Capítulo 7

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Natalia mantenía su mirada sobre Martha, verla dormir le parecía lo más hermoso que había visto en toda su vida. No podía creer que gracias a Alis, hubiese sufrido tanto y le dolía no haberla conocido antes. Acarició su mejilla y se acercó para rozar sus labios, pero al separarse, percibió como Martha comenzaba a despertarse.

—¿Cómo te encuentras? —le preguntó.

—¿Qué fue lo que pasó? —Martha llevó su mano a la cabeza, aún le daba vueltas.

Natalia la miró angustiada, apartó un mechón de su cabello y sostuvo sus manos—Te desmayaste, tuve que pedirle a tu amigo que te trajera a mi oficina —le explicó. A pesar de que moría por darle un beso en los labios, decidió aguantar sus ganas e intentar calmarla.

—Dime que no eres la hermana de Alis, por favor —suplicó. Se negaba a creer que se fijó en alguien tan cercano a esa persona que le hizo daño.

—No, Camila es una socia mayoritaria de este bar, a mí me pertenece el 45% restante—entrelazó sus dedos con los de Martha—Yo desconocía que tú eras esa joven a la que su hermana estuvo a punto de asesinar. Ahora comprendo por qué esa noche que nos conocimos, no quisiste que pasará nada entre nosotras —comentó.

—¿Conoces toda la historia?—expresó y Natalia asintió—Es mejor que regrese a casa, ¿Dónde están mis amigos? —preguntó.

Martha aún se encontraba algo desorientada, la idea de que Natalia conociera una parte de su pasado, la abrumaba. No estaba segura si ella deseaba seguir con él tonteo que tenían, pues le dolía admitir que se estaba interesando en Natalia más de lo que pensaba.

—Tus amigos, se fueron hace una hora, yo les dije que te llevaría a tu casa—besó su mano—No pienso dejar que te vayas en ese estado, no quiero que te pase algo malo —acarició su mejilla.

Martha se perdió en aquellos ojos miel, aún no podía creer las casualidades de la vida, pero sin importar cuán mal podía sentirse en ese momento, no pudo contener su deseo, rodeó la cintura de Natalia para darle un beso. Un beso que estaba lleno de sensaciones mezcladas. En cambio, Natalia, correspondió a su beso con tantas ansias, con tanto cariño que le quiso transmitir un poco de calma con sus labios, más no estaba dispuesta a dejarla ir por su pasado. Tal vez nunca podría curar esas heridas que Alis, le causó, pero si se esforzara por hacer que ella intentara olvidar y si corría con suerte, podría enamorarla. Ahora que volvía a probar sus labios, estaba segura de que esa jovencita como le decía Camila era capaz de brindarle un amor sincero. Uno que tal vez, ella no conocía, pero que lo tenía muy guardado en su corazón.

—Puede que no me creas, pero te he echado de menos —dijo Natalia, al separarse.

—Llévame a casa, por favor —suplicó y Natalia entrelazó sus manos para sacarla de ese lugar.

Natalia conducía despacio sobre el pavimento, ya que recién comenzaba a lloviznar. Su mente no dejaba de dar vueltas por todo lo que había acontecido en esa noche. Sin embargo, lo que le causa una enorme alegría, fue ver de nuevo a esa jovencita, ¿Qué la habría motivado a ir de nuevo? Pero era consciente, que tal vez la respuesta a esa pregunta, no la obtendría en esos momentos.

—Estaciona aquí, este es el edificio —dijo Martha.

—¿Cuál es tu piso? Con gusto puedo llevarte y asegurarme de que estés bien —expresó.

—No es necesario —ni siquiera la miró.

—Por favor, no quiero que te pase algo—pronunció y Martha asintió.

—Vamos, yo puedo guiarte —expuso. Sin importar las circunstancias, no debía ser tan dura con Natalia, ya que no le había hecho nada malo.

