Rose había dormido plácidamente durante su viaje a Londres por lo que su visión de la ciudad cambió de forma radical al dejar las lujosas mansiones del centro para ver casas y edificios ruinosos donde se encontraba la casa de acogida para niños y niñas que el grupo de damas lideradas por la duquesa viuda patrocinaban. Si en algún momento se quejó de los olores desagradables que podían colarse por alguna ventana en su dormitorio se prometió nunca más hacerlo, los olores se multiplicaban en esta zona. Las personas lucían ropas viejas y sucias, ella había buscado entre todo su guardarropa un vestido de mañana verde claro sencillo pero desentonaba tanto con lo que veía. Una mujer llevaba de la mano a un niño ambos en extrema delgadez y pensó en el abundante desayuno que había tomado.
- Rose te encuentras bien?
Enma la miraba preocupada.
- Si no te sientes bien podríamos volver.
- No, no por favor. Perdona Enma yo... Creo que no pensé mucho en todo lo que implicaba venir aquí, pero no deseo regresar. Quiero ayudar.
Enma parecía indecisa pero terminó por confiar y continuaron el viaje.
Rose se pasó el resto del camino mirando por la ventana deseando conocer aquella realidad paralela a su protegida vida llena de paseos, bailes, óperas, salones de té, visitas a la modista y conversaciones sin sentido. Sabía que ésta parte de la ciudad no era la peor de la ciudad, siempre supo de los alrededores peligrosos de Londres y nunca hubiera visitado esa parte de la ciudad si no fuera por Enma pero existían personas sobreviviendo allí. Quién las protegía? Cómo lograban cambiar su destino? Había alguna esperanza para ellos?
Al llegar a su destino Enma tomo su mano y la apretó dándole ánimos.
- Gracias por traerme aquí. Dijo Rose.
Una sonrisa se dibujó en el bello rostro de su amiga.
- Vamos si la duquesa llegó antes que nosotras estamos en problemas.
Una deslustrada mansión les dio la bienvenida era fácil imaginarla en mejores épocas se podía intuir que acabó atrapada en el crecimiento de la ciudad y fue abandonada por sus dueños. Una muralla había sido construida alrededor se imaginaba para ayudar con la seguridad y existía césped suficiente para dejar correr a los niños.
En lo alto de la escalinata esperaba una mujer de unos cincuenta años que se iluminó con una sonrisa al ver a Enma.
- Es una alegría verla milady.
- Una alegría para mí verte Mari. Te presento a Lady Rose, ha sido presentada a la duquesa y le ha dado su consentimiento para ser parte de nuestro grupo. Rose te presento a la señora Mari Jones es la encargada de la casa, la mejor ama de llaves. Si supiera que ella aceptaría y mi conciencia lo permitiera la llevaría conmigo.
- Un placer conocerla señora Jones y agradezco el haber dedicado algo de su valioso tiempo para recibirnos.
Rose sabía de la importancia del personal de una casa si la señora Jones tenía que administrar una casa para casi cien niños además del personal se trataba entonces de alguien valioso.
Con sonrisas ingresaron juntas por fin a la casa y el ambiente que encontró era un cambio agradable y bienvenido. El olor a limpio, el orden del lugar aunque sin lujos era sin dudas un ejemplo de la capacidad de la señora Jones. Si el resto del lugar estaba en las mismas condiciones los niños y niñas estaban sin lugar a dudas en el mejor lugar para vivir.
- Lady Grace está esperándolas en su despacho no pudo esperarlas personalmente pues está ultimando los detalles del día. Hoy es un día muy importante aquí Lady Rose, los niños y niñas han preparado un pequeño evento para mostrar sus logros a las damas patrocinadoras. Todos están entusiasmados.
- No lo sabía espero mi visita no entorpezca los preparativos. Enma no me dijiste nada.
- Tranquila querida quisimos invitarte justo para esta fecha. Además si conozco a Grace en estos momentos todo estará coordinado aunque ella puede seguir revisando sus listas de cosas por hacer.
El despacho era una sala amplia bien iluminada por las amplias ventanas por las que se podía ver un jardín precioso. En el centro se encontraba un inmenso escritorio de madera antigua con hermosas patas talladas ,definitivamente era una antigüedad que se adquirió con la casa, en el se encontraba una mujer joven con anteojos y que al verlas se puso de pie y salió a su encuentro.
