El tiempo a veces corre más rápido que de costumbre, en especial cuando no tengo tiempo de encerrarme dentro de mis pensamientos.
Han pasado dos meses desde el día que Félix amenazó con hacerme suya, dos meses desde la última vez que vi a Daisy y dos meses desde que estoy castigada sin poder salir, sólo puedo ir de la casa a la escuela y de regreso.
Desde entonces Jacob viene todas las noches a desearme dulces sueños, en los días malos, cuando no puedo parar de llorar, se queda a dormir conmigo y Abraham no me deja sola para nada, a veces creo que tiene miedo de que vuelva a herirme pero otras creo que sólo quiere estar conmigo, sin ninguna intención oculta.
Los días que se ocupa demasiado en los asuntos del clan, Ethan o Zed, a veces ambos, vienen a verme. Me ayudan a no pensar en lo que ya pasó y hacen que me sienta mejor.
Es imposible aburrirse cuando ellos están a mi alrededor, me hacen reír tanto con sus locuras que tengo que fingir ver tv cuando mis hermanos suben a ver porqué me río tanto.
Pasar tanto tiempo con ellos me ayuda a superar poco a poco la muerte de Nick, la culpa también desaparece conforme pasa el tiempo. Hablé mucho con ellos los primeros días, siempre con el fin de hacerme entender que la culpa nunca fue mía.
Mañana es el cumpleaños de Dulce, mis padres quieren hacerle una pequeña celebración porque cumple tres años, por esto salieron desde muy temprano junto a Luis, irían a comprar algunas cosas para el festejo y a conseguir los regalos para ella. Jason y yo nos quedamos en casa, yo para cuidar de ella y él, aunque lo negaran, para cuidar que yo no incumpla con el castigo.
Cuidar de Dulce es bastante sencillo, después del desayuno se entretuvo cerca de 1 hora intentando imitar a una chica que salió en la tv haciendo yoga. Cuando Jason quiso poner otra cosa, lloro hasta que volvió a ponerle en ese canal.
Ahora me encuentro en el jardín, viendo como Dulce corre intentando atrapar a un colibrí que pasó por allí, tuve que atraparla antes de que lo persiguiera hacia la calle y la senté junto a mí en el pasto.
-¡Jason! -Asomó la cabeza por la ventana de la sala de estar y sonrió. -¿Quieres jugar a la pelota con Dulce y conmigo?
-Ahora voy.
Sonreí. -Trae la pelota roja, por favor.
Dulce rió y aplaudió cuando vio a Jason venir con la pelota llamativa en sus manos, de las pelotas que tiene sin duda esta es su favorita por alguna razón.
Nos sentamos en un círculo para lanzarnos la pelota con la intención de enseñarle a Dulce como se hace, después de un rato logró lanzarla aunque seguía siendo difícil para ella atraparla.
El día no es muy bueno, ha estado nublado y con fríos vientos y no parece que pronto vaya a salir el sol, intenté meter a Dulce para que no cogiera un resfriado pero se negó, parecía estar contenta con el clima. Supongo que el hecho de que sea su cumpleaños pinta todo de arcoiris para ella.
Decidí no entrar aún, después de todo, nunca ha sido niña de ver tv, se aburre con facilidad y termina por correr por todos lados.
-Jason, puedes ir por un suéter para Dulce y para mí, por favor.
Asintió mientras se levantaba. -Claro, no tardo.
-De paso te pones uno tú también.
-Sí.
-Gracias, enano.
Se giró a mirarme con falsa indignación y rió. -¡Creceré más que tú!
-¡Mentira! -Grité de vuelta antes de que entrara a la casa, tal vez aquello sea verdad pero no quiero matar mis propias esperanzas sobre crecer un poco más, soy algo baja para mi edad y no pienso conformarme con esa estatura.
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Peligro. |TERMINADA|
Vampiri"-Eres especial, Kacey. -Su dedo recorrió el camino que mi vena palpitante hacía. -Por aquí corre algo muy especial que necesito. Voy a ganarte en la pelea, Kacey Maxsen y vas a pertenecerme." "-No podrás escapar, corre todo lo que quieras, vendrás...
