Los primeros pasos

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— 1,2,3,4... 1,2,3,4
— Dazai kun creo que tienes dos pies izquierdos.

—Mejor guarde silencio Mori san, hace que pierda mi concentración — Osamu llevaba casi cinco horas intentando bailar, para su próxima misión tenían que infiltrarse en un baile, pero el ejecutivo en su vida había tenido la intención de presentarse a un lugar con tanta gente odiosa, por eso, siguiendo su lógica, no necesitaba aprender a bailar... O eso creía.

— Es suficiente por hoy, de plano no podrás dar un paso sin pisar alguien a tu alrededor, ve a tu habitación y planea que harás para evitarlo.

El suicida cuando salió del salón donde su tutor le había estado martirizando comenzó a intentar bailar con una pareja imaginaria.

— No soy tan malo, simplemente llevo mi propio ritmo — esa fue la excusa que el chico se dio todo el día, no era su culpa.

Mientras danzaba y daba giros en los pasillos del cuartel, los demás miembros de la mafia no tenían el valor de dejar su mirada en este mas de unos segundos, incluso en esa situación imponía, aunque siempre existía una persona que salía de sus parámetros.

— ¿Estas pisando cucarachas?— esa ronca voz que tan bien conocía hizo eco en el lugar, algunos hombres se quedaron asombrados al ver como alguien se atrevía a decir eso, pero mayor fue su sorpresa al ver la sonrisa de Dazai al identificar al dueño de esas palabras.

— ¡Odasaku!, no te rías de mi, si por mi fuera dejaría esta tontería.

— Ya...pero tu orgullo te impide decir algo en contra, siendo serios, ¿Qué se supone que estabas haciendo?

— Bailando, ya sabes moverte con el 1,2,3,4; vuelta y esas cosas — ambos comenzaron a caminar uno a lado del otro mientras hablaban.

Desde aquella ocasión en la enfermería se encontraban de vez en cuando, charlaban, bromeaban o simplemente se hacían compañía mientras leía.

Salieron de las instalaciones de la mafia para tener algo mas de intimidad, sus charlas y encuentros no eran un secreto pero si causaban cierta controversia incomoda.

— ¿¡En verdad sabes bailar Odasaku?! — el grito que el joven dejo salir al escuchar esa noticia había sido demasiado escandaloso, después de todo, con los serio y retraído que era, jamas pensó que sabría hacer algo así.

— Siendo mas joven era un asesino a sueldo y tuve que aprender para entrar encubierto...no es la gran cosa, son pasos que aprendes de memoria.

— Entonces... ¡Enseñame!

Habían pasado dos días desde que Osamu le había "pedido" aquel favor, se reunían en uno de los gimnasios bajo el cuidado de la mafia y el pelirrojo ya se golpeaba la cabeza arrepentido.
Las razones eran muchas. Le pisaban, le golpeaban, le regañaban y por no decir lo ridículo que el mayor se sentía al ver que Dazai intentaba darle vueltas o cargarlo como si fuera una chica.

— Dazai, creo que deberíamos cambiar un poco la dinámica, simplemente piensa lo, aún si aprendes el modo de moverme a mi, una mujer es diferente, deja que yo lleve el ritmo.

El azabache no respondió pero le miró con seriedad, parecía que analizaba todas las posibilidades que tenía.

Le quedaban tres días para aprender, ni muerto volvería con Mori y mucho menos recurría a Kouyou.

— Saltar de un puente no es una opción, ¿cierto?

— Sabes que mientras estés conmigo tus manías deben ser frenadas

— Ya, bueno, entonces estoy a tu cuidado, pero como abuses de el privilegio que te daré de tocarme, es mejor te prepares para despertar en una tina con hielos y sin un riñón.

Tras esa amenaza ambos comenzaron su nuevo "entrenamiento", Oda tenía el talento para guiar al joven inexperto, era claro en un inicio que la situación tenía alerta a Dazai pero conforme pasaban las canciones y entraba en confianza su cuerpo comenzó a soltarse y ambos terminaron bailando una rara combinación de salsa y tango, literalmente habían pasado casi por todos los géneros musicales.