- Enma gracias por venir, debo decir que temí que ese marido tuyo te prohibiera venir en tu estado.
Con un abrazo que hablaba de una amistad de años Enma y quien suponía era Lady Grace se saludaron. -¿Es ella Lady Rose?
- Sí, Rose te presento a Lady Grace condesa de Desmond y administradora de la casa de acogida. Grace te presento a Lady Rose Hamilton hermana del conde de Arundel. Es nuestra invitada hoy pero te aseguro que la duquesa la tiene en la mira para hacerla parte de nosotras como patrocinadora.
- Un placer conocerla Lady Grace. Gracias por permitirme ser parte de este día especial en la casa hogar.
Rose hizo una reverencia y esperó su rostro no mostrara la sorpresa que sentía al tener ante ella a la condesa que había sido el centro de atención en la fiesta de caridad de Enma cuando su esposo el conde de regreso después de años fuera del país había sido dejado solo en la pista de baile luego que ella le diera un pisotón tan fuerte que el tuvo que soltarla y ella se fue del brazo de un caballero a la sala de refrigerios.
- Ya veo porqué la duquesa la tiene en la mira Lady Rose, apenas y mostró indicios de reconocerme. Admiro su cara de póquer yo nunca he podido enmascarar mis emociones así de bien. Por favor tomen asiento. Estoy segura el té estará aquí dentro de poco.
En ese momento la puerta se abrió y la duquesa viuda de Rickford apareció acompañada de un caballero guapísimo con el que reía muy confiadamente. Todas se levantaron para saludarla con las reverencias correspondientes y Rose fue presentada al marqués de Bristol, un hombre de impecables y finísimos modales, la ropa hecha a la medida y a la última moda y con talento para la arquitectura. En esos momentos se encontraba mostrando en el escritorio que había sido desocupado unos planos de lo que sería una nueva casa hogar.
- Es magnífica, has pensado en todo. No hay duda alguna que es lo que necesitamos.
Lady Grace sonreía encantada, Enma parecía no entender los planos, la duquesa miraba con ojo crítico una área en particular y Rose no podía hacer otra cosa que admirar el trabajo hecho por el guapo marqués quien esperaba ansioso las siguientes opiniones.
- Sí; creo que has hecho un trabajo encomiable Harry, puedo imaginarme las horas y días de trabajo invertidos. Tenías este talento bien guardado. No voy a mentirte creí que tendríamos que pedir a alguien más para pulir lo que tú bienintencionadamente hubieras plasmado en tus planos.
Como siempre la duquesa mostraba su franqueza. A pesar de la amabilidad con la que habían llegado al momento de entregar los planos para su revisión se pusieron serios. Sin embargo ahora una sonrisa asomaba ante las palabras de la duquesa.
- Agradezco la franqueza, permítame decir que estudié en Oxford pero como imaginará no estaría bien visto si mi talento fuera mostrado como trabajo. Un hombre de mi posición no trabaja milady, un conde puede mostrar su apego a la arquitectura cono mero pasatiempo pero utilizarlo u obtener una contraprestación económica no podrías ser posible, sería mi ruina.
El marqués puso énfasis en lo último pero su sonrisa desmentía una preocupación real.
- ¿Tiene algún comentario Lady Rose? — preguntó la duquesa.
- Los planos son sin duda extraordinarios, hace tres años uno de los últimos proyectos de mi padre fue la remodelación del ala oeste de la mansión familiar, al mostrarme los planos originales debo decir que quedé impresionada y confusa. Mi padre pidió al encargado de la remodelación me explicara los planos y debo decir que los que tengo ante mí ahora son profesionales. Lo que me preocupa si me permiten preguntar es ¿de dónde sacarán los fondos para tamaña remodelación? Es un proyecto muy grande. ¿Esperan ampliar al doble la capacidad de la casa de acogida o me equivoco?
- Me gusta cómo piensa Lady Rose ve la belleza de los planos y del proyecto en general pero es realista y ya está analizando los costos. Será una gran adición a nuestro grupo de patrocinadoras. Tomemos asiento y permítanos le expliquemos un poco mejor la forma en cómo funciona esta casa de acogida.
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Casi perfecta
Historical FictionLord Stephen Rickford duque de Sunderland ha regresado a Londres después de dos años viajando en el continente, al llegar se da con la sorpresa que de sus dos grandes amigos uno esta felizmente casado y el otro a punto de hacerlo,aunque este último...
