pero fue en vano los dos seguían metidos en su burbuja.
Caminé hasta Blake que seguía sobre Gleen y lo tomé fuerte de su camisa arrojándolo al suelo. Cayó en un golpe sordo, miré a Gleen que estaba a punto de pararse e irse sobre de él.
Me posicione frente a él, obstruyéndole el paso, no se inmutó de mi presencia y me aventó fuerte haciéndome caer al suelo.
- ¡Qué te sucede, imbécil!- Me levanté rápidamente del suelo y caminé de nuevo hasta Gleen. Repetí la misma acción que con Blake.
- ¡Ni se te ocurra volverme a tocar!- Lo miré desafiante y por primera vez observé que me miraba preocupado, es como sí se acabara de dar cuenta de lo que estaba pasando.
En ese momento Jane y Evan aparecieron y levantaron a Blake del suelo, quién recién notaba tenía una grande cortada al rededor del pómulo.
- Amber. ¿Vienes?- Los hermanos me miraron esperando una respuesta. Acepté con la cabeza y me fui caminando detrás de ellos.
Ninguno hablaba hasta que llegamos de nuevo a los baños, Blake giro a verme y ya no tenía ningún rasguño, nada, cualquier rastro de golpe había desaparecido.
- ¿¡Qué sucedió!? Sabes perfectamente las reglas.- Jane sonaba molesta.
- ¿¡Y que querías!? ¿¡Que me quedara ahí parado escuchando como insultaba a las personas que más me importan!?- Suspiró molesto.- Para mi eso no tiene "reglas".- Caminó molesto hasta llegar a la salida sin mirar atrás.
- Evan, acompaña a Amber a su casa, aún puede andar por ahí el tipo, su olor sigue impregnado en él.- Corrió a la salida dejándonos con la palabra en la boca.
Miré a Evan que aún miraba por donde se había ido Jane, corrí por el mismo lugar que ella y me fui sin ningún aviso.
Caminaba sin mirar atrás y en el momento escuché como alguien también lo hacía detrás de mi.
- ¿Quieres morir, acaso?
- No tengo opción.- Puse los ojos en blanco y acelere mi paso.
- Mira, no soy muy paciente.- Me tomó fuerte de la muñeca obligando a parar mi paso.- Y estás comenzando a irritarme.- Me pegó contra la pared que había a un lado.
- Entonces no sé porqué sigues aquí.- Acerque mis labios cerca de su rostro.
- Amber, Amber, Amber, sólo eres una niña tonta más.- Sonrió de lado y se acercó más a mi.
Nuestras respiraciones se mezclaban y Evan miraba detenidamente mis labios, aproveché para pasar mi lengua por ellos. Sonreí traviesa, rocé sus labios, puse mis manos en su pecho y lo empujé fuerte.
- Bueno, yo no lo diría de esa manera.- Sonreí sarcasticamente.
- Yo también puedo jugar de esa manera, no me conoces y te puedes quemar.- Con eso último terminamos caminando en silencio.
No sé en que diablos me estoy metiendo, pero está siendo divertido, aunque sé que ellos nunca me lastimarían.
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Sin Memoria
VampireCada ángel nació para complementar un demonio. Cada demonio necesita un poco de bondad en sus vidas. Se llama destino.