Sigo emocionada, sin duda uno de los mejores días de mi vida. El colorido, la música, el vestuario... sin duda David sabe como hacerme feliz, el musical ha sido impresionante.
Al salir del teatro es de noche. Las nueve y media y el cielo está bastante despejado. Después de despedirme de David me toca hacer el trayecto que tantas veces he repetido: diez minutos en autobús y después un trocito andando.
Los diez minutos pasan como sí fueran horas, y el autobús por fin llega a la parada y me bajo.
Recorro el camino que me queda hasta mi casa andando, ensimismada y pensativa, sin importarme nada de lo que pasa a mi alrededor, pero una voz de hombre hace que vuelva al mundo real. Con la mirada busco el cuerpo del que procede esa voz, la esquina del callejón que está a tres calles de mi casa:
-¡Eh, chica! Perdona- Efectivamente, es un hombre de unos cuarenta años, alto, vestido con un chandal oscuro, a penas se le aprecia bien por que es de noche, y aquel no es uno de los lugares más iluminados de la ciudad, pero veo perfectamente como con la mano indica que me acerque a el, tal vez me lo dice a mi por que no hay nadie más en la calle.
Yo obedezco, y al llegar a su altura puedo ver su cara, sus ojos negros, su cabeza rapada:
-¿estás muy ocupada? Perdón por molestarte, ¿te está esperando alguien?-me dice con una voz grave, algo ronca:
-No, no, me iba a casa ya, pero no tengo nada importante que hacer- le contesto, querrá que le indique donde está algún punto de la ciudad, o preguntarme sí conozco a alguien.
-perfecto entonces- responde sonriendo.
Acto seguido sus mano rodea mis muñecas, y con una fuerza brutal me empuja contra un contenedor que hay en el callejón, después la mano que le queda libre va hacia mi pantalón vaquero con la intención de desabrocharlo. Lo consigue. Estoy en estado de shock, y la presión que ejerce sobre mis muñecas hace que me cueste reaccionar. No me puedo creer lo que está sucediendo. Cuando por fin soy consciente de que aquello era una violación consigo reaccionar, y mi rodilla le golpea en la entrepierna. Libera mis muñecas, y con un simple empujón lo aparto de mi camino y salgo corriendo, dejando tras de mi a aquel repugnante hombre retorciéndose de dolor. Solo pienso en correr, llegar a casa y encerrarme, las lágrimas que se acumulan en mis ojos hacen que vea el camino borroso, pero yo sigo corriendo, hasta que al doblar la esquina algo me detiene, mi corazón está a punto de pararse, choco contra un cuerpo, es un chico, también alto, y consigo apreciar que es rubio a pesar de mi visión borrosa.
Me quedo parada, jadeando, mientras las lágrimas siguen brotando de mis ojos y yo me agarro las muñecas que están rojas por la presión:
-Oye, ¿estás bien?- dice el chico mientras me sujeta por los hombros.
Yo no respondo, sigo temblando y sujetándome las muñecas.
Debió de ser por mi pantalón desabrochado o por que aquel chaval era adivino, pero me levantó la cara, y al verla comprendió todo, pálida, empapada por las lágrimas, y mis ojos... Reflejaban el terror, el miedo, el asco.
No sé que me pasó, pero hablé:
-me han intentado violar- dije mirando al chico rubio a los ojos.
- ¿cómo?- se limita a contestar abriendo mucho los ojos.
Después me coge las muñecas, y tras mirarme, cerrar los ojos y suspirar me pide que le acompañe, y yo que continuo en shock lo hago, me subo en un precioso Audi blanco y término en la comisaría, describiendo al hombre del callejón.
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Cuando el olvido se plantea recordar
Teen FictionDespués de un tiempo aquí encerrada, entre estas cuatro paredes blancas, creo que la única manera de no matarme a mi es matar otra cosa: el tiempo. La historia de mis dieciséis cuando el amor me dio la felicidad, la popularidad ¡el dinero! Y también...