"Odio la sencillez con la cual me desarmas"
— Va-vaya Blaze… — La voz de Silver fue haciéndose cada vez mas opaca mientras me miraba en cuanto hice mi aparición en el parque que él me había indicado el día anterior, saludándolo con un seco movimiento de cabeza. El muchacho me escrutaba minuciosamente, y pude notar como sus mejillas se coloreaban ligeramente — Te ve-ves diferente…
Pare en seco delante de él y lo mire fijamente durante unos segundos, mordiéndome la lengua y sintiendo ganas de desaparecer en aquel mismo instante. Claro que estaba diferente, me decía a mi misma mientras repasaba mentalmente mi vestuario para aquella… "salida" –me negaba a llamarlo cita, aun que las muchachas insistieran de manera aplastante en aquel escandaloso termino. Pase una mano nerviosa por mi pelo suelto, algo extraño para empezar, mirándolo con ojos duros y algo afilados ¡Demonios, me temblaban las rodillas! — ¿Es lo mejor que puedes decir? ¿Tan mal me veo? Tsk… — Carraspeé, ácida, mientras me cruzaba de brazos, sin apartar la vista ¡No era como si me importara lo que pensara aquel troglodita amante del baseball de mi aspecto o la forma en la que me había vestido! Si me había arreglado, estrenado aquel vestido azul y cambiado de peinado para variar era porque quería tener un buen aspecto para salir de casa el fin de semana ¡Solo y exclusivamente para eso! ¡Que se pudriera el idiota si no le gustaba su atuendo! ¡En el maldito infierno!
— ¡N-No es eso…! — Silver, siempre tan hablador, tan ocurrente, tan comunicativo… Estaba completamente cohibido, en blanco, solo con la vista clavada en mí, sin poder articular a penas sonido entendible, sonriendo de manera exagerada. Fruncí la boca aún más si se podía, decidida a que si seguía así, la salida sería muy corta… Muy, muy corta — Es que te ves muy linda con el pelo suelto. Demasiado… — Ahora me toco a mi ponerme completamente roja, lo cual acentúo su sonrisa infantiloide ¿¡Como podía aquel idiota decir cosas tan a ligera allí, en medio de la calle, así…!?
— Estupideces — Traté de recuperarme rápidamente de aquel golpe que me había asestado, carraspeando de nuevo y negando con la cabeza, acercándome un poco más a su persona — Es solo otro peinado, me veo como siempre. No digas tonterías —
Mi voz tenía un tono autoritario de que dejara aquel tema, pero siempre olvidaba lo cabezón y corto de miras que era aquel grandote de ojos dorados, que ahora brillaban como oro.
— ¡No son tonterías, de veras te ves diferente! Muy… No, más… ¡No se definirlo, Blaze , pero me gusta! —Aclaró, cerrando sus orbes destellantes y soltando una risilla infantil por lo bajo que, muy a mi pesar, se me antojo adorable. Tsk … Silver comenzó a caminar en dirección hacia mí, señalando el camino que debíamos seguir hacia dios sabía donde ¿A dónde iba a llevarme aquel atolondrado…? Aquella zona solo la conocía de oido, así que no tenía ni idea que nos deparaba la salida — Po-por cierto, cogí esto para ti — Alzó de repente la mano que trataba de ocultar todo aquel lapso de tiempo, mostrándome una flor de colores llamativos, brillantes, ofreciéndomela con gesto casi asustado ¿Por qué? No era el primer regalo que me hacía ni el más bochornoso, me recordé a mi misma rememorando aquella fatídica serenata que me había dedicado semanas antes junto a sus amigos y a la pegadiza sintonía de "Singing oah, I love you moah" que se podía escuchar por los pasillos desde aquel día. La gente no iba a olvidarse de lo sucedido en ese patio jamás…
Suspiré exasperadamente, agarrando la flor y mirándola, tratando de parecer indiferente ante el presente inesperado — No debes arrancar flores, Silver ¿Qué tienes, 13 años? Compórtate — Reproche enseguida, quizás con demasiado tono materno, alzando la cabeza para mirar al chico, varios centímetros más alto que yo, a los ojos, clavando mi mirada en la suya — No estas en edad de ir haciendo esto — Alce las cejas, pero apreté la flor en la mano. No iba a decírselo, pero era preciosa y además, como comprobé segundos mas tarde, olía particularmente bien. No me parecía correcto que hiciera aquella clase de cosas, ¡Arrancar flores de lugares públicos estaba prohibido! Pero… — Pero gracias, supongo… — Susurré de golpe, esta vez sin mirarlo, continuando con el paso rápido e, inusualmente silencioso. El muchacho estaba extrañamente sonrojado, con las manos en los bolsillos de sus jeans oscuros y vigilándome con el rabillo del ojo, lo cual me hizo soltar un suspiro, rodando los ojos de tal forma que acabé poniéndolos en blanco — ¿Qué pasa?
— Nada — Canturreo, de un estado de humor casi envidiable, comenzando a adentrarse por los caminos de piedras que nos ofrecía dicho parque, en dirección a sus profundidades — Es solo una cosa que dijiste hace un momento, que me ha hecho infinitamente feliz — Le dedique una larga y desconcertante mirada, sin entender ni una sola de sus palabras ¿Qué había dicho yo para que aquel patán sonriera con aquel nivel de felicidad? Ante mi interrogante gesto, él largo una risotada de las suyas, característica. Alta y casi molesta, aumentando mi ceño fruncido — Es la primera vez desde que me acerque a ti que me has llamado "Silver"
Continúe con el paso mientras que él seguía riendo escandalosamente y llamando la atención de la gente que caminaba a nuestro alrededor, pero no me percaté casi de ello. Solamente podía seguir con mi vista fija en el, sintiendo como la respiración acelerarse a cada paso dado por ese 'pequeño' detalle en el cual yo no percaté demasiado, y que para él parecía ser lo mejor del mundo…
¿Cómo lo hacía para que cualquier cosa que hiciera yo, pareciera tan única, tan extraordinaria? ¿Qué cualquier sencillez se convirtiera en excepcional así, de repente?
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Te odio
RomanceA primera vista puedo parecer una chica agresiva, por esta repentina declaración, ¡Pero no lo soy, ni mucho menos, maldición! Soy una dama, ¡Toda una dama! Puedo controlar mis nervios y mi compostura de buena gana en casi todas las situaciones posib...
