Una corriente de aire proveniente del mar pareció tener las intenciones de darme el empujoncito que necesitaba para dar los siguientes pasos y acabar con la distancia que había entre él y yo, pocos pasos que me hacían sentir demasiado lejos de él cuando tan sólo estaba delante de mí con aspecto agotado, pero con cierto brillo atrayente en los ojos azules que tanto había anhelado por volver a ver.
Era casi embriagante la placentera sensación de alivio y tranquilidad que me invadió de pies a cabeza cuando unió su mirada a la mía tras oír como la puerta a mis espaldas se cerraba con un crujido, sus gestos se movieron al unísono para demostrar la sorpresa que lo había albergado, observándome con atención y hasta cierta cautela.
—¿Eyra...?
Anonadado, esa era la palabra correcta para describir su estado.
Corté la distancia con sólo dos pasos en su dirección con el ligero eco de mis pies al pisar la madera empolvada del suelo, pero me detuve a mitad de camino cuando recordé la presencia de dos hombres que nunca antes había visto y que me hicieron sentir como si estuvieran invadiendo mi espacio, como si su presencia fuera incómoda e innecesaria. Sin embargo, fue suficiente un ademán que realizó la enguantada mano de Ivar para darles la silenciosa orden de desaparecer y dejarnos solos, ocurriendo a los segundos después.
—Has regresado. —fue lo primero que se me vino a la cabeza, como si ya no fuera lo suficientemente obvio, pero se debía a que mi cuerpo era liderado por las emociones y no por el raciocinio que tenía.
—Y tú sigues aquí.
Todo el anhelo que sentí por verlo retornar algún día, los sentimientos de añoranza que sentí en su ausencia, las irremediables ganas de estar a su lado, y el descubrimiento de mis verdaderos sentimientos por él se mezclaron en mi interior, estallando en una impulsiva acción que llenó cada hueco vacío en mi corazón; me apresuré a eliminar la despreciable distancia hasta que pude rodearlo con mis delgados brazos, buscando cierto consuelo sobre su pecho.
—¿Dónde debería estar si no? —mi voz tembló cuando salió de mí como si estuviera a punto de romperme a llorar, pero lo que era seguro es que saldrían de mis ojos lágrimas de emoción que no tardarían en deslizarse por la fría piel de mis mejillas.
Fue como sentir que había obtenido algo por lo que hubiera luchado durante mucho tiempo, lo decía porque cuando sus brazos rodearon mi cintura y me apretó contra él haciéndome sentar sobre su regazo, fue como si una llameante victoria hubiese llegado a mis manos.
Él emanaba una calidez que nadie podía brindarme, una afectuosidad singular que sólo provenía y podía sentirse en sus brazos, en nadie más.
—Pensé que no volvería a verte. —fue como volver a esos tiempos nostálgicos a los que viajaba cuando recordaba a mi familia, y todo sólo por sentir sus dedos hundirse entre las hebras de mi largo cabello para acariciarlo. Casi podía ver la pequeña y triste sonrisa en su rostro. —Es una grata sorpresa.
Me alejé a regañadientes del refugio que había encontrado en la curva que se creaba entre su hombro y cuello, exploré las profundidades de sus atractivos fanales cuando nuestros rostros estaban a sólo centímetros de rozarse, mis manos se deslizaron por su cuerpo hasta posarlas en sus mejillas y no permitir que volteara el rostro. Mi corazón latía rápido por el nerviosismo.
—No iba a irme sabiendo que podías regresar. —estaba cansado, las bolsas oscuras bajo sus ojos lo decían todo, pero él se mantenía firme. Mis curiosos ojos no pudieron bajar para mirar sus labios, aquellos que lamió ligeramente cuando sentí un rebelde deseo por sentirlos contra los míos otra vez. En el fondo sabía que se estaba divirtiendo con la indecisión que yo misma reflejaba. —Siento... siento que voy a volver loca si no te pido que me beses.
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GOLDEN CROWN
Fanfiction❝Me convencí a mí mismo de que nunca te encontraría cuando, de repente, te vi.❞ AU donde el destino llevó a Eyra Amdahl, una joven y bella mujer, a entrar de forma inesperada en la vida del hijo menor del rey desaparecido de Kattegat, Ivar Lothbrok...
