Mi mayor traición ❤

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17 de junio de 2012
​Entreabro los ojos, luchando por regresar a una realidad que preferiría fuera una pesadilla. Por un segundo, imagino que despertaré en mi cama, bajo el calor de mis mantas, pero el frío del concreto me golpea. ¿Cuánto tiempo llevo aquí? ¿Cómo estará mi padre? Sus palabras de despedida resuenan en mi cabeza, ahora teñidas de una tristeza infinita.
​Mi cuerpo es un mapa de dolor. Intento ponerme de pie, pero el tirón seco en mi tobillo derecho me recuerda mi condición: la cadena me ancla a la pared, marcando el límite de mi libertad. Tengo sed, el hambre me muerde el estómago, pero lo que más me duele es la comprensión de que cada año de amistad fue solo parte de un guion macabro.
​Un golpe seco en la puerta anuncia la llegada de Carla. Me mira desde arriba, con esa sonrisa de superioridad que ahora la define. Luce impecable, como la modelo que siempre pretendió ser, contrastando con mi miseria.
-La perrita ha despertado. Seguro tienes hambre -dice con un tono falsamente dulce. Saca un sándwich y una botella de agua.
​Desvío la mirada. El miedo me impide aceptar cualquier cosa de sus manos.
-Esto es para ti. ¿No lo quieres? Dilo, perra.
Me mantengo en silencio, lo que parece enfurecerla. Se agacha, enreda sus dedos en mi cabello y me obliga a mirarla a los ojos.
-Yo que tú comería, porque con lo que vas a saber hoy, se te van a quitar las ganas de vivir.
​Lanza el sándwich al suelo mugriento.
-Come -me grita.
-¿Cómo quieres que coma? Tengo las manos atadas -respondo, logrando que suelte una carcajada hiriente.
-Tienes boca, ¿no? Hazlo o pagarás las consecuencias.
-No lo haré.
​Carla se pone de pie con un brillo peligroso en la mirada.
-Tú lo quisiste. Hada, trae el regalo para nuestra querida Wen.
​Hada entra cargando una jaula. Al ver lo que hay dentro, mi sangre se congela. Un grito ahogado escapa de mi garganta.
-No... por favor, no. Carla, detente -suplico.
-Es tu animal preferido, ¿no? Ser tu amiga valió la pena solo para ver esta cara -dice Carla mientras Hada abre la puerta de la jaula.
​La rata salta al suelo. Entro en pánico. Mis manos sudan, mi corazón golpea mis costillas con una fuerza frenética. Intento alejarme, pero la cadena me detiene. El animal, asustado por mis gritos, se lanza hacia mí. En un acto de desesperación pura, mi mano alcanza una piedra del suelo. No pienso. Golpeo. Una, dos, tres veces... mis manos no se detienen hasta que el animal es solo una masa inerte y la sangre caliente salpica mi rostro.
​-¡Basta! Ya está muerta -la voz de Rocío me llega desde lejos. Me sujeta las manos con fuerza, mirándome con asco.
Me desplomo en una esquina, sollozando, mientras el horror de lo que acabo de hacer me invade.
​-Tan pronto estás perdiendo la cabeza -comenta Rocío, acercándose para acariciar mi cabello. Su tacto me da náuseas-. Aléjate de ellos, Wendy. Te lo advertí, pero mírate... ahora no tengo más elección que lastimarte.
​-Si no quieres hacerme daño, ayúdame a salir -le ruego.
-No seas ingenua. De aquí no saldrás nunca.
​La puerta se abre de nuevo. Carla y Hada entran riendo, hablando en susurros que se clavan como agujas.
-Seguro quieres saber de qué hablamos -dice Carla, acuclillándose frente a mí-. Decidimos contarte la verdad. Oliver, Franko y Jackson... todos ayudaron en tu secuestro.
​El mundo se detiene.
-Mientes... ellos no... -susurro, pero Carla no se detiene.
-Franko consiguió la droga para dormirte. Jackson planeó cada detalle. ¿Y nuestro querido Oliver? Él fue el encargado de mantenerte distraída con sus cursilerías.
​-Es mentira. Oliver me ama -digo, aunque mi voz suena cada vez más débil.
-¿Ah, sí? ¿Te ama? ¿Cómo sé entonces lo que pasó en tu habitación? -Carla se inclina más, disfrutando mi agonía-. Entró por la ventana, te tapó la boca, se acostaron, te hizo cosquillas hasta que casi los descubre tu padre... te llamó "mi vida", te cantó tu canción favorita de Prince Royce... ¿Sigo?
​Cada palabra es un golpe más fuerte que los físicos. Mi corazón se fragmenta. Oliver... él entregó nuestra intimidad para que ellas pudieran burlarse de mí.
-Cierra los ojos si quieres, pero sabes que es verdad -sentencia Carla con una sonrisa arrogante.
​La rabia, nacida del dolor más profundo, me da fuerzas. Me levanto como puedo y, con mis manos ahora libres, le cruzo la cara con una bofetada que la manda al suelo. Pero la victoria dura poco. Rocío se abalanza sobre mí y comienza a golpearme sin piedad. Hada me arrastra del cabello por el piso, dejándome tirada junto a los restos del animal.
​-Mírate. Das asco, llena de sangre -dice Hada antes de salir.
Carla se levanta, me arroja el agua de la botella encima para limpiarse el rastro de mi golpe y todas salen, cerrando la puerta con doble candado.
​Me abrazo a mis piernas, temblando. El frío del lugar no es nada comparado con el frío que siento en el pecho. Las personas que más amaba me han entregado al infierno. Oliver... mi primer beso, mi primer amor, mi mayor traidor.
​Las lágrimas no dejan de brotar mientras me hundo en la oscuridad total.

Esclava de su propio destinoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora