Los pesares
A quienes se queden mis versos. A quienes guarden mis palabras. A quienes destruyan mis deseos. A quienes abracen mis ojos. A todos aquellos que se permitan el afán de leerme, notificarme si tengo que firmar tantas palabras. Inusual era su música, insólita su sonrisa ¿Cómo logró armar tantas tablaturas con mi nombre?... Era música, era color, era dolor, era fragancia, era un mundo, era un ideal! ¿Hasta cuando deberé pagar la justificación de quebrar tantos insomnios? ¿Tantos querer? ¿Acaso seré el fantasma de cada momento suyo? Admito mi negación, y con fervor busco el perdón, perdones que no han llegado a su puerta, y en cada cielo, pintare una estrella por infinitas noches, y dibujare, deseoso, nebulosas para llenar de tranquilidad todo ese vacío que pude permitir dejarle y pacientemente, replegare mi ausencia sobre su andar... Como un acto de ilusión, partiré a mundos lejanos...
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Redención
Y en tantos años él jamás supo todo lo que tenía. Lo que tenía era poco, pero invaluable para quien más tarde entendería el tesoro que guardaba. Dentro y fuera suyo había poco y nada. Mucho era sinónimo de bienestar, no le servía a la hora de pesar su vida. Mucho no es referencia de calidad. Lo escuchó muchas veces por lugares donde reinaba el silencio. Las estaciones frías quemaban con fogatitas de luces amainadas al aire seco. Apagadas las voces y rotas las lunas deambuló por valles tenebrosos dignos de sus castigos. Pero siempre supo que llegaría al final del sendero. Y así fue. Frondosos los árboles donde culminaba tan duro camino, como un sediento corrió a la luz del astro más grande de su vida, sus brazos lo recibieron con apego. Y en tantos años jamás sintió tanta felicidad. Había sido difícil. Los obstáculos y las luces nocturnas rodeaban su paisaje. Pero sabía que estaba a salvo ya. Arrodillado, agradecido y endurecido, dejó caer su última lagrima y se suspiró a sí mismo, se levantó, se limpio sus arapos, sonrió y siguió caminando, hasta encontrar el próximo bosque, jamás paró, contaba décadas después...
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Sin mirar atrás
Como no podía dejarme nada al partir, le dejé mil palabras al sol de mis noches. No podía dejarle nada, entonces le regalé mis versos. No podía hacer nada cuando me vi partir, entonces solo lamenté cuentos. A tan sólo una distancia, estábamos. No podía arreglarme, entonces esculpió en sus manos una artista necesaria. No podía escribir, entonces buscó mis emociones. A tan solo unas palabras, eramos. No podía buscarme, entonces buscó por cada instante de mi ser. No podía encontrarme, entonces me encontró a su lado. Y como no podía ser, me mostró lo grandioso que era. A tan solo distancias, hoy nos encontramos.
Escupen vientos las estaciones, araña el tiempo mi rostro y mis días, destruyen tus melodías esta rutina, tu música si que me ha enseñado que habitan seres inhumanos esta esfera llena de millones de sueños rotos, y entre tantos, sembraste tu dulzura en mí. Pero como no podía quedarme, me llevé el recuerdo de tus bondades. No podía, entonces, ahora solo quedan las ruinas de todos los abrazos que quedaron en el instante. Entonces, sonreímos cuando me vi partir.
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Rendido
Tengo un cajón de palabras viejas y tú estás lejos. Yo estoy cerca ¿Qué camino es? te pregunté, pero mis pies no puedo seguir y tu respuesta fue un esplendoroso silencio, y ahí, dejé de escribirte.
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LO QUE MI ALMA DICE
PoésieFINALIZADO. Breves relatos con un pequeño toque de realismo mágico, cada uno de ellos representa una etapa del autor en sus últimos años. Lo que mi alma dice recoge historias tristes, de amor, de auto reconocimiento y superación. Momentos propios d...