Había bastado un mes para que las cosas se "calmaran", pero eso no quitaba el hecho de que la sorpresa para todos surgiera desde que Carol difundiera lo que había sucedido en el hospital.
Al parecer su abuela estaba en urgencias aquel día, y como lo bien chismosa que era, escuchó mi voz junto a la del californiano una vez que entramos allí; y luego de eso ahogó su risa para al otro día promocionar mi sexualidad como si fuera a morirse si no lo hiciera.
Me daba gracia e ironía pensar en que de boca en boca se notificarán todos de ello, es decir ¿Qué tenía de malo que yo lo hiciera con alguien? ¿Me convertía en mejor persona por tener relaciones?
Era estúpido. Ellos lo hacían y nadie se metía a opinar pero cuando la virgen del curso lo hacía era la noticia del año. Y cada vez estaba más segura que meterse en la vida de los demás les salía mucho mejor que interesarse por sus propios problemas.
Sin dejar de pasar la aguja por la tela pensé en aquella charla que tuve con Steve ante todo esto.
Sucedió esta tarde, mientras caminábamos a la par hasta la salida de la escuela con una expresión de alivio que solo nos animaba un poco más. Obviamente más a Steve, porque yo solo quería escabullirme al ver que no dejaban de mirarnos.
Seguramente susurraban que ya estábamos acostándonos, cuando no tenían idea de nada.
—Que no te afecten—habló mi amigo—. Ya no tendrás que verlos luego.
—No sabes cuánto espero que llegue ese día—suspiré desganada—. Ya no lo soporto, no sé cómo evitarlo.
—Son unos idiotas—respondió—. No haz hecho nada malo, sólo tienen el cerebro en forma de maní.
Salíamos de la escuela con las mochilas cargadas en nuestros hombros observando al manojo de gente que rodeaba la pared en la que se colocaban folletos. Entre nosotros pasamos miradas confundidas y al ver que el grupo se disolvía nos adelantamos a admirar lo que llamaba atención.
"BRYANNE MARTIN, ZORRA DE HAWKINS"
Mentiría si dijera que estaba a nada de derrumbarme en el hombro de mi amigo, quería que pararan pero cada vez más me querían hacer ver esto como una costumbre.
Steve arrancó el papel destrozándolo por completo mientras negaba con la cabeza, antes de buscar con la mirada a cualquier persona que delatara haber colocado dicho papel.