Ambas salieron del auto bajo aquella lluvia torrencial, Martha saludó al vigilante y sin soltar el agarre de Natalia la condujo al elevador, donde permanecieron en silencio hasta llegar a su departamento.

—Que pases una feliz noche —dijo Natalia, con la intención de retirarse.

—Debes cambiarte, tu ropa está empapada —expuso Martha, al rodear su cintura.

No deseaba que ella se marchara, acarició su mejilla y sin avisar, se acercó para besarla. Esa noche, no le importaba que tuviera su cabeza hecha un lío, solo quería dejarse llevar por su corazón. Entre beso y beso, se fueron desvistiendo, mientras que Martha la guiaba a su habitación, no podía creer que aquella mujer con la que se besó por dos horas en el interior de un baño estaba allí, en su casa. La ropa fue cayendo al suelo sin mucho esfuerzo, pero iba haciendo estragos por donde pasaban, ya que cada prenda estaba empapada. Natalia se dejó llevar por esos labios que tanto extraño, quizás mañana Martha no deseaba verla, pero lo único que le importaba en esos momentos, era continuar besando esos labios que la tenían cautivada. Cuando se deshizo de la camisa de Martha, descubrió un par de cicatrices sobre su dorso, abdomen y sus costados e intuyo que aquellas lesiones se las hizo Alis.

—¿Aún te duelen? —preguntó, al delinear aquellas cicatrices con sus dedos, pero Martha negó con la cabeza.

Natalia se inclinó para darle un beso suave, de esos que no pretenden besar tu piel, porque esa la puede besar cualquiera, pero tu alma, muy pocas personas llegan a besarla. Martha se estremeció por aquellos labios suaves, jamás la habían besado de esa forma y comenzaba a gustarle, pero lo que cautivó su corazón, fue la forma en que Natalia la trato. Con cariño, dulzura y respeto como si quisiera sanar esas heridas que fueron infringidas por otra persona. Aquellos besos no estaban cargados de deseo, de ansias o de pasión, solo eran una muestra de cariño que le hacían sentir pequeñas corrientes eléctricas por todo su cuerpo. Natalia repitió el proceso en las otras cicatrices y por un momento, Martha sintió como su cuerpo se elevó por las nubes.

Estaba tan concentrada en la suavidad de aquellos labios, que no se percató cuando Natalia, reclinó su cuerpo sobre la cama, donde continúo besándola. Natalia comenzó a dejar besos húmedos sobre los muslos de Martha y de vez en cuando, paseaba su lengua con mucha sensualidad sobre ellos. Llevaba mucho tiempo deseando recorrer el cuerpo de aquella joven, sentir su sabor, morder su piel, pero no deseaba ir tan rápido, no ahora que comenzaba a ganarse la confianza de Martha. Cuando terminó de besar los pies de Martha, se incorporó para retirarse su pantalón y se perdió en aquel cuerpo semidesnudo. No podía creer que estaba a punto de desaprovechar esa oportunidad de hacerla suya, pero antes de que Martha la pillase admirando su cuerpo, se ubicó a su lado.

—Nadie me había besado de esa manera —expresó Martha, al perderse en esos ojos miel.

—No tienes idea de lo mucho que me gustas —acarició su mejilla.

—¿Quieres quedarte a dormir hoy? —preguntó la chica de ojos verdes, al rodear su cintura.

—No tienes ni que pedírmelo—se desabrochó su sostén, para arrojarlo al suelo—Ahora es tu turno —la alentó.

Martha imitó el gesto, pero cuando retomó su lugar, se vio tentada a besar esos pechos. Sin embargo, desistió de la idea y mejor unió sus labios para continuar besándola. Aunque esa noche no pasó nada entre ellas, ambas disfrutaron de ese intercambio de besos.


Publicado: Wattpad, agosto 15 del 2018

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Los personajes, eventos y sucesos presentados en esta obra son ficticios. Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.

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