Un año después...
-Erik Pettersson, ¿quieres recibir a Diana Costa, como esposa, y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y, así, amarla y respetarla todos los días de tu vida? -pregunta el padre, mirando a Erik.
-Si, quiero. -responde mirándome a los ojos.
Diana Costa, ¿quieres recibir a Erik Pettersson, como esposo, y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y, así, amarle y respetarle todos los días de tu vida?
-Si, quiero. -murmuro sonriendo.
El padre hace una señal para que acerquen los anillos. Alice viene sonriendo y nos da los anillos, uno a cada uno. Le sonrío y ella me guiña un ojo.
Erik coloca el anillo en mi dedo anular con una sonrisa y yo sonrío también con lágrimas en los ojos.
-Diana, Recibe este anillo como signo de mi amor y de que siempre te seré fiel.
Yo le pongo el anillo mientras digo:
-Erik, recibe este anillo como signo de mi amor y de que siempre te seré fiel.
-Lo que Dios ha unido que el hombre no lo separe. Yo os declaro marido y mujer. -dice el padre.
-Por fin, por Dios. -susurra Erik, atrayéndome a él para besarme los labios.
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Cuatro años después...
-¡Anton, Alexander! -grita Erik desde la habitación.
Las risas de mis hijos se escuchan cada vez más cerca. Veo a mis dos pequeños de cuatro años y medio corriendo hacia mí y se lanzan encima del sofá riendo a carcajadas.
-Niños. -advierto. -¿Qué le habéis hecho a papá?
-Le hemos recortado las camisetas. -dice Anton sonriendo.
-Por aquí. -dice señalando sus pezones. -Como en la película que vimos el otro día.
-¡Yo me cago en las películas que dicen que son para todos los públicos! -gruñe mi marido entrando por la puerta, con una camisa blanca puesta y con los pezones al aire.
Inevitablemente, suelto una gran carcajada y mis hijos me siguen. Seguro que nos han escuchado en toda Suecia.
-¿Tú también te ríes? -pregunta Erik, con una ceja arqueada.
-Es... es que... -estallo en carcajadas otra vez al ver que el agujero tiene forma de corazón.
-Os vais a enterar.
Corre hacia los niños que sueltan un chillido y se van corriendo hacia el jardín de vuelta. Yo no dejo de reírme en ningún momento. Erik se tumba encima de mí y reparte besos por toda mi cara. Yo me río y lo detengo, besándolo en los labios.
-Eres igual de mala que estos demonios. -susurra en mis labios.
-Estás sexy con los pezones al aire, amor. -digo divertida para luego soltar una carcajada. Él lleva sus manos a mis costillas y empieza a hacerme cosquillas. -¡No!
-Oh, si. -sonríe malévolamente.
Yo me retuerzo debajo de él y llamo a mis hijos para que acudan a mi rescate. Ellos vienen corriendo con unos churros de de espuma con los que aprenden a nadar y empiezan a golpear a su padre.
-¡Suelta a mamá! -grita Alex.
-¡Sueco malo! -ahora Anton.
Yo suelto una carcajada cuando Erik se detiene por lo que ha dicho Anton.
-¿Le has enseñado eso al niño? -pregunta divertido.
-Puede. -canturreo. Él vuelve a hacerme cosquillas.
-¡Papá! Suelta a mamá o le diré a la abuela Cate que no te terminas la comida. -dice Alexander, orgulloso por su idea. Erik me suelta y yo río divertida.
-Toma esa. -susurro.
-Más os vale huir antes de que os meta en el horno a los dos. -dice Erik, saliendo de encima de mí.
Ellos gritan y se van corriendo con Erik corriendo a sus espaldas.
Los amo.
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Hasta aquí "LLÁMAME DEDE". Esta historia la escribí justo después de escribir la historia de "Profesor" y la tenía guardada, dudando continuamente en si empezar a subirla. Me alegro que os haya gustado, que me hayáis escrito sugiriendo cosas o comentando.
En siete horas aproximadamente, subiré otra historia que se llama "No le llames nerd", la cual escribí con ayuda de una amiga. Avisaré por mi perfil cuando la suba, ¡estad pendientes!
Con mucho amor,
Lau:*
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LLÁMAME DEDE ©
RomanceAl finalizar su carrera universitaria, Diana decide irse con sus amigas de viaje a Menorca. Sus objetivos eran pasar unas vacaciones tranquilas, para relajarse después de los exámenes y todo el lío universitarios, pero no será así cuando se encuentr...
