Explosión

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No tengo idea de cómo me dormí con el demonio de hielo junto a mí, pero debía haberlo hecho en algún momento, porque pude darme cuenta que ya habían pasado varias horas cuando el viento me despertó. Comencé a sentarme, pero no podía moverme. Cuando se me ocurrió qué era lo que me mantenía presionada, mis ojos se abrieron de par en par y el aire abandonó de golpe mis pulmones.

El brazo de Gray se encontraba enredado alrededor de mi cintura, pero más importante que eso, su cuerpo se encontraba completamente pegado al mío. Cada respiro profundo y continuo que él tomaba movía mi cuerpo. Su cálido aliento bailaba junto a mi nuca, enviado escalofríos hacia mi espina dorsal.

No había manera de que pudiera dormir junto a él cuando se encontraba de cuchara junto a mí. Dudaba que incluso una monja tuviese ese tipo de fuerza de voluntad. Me removí hacia delante, logrando poner un poco de espacio entre nosotros, justo antes de que el brazo alrededor de mi cintura me sujetara con más fuerza.

Sostuve el aliento.

Gray me arrastró hacia él, ajustando mi espalda contra su torso, estábamos jodidamente pegados... y él estaba jodidamente excitado. Podía sentirlo duro a través de nuestras ropas. Era largo y grueso, presionándose contra mi trasero.

Mi cuerpo respondió inmediatamente, pasando de dormido a, hola tú, en cuestión de segundos. No importaba cuánto le dijese a mi cuerpo que no, o que en realidad no tuviera idea de qué hacer con todo eso. Mis venas se llenaron de calor, mi corazón palpitó como nunca lo había hecho y sin poder evitarlo, una molestia golpeó mi centro.

-¿Gray? -musité nerviosa, debía despertarlo ahora.

Murmuró algo en su idioma demoniaco, algo que sonó mágico, sobrenatural. Y de alguna manera, se las arregló para acercarse aún más, con su barbilla moviéndose hacia la sensible área de mi cuello y mi hombro. Mi cuerpo se llenó de escalofríos, puede que incluso dejara de respirar. El brazo alrededor de mi cintura se movió, y su mano comenzó a descender hacia mi estómago bajo. El movimiento causó que mi blusa subiera, exponiendo un poco de mi piel.

Con el corazón latiendo a mil contra mis costillas, mordí mis labios hasta saborear la sangre.

Los dedos de Gray acariciaron mi piel desnuda, causando que brincara hacia atrás para sentirlo mejor. Un profundo y sexy sonido salió de él y rodó sus caderas hacia adelante, presionándose contra mí mientras sus dedos se expandían, deslizándose dentro de la elástica de mis pantalones, logrando que se encontraran muy, pero muy cerca de mi monte de venus.

Tenía que estar soñando, porque esto no podía estar sucediendo, pero por alguna razón no quería despertar.

Sus cálidos labios rozaron mi cuello. Al principio pensé que había sido por accidente, pero luego su boca encontró mi pulso, dejando un ardiente beso allí. Para después comenzar a darme pequeños besitos, moviéndose hasta mi garganta.

Me moví inconsciente, exponiendo más mi cuello al arquearme contra él, luego sus caderas comenzaron a moverse en unas lentas y sensuales arremetidas que dejaron mi cabeza dando vueltas.

Podría haberlo despertado, pero por alguna razón no lo hice. La sensación de él tocándome era mucho más fuerte que cualquier otra cosa. Y sí, quizás alguien me había cambiado y ahora era otra mujer. Porque definitivamente la Juvia Loxar de siempre nunca hubiese actuado así.

Su mano comenzó a subir nuevamente, deslizándose dentro de mi blusa, subiendo por mi ombligo hasta que las yemas de sus dedos rozaron levemente mis costillas.

Solté un gemido ahogado.

Gray se detuvo. Ninguno de los dos nos movimos. La alarma de mi celular marcó las siete, lo que significaba que debíamos partir en dos horas rumbo al aeropuerto.

Serendipia DemoniacaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora