Rosas Blancas

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Me desperté, casi obligada ha hacerlo, todo sería mejor si ya no despertara, aunque nada cambiaría si lo hiciera, nada desaparecería exactamente. Sabía que tenía personas ahora conmigo.

Me incorporé un poco mientras mia entraba a la habitación.

-te traigo un poco de sopa caliente, té y tranquilizantes.

-Gracias – dije. Realmente no reconocía mi voz, después de que simon me encontró tirada en el suelo me trajeron a casa, me contó mia que estaba incontrolable, que gritaba como una niña pequeña.

Mia volteo a una esquina del cuarto, como lo había hecho en el hospital, deje el té en la mesita.

-Mia ¿qué es lo que pasa? - dije con la voz quebrada– has estado muy rara.

-no pasa nada – dijo negando.

-No – dije rápidamente – algo pasa y no me lo quieres decir – la mire a los ojos – por favor.

-Esta bien – suspiró – Estos días has estado pronunciando muy seguidamente su nombre, y ...realmente no me corresponde, ni siquiera debería estar diciendo esto. - ella estaba muy tensa.

-¿qué nombre mia? - dije mirándola directamente.

-ammm... Hamilton – dijo, mirando de nuevo al piso – tengo que ir abajo.

Se fue rápido y cerro la puerta, evitándome completamente.

Hamilton. Me encontraba agonizando y solo repetía su nombre.

Me fundí en la cama, me odie a mi misma, repetir su nombre cuando mi madre estaba sin vida, era algo estúpido. Lloré... y es que era inevitable... ¿cómo poder seguir con esto?.

No debía quedarme en la cama como tonta, tenía que dejar descansar a mamá en paz.

Me levanté poco a poco de la cama, tenía puesta la misma ropa de ayer, me dirigí al baño a darme una ducha con agua fría.

Ver mi cuerpo delante del espejo fue algo doloroso, ver mi cicatriz, los moratones de mis piernas, brazos y espalda... poco a poco iban desapareciendo. Pensar en aquella noche, fue pensar en el segundo infierno... el primero saber que mamá ya no estaba.

Me puse un pantalón de yoga y una camiseta holgada negra que encontré en la habitación de mamá, olía realmente delicioso. Tenia unas enormes ojeras, mi cabello estaba quebradizo, realmente me veía aterradora.

Debía afrontar la realidad pero realmente era tan difícil, de la noche a la mañana te enteras de que estas sola en el mundo, sin una familia. Me senté al borde de la cama, puse mis manos en mi cara, y solté el maldito nudo en la garganta, por más que intentara no hacerlo, no podía, lloré. Por él, por ella.

Recordé aquella vez cuando por primera vez ingrese al club de danza, cuando mamá no se podía despegar del vidrio que separaba el salón y la recepción, me aplaudía por cualquier movimiento que hacía, lloró tanto cuando terminé, y me dijo lo orgullosa que estaba de mi, ella creyó en mi excepcional mente y yo la amaba por eso.

Bajé los escalones uno por uno, en la planta baja se encontraba oliver hablando por teléfono, al igual que mia, visualicé a los niños en el jardín jugando con burbujas.

-Buenos días – dije.

-bueno días ava – dijo simon que se encontraba en la sala.

-Ava, realmente no sabemos si hicimos lo correcto... nos tomamos la libertad de organizar todo lo de el funeral, ahora oliver esta hablando a las personas que encontramos en la agenda que estaba en la mesita de la sala, y mia esta pidiendo lo que ocuparemos , traerán el cuerpo de tú madre más tarde.

¿por qué tú?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora