Capítulo 14.

331 22 3
                                        

Habían pasado dos semanas desde que pasé la noche en casa de los Evans, dos semanas desde que estaba castigada sin poder salir de casa.

Muy temprano por la mañana, Abraham saltó por mí ventana y me raptó. No había salido la luz del sol para ese momento, no le importó que estuviera en pijama ni mis quejas por dejarme dormir más tiempo. Simplemente cogió una manta, me cubrió con ella, me sostuvo como princesa y saltó por la ventana.

Me dejó dormir camino a su casa y luego tomar una ducha, había conseguido algo de ropa para mí. Me sorprendió que fuera algo para hacer ejercicio, sabe que odio hacer ejercicio.

Durante todo ese tiempo, contando el desayuno, no quiso responder nada sobre porqué la inesperada visita. Algo de todo esto me daba una increíblemente mala sensación, tanto así, que no pude comer.

Ahora estoy tumbada en su cama, mirando por el ventanal el cielo gris y lleno de nubes que se alza, cuando entró, me senté a mirarlo.

–¿Ya me dirás de qué se trata todo esto?

–¿A qué te refieres con "todo esto"?

Bufé. –Entraste a mi casa antes de que el sol saliera siquiera, me raptaste, me traes aquí a dormir, bañarme, desayunar y encima tengo ropa deportiva. ¡Sabes que odio el ejercicio! Y todo esto debe tener una razón así que deja de ocultármela.

–Kacey...

Me dejé caer de nuevo. –No quiero que alguien muera, no quiero estar presente, no puedo con todo esto.

Se sentó a mí lado y besó mi mano. –Se que no es fácil y odio tener que hacer las cosas de esta forma, pero no tengo opción.

–¿Por qué no simplemente le damos mi sangre? –Me miró, horrorizado. –No me mal entiendas, no me refiero a irme con él ni nada, solo a darle sangre. Es lo que quiere, ¿no?

–Odié la idea, pero Mike se lo ofreció.

Lo miré. –¿Cómo? ¿Cuándo?

–Estuve cazándolo toda la noche, cuando supe donde estaba, Mike fue allí. El plan era sólo intentar saber el número de sus filas, pero terminó intentando hacer un trato con él.

–¿Y qué dijo?

–Que una muestra no le basta, que te quiere a ti, viva.

–Eso quiere decir que es inevitable. –Asintió. –Eso quiere decir, también, que pelearán hoy y esa es la razón para todo esto.

–Quiero que, en caso de ser necesario, corras con todas tus fuerzas hasta volver aquí. –Se levantó, tomó una mochila del piso y la puso frente a mí. –Estará esperándote alguien, no sueltes esta mochila por nada del mundo, ¿entiendes? Dentro está lo necesario para que puedas sobrevivir lejos de todo esto.

Lo miré incrédula, sin saber que se supone que debía decir. –¿Y ustedes? ¿Mi familia?

–Tranquila, cariño, hablamos de un caso hipotético.

–Eso no responde nada.

Me miró. –Nada de eso es importante. Lo único que deberá importarte es correr hasta aquí y sobrevivir.

Lo empujé un poco, resignada, asustada, tuve que darle la espalda para intentar respirar. –¿Por qué? ¿Por qué supones que perderán y haces todo esto?

–Lo único que me importa es que sobrevivas.

–No hagas eso.

–¿Qué cosa?

–Hablar como si ustedes no lo fueran a hacer.

Me rodeó con sus brazos y me acercó a su pecho. –Lo vamos a hacer, todos vamos a sobrevivir y a volver aquí juntos. Sólo quiero estar seguro de que estarás bien.

Peligro. |TERMINADA|Donde viven las historias. Descúbrelo ahora