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capítulo seis NICKNAMES ( en memoria de stan lee ) - - - - - - - - - - - - - - - - -
Rodeé los ojos y suspiré. Tarde o temprano vendría a molestar, pero lo que menos esperaba era que viniera hasta aquí ¿Tanta casualidad? ¿En serio?
—¿Puedo tomar tu pedido?
—Espero a mis acompañantes—notificó—. Vuelve en un rato pequeña.
—¿Pequeña?—reí cínica—. ¿Cuántos apodos más vas a ponerme?
—Hasta que se me acaben—sacó un cigarrillo y se lo colocó entre los labios—. Ahora que lo pienso el de ingenua te pega muy bien.
—Está prohibido fumar aquí.
—¿Qué vas a hacerme?
—Te echarán de aquí supongo.
—¿Quienes? Por lo que veo estas sola—sonrió desafiante y comenzó a buscar entre sus bolsillos, seguramente un encendedor—. Y que bueno porque eso de romper las reglas me gusta mucho.
Resoplé y deje que mis codos se apoyaran en la barra en la que se encontraba, mientras me acercaba a él con cautela. Mis dedos índice y mayor tomaron el objeto apagado que se mantenía en sus labios.
—No lo haz hecho, Carmel—canturreó.
Aleje el cigarrillo separando la distancia que intentaba acortar y negué con la cabeza en una expresión divertida. Maldijo por lo bajo ya que me encontraba detrás de la barra y él entre los taburetes. Tenía prohibido el acceso aquí.
—Que lento eres, California.
Fijó su mirada en el suelo como si pensara y luego dirigió la vista por todas las mesas, solo había un hombre leyendo el periódico.
—No por mucho.
Cruzó el mueble que nos separaba y comenzó a acercarse hasta a mí, de a ratos mirando que el cliente anciano no viera la escena. Seguramente tenía miedo de que pensara que me estaba robando.
—Te meterás en problemas, Hargrove—canturree como él había hecho antes, y seguí mi camino en reversa.
—Soy un experto en eso, nena—susurró tomándome la cintura—. Devuélvelo.
—¿De qué hablas?—pregunté incrédula y ocultando lo que buscaba detrás de mi espalda.
—Tú te meterás en problemas—aseguró, tirando de mí hasta dejarme contra el mueble que momentos antes nos dividía—. ¿Dónde lo tienes, eh?
Mi respiración se aceleró, parecíamos locos y ante esta escena lucia como si él fuera un policía que examinaba a una sospechosa.
Sus manos recorrían cada parte del delantal a rayas y cuando metió sus manos en los bolsillos delanteros, reí nerviosa y entrecortadamente.