Era casi media noche cuando se dejaron caer en el frío piso de simulación de madera mientras reían agitados.

— Eso ha sido muy divertido, debiste haber visto tu cara mientras rodabas como un panda en esa canción de break dance.

— Si se trata de reír, sería de ti dando vueltas como bailarina de ballet, ahora que lo pienso no se por que no tomé una foto.

— Por que a diferencia de mi, tú valoras tu vida Odasaku, de saber que era así de divertido te hubiera pedido me enseñaras mucho antes.

Ninguno de los dos dijo algo más, en un silencio agradable salieron del local, por el frío Sakunosuke le prestó su chamarra de pluma y Dazai parecía un oso, fue algo ridículo para ambos, y una vez en los departamento de la mafia se despidieron con un simple "hasta luego". Sin embargo Dazai tenía un plan previsto.

El día lunes hacía bastante frío en Yokohama, incluso había nieve en el lugar, Odasaku había sido llamado por el jefe y la verdad, era algo que no solía pasar, al ingresar por los filtros de seguridad se quedó lo mas cercano a la puerta.

— Oda kun, me alegra hayas aceptado venir, tengo un trabajo para ti, no es nada del otro mundo, simplemente ser un guardaespaldas.

— No tengo ningún problema, ¿A quién deberé cuidar?

Justo cuando la frase del pelirrojo quedo en el aire, el sonido de unos zapatos de tacón resonó en la habitación, se escuchaban de detrás de una puerta a la derecha del líder.

Cuándo el pedazo de madera fina se abrió, se dejo ver la silueta de una hermosa " chica", piernas largas y esbeltas, cadera ancha y cintura delicada, senos considerables y una cascada de cabello obscuro rizado que llegaba a la altura del pecho.

— ¡Oda Sakunosuke!, espero entiendas que esta chica no necesita que la protejan, pero si que le hagan mover el cuerpo....¿Eh? Odasaku...

Oda se había quedado con la boca abierta, parecía ido, embobado... Embrujado.

En uno de los hoteles mas famosos de Yokohama se celebraban los 60 años de un contrabandista desertor de la mafia, todos bailaban, comían y bebían; entre las parejas en la pista de baile se encontraba un chico pelirrojo y una joven que contenta se había acurrucado en su pecho mientras se dejaba llevar.

— Me sorprendiste, aunque viniendo de ti, debí haberlo imaginado — el mayor susurro contra su cuerpo sólo para que su compañera le escuchara.

— Quería que fuera una sorpresa, y ahora tendrás tres regalos más...

— Tengo interés por saber cuales son Dazai

— La primera, serás testigo de por que soy un ejecutivo... Y uno de los mejores — la mano del pelirrojo apretó la cintura del joven en modo de queja — Estaré bien, calma...lo segundo, cuando estemos solos llámame Osamu

— Y ¿Cuál es la tercera?

Una sonrisa juguetona se posó en los labios del ejecutivo, subió su mano a los cabellos del mayor, aparto su rostro para que se enfrentarán sus miradas, el cielo contra el chocolate, y en un firme movimiento le atrajo a su cuerpo uniendo sus labios en un "inocente beso".

— Que Mori mintió, no viniste como guardaespaldas, sino como mi esposo, bueno cielo, es momento de que esta nena trabaje — cuando Osamu se alejo del recadero el pelirrojo le llamó por su nombre y habló.

— Ve con cuidado cariño... Cuándo termines te llevaré a un lugar especial.

Dazai le sonrió con complicidad y moviendo las caderas se despidió para cumplir su misión.

Esa noche congelada, Osamu visitó por primera vez el Lupin, donde dejo en claro tras unos alcoholes encima, que andar en tacones era un infierno, bailó salsa con un gato y declaró que Odasaku había sido su mejor beso.

La primera vezHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora