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capítulo catorce THAT VIOLENT BLUE CAR - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
El cieloestá a nada de completar su tarea de amanecer, con colores tan rosas y violáceos que ofrecen una vista sumamente hermosa y difícil de apartar. Es lo único bello que pude encontrar luego de terminar esta noche caótica.
Tal vez significaba que no todo estaba perdido y además–como si fuera una señal de alivio–las luces que parpadearon incesantemente hace ya horas sólo me hicieron pensar que, con suerte, Eleven lo había logrado y ya terminaba la pesadilla.
Nunca había visto la casa de mi tía tan destruída, y eso que no es sorpresa que termine siendo la que más "heridas de batalla" se lleve. Luego de Steve, obviamente.
Pero hoy estaba agregada yo a esa particular definición, o para ser más específica toda la palma de mi mano. Y aunque suene trillado y horrorosamente dramático, estaba segura de que mi corazón también se llevaba la herida y no fue gracias a nadie más que el californiano más conocido de este pueblucho desolado.
Rodeé la venda de textura áspera alrededor de mi palma llena de orificios–ya sin los pequeños cristales–y rogué que lo horrible dejara de proyectarse en mi mente como si de una telenovela que resumía mi vida, y yo fuera su principal espectadora, se tratara.
Refunfuñando un poco tomé con cuidado la bolsa de consorcio oscura que llevaba dentro todo el desastre posible y capaz de tirar, o mejor dicho todo lo que rompió el querido Billy. Y una vez fuera ni una brisa horrible, como las que se presentaron durante la semana, invadió mi salida algo que me hizo sonreír un poco pero no tanto como los dos coches que venían a la par.
Estaría mintiendo si dijera que estaba a nada de soltar lágrimas de felicidad al ver a la mayoría de mis acompañantes. Pero supe que era algo inevitable cuando descubrí entre todos al sabio Will.
—Estás...bien—solté con una gran sonrisa al agacharme a su altura para mirarlo de cerca.
La zona de ojeras en su rostro mantenía tonalidades rosáceas mientras que su piel tan pálida solo portaba ese único color y sus labios apenas tenían sangre circulando en ellos. Se veía exhausto.
—Y tú—susurró en una débil sonrisa.
Bese su mejilla soltando un suspiro lleno de felicidad acumulada y rodeé su diminuta espalda entre mis brazos.
—Me vas a asfixiar Brynn—se quejó entre risas.
Habían veces que creía que dar mucho afecto podía llegar a ser un arrepentimiento luego, y confirmaba mi teoría luego de lo ocurrido con Billy; pero no creo ser la única que haría lo que fuera por darle todo el amor a una persona que luchó tanto como mi pequeño primo.