Por alguna razón, durante mi regreso a mis aposentos cálidos y vacíos, los sirvientes que trabajaban en el gran salón habían apresurado el paso en cuanto aparecí en su rango de visión como si fuese algún tipo de peste de la que había que mantenerse alejada, algunos bajaban la mirada hacia el suelo cuando pasaban cerca de mí como si temiesen estar presentes ante una reacción inesperada, y quizás todo se debía a la cara de pocos amigos que llevaba encima después de todo lo que había ocurrido con esa mujer hace poco tiempo atrás.
Ahora yacía sobre la comodidad de la gran cama, uno de mis pies se movía de arriba hacia abajo como una clara señal de la impaciencia que arrugaba mi ceño cada vez que el tiempo transcurría y no aparecía delante de mí la persona con la que tenía una conversación pendiente, aunque no fue por mucho porque ya había oído el característico sonido hueco que su muleta de hierro hacía contra la madera del suelo; lo oía cada vez más cerca, hasta que su rostro apareció en la habitación.
—¿Sigues molesta? —incluso él parecía precavido porque no intentó acercarse.
—Siéntate. Hay algo de lo que debemos hablar.
Rodó los ojos con exasperación, acariciando sus sienes con la punta de sus dedos.
—No voy a seguir discutiendo sobre Freydís. —oculté la punzada de celos que apareció en mi pecho sólo por el hecho de que la haya nombrado con tanta familiaridad, como si se conociesen desde hace mucho tiempo. —Fue suficiente con el escándalo que hiciste ayer.
—Te pedí que te sentaras. —permaneció inmóvil, pero terminó por acceder a mi petición sentándose cerca de la caldera que hervía cerca de una esquina de la habitación. Su atención puesta sobre mí como deseaba. —El asunto sobre ella no me tiene muy contenta, pero no es sobre eso de lo que quiero hablar.
Casi lució aliviado. —Entonces, te escucho.
—Te advierto que no te gustará lo que oirás, pero aun así quiero que permanezcas tranquilos y me dejes hablar.
—Adelante. — un resoplido junto a la creación de una sonrisa burlesca me hizo sentir irritada, más de lo que debería estar, aunque podía culpar al embarazo. —No soy yo el histérico, después de todo.
—Haré como que no oí eso. —era la decisión más acertada, no quería tener que enfrascarme en una discusión por una burla de su parte, sabía que se venía algo peor que aquello. Terminé suspirando cuando oí las palabras que consideré adecuadas para hablar. —Hvitserk me ha dicho que tus hermanos mayores y Lagertha se fueron de este pueblo después de la guerra. He oído que nadie los ha visto.
—Lo sé. —me veía venir el hecho de que no luciera preocupado, relajado era la palabra adecuada para describir su semblante en ese momento. —Le he dado la misión de encontrarlos con vida a un grupo de exploradores. Están buscándolos por mí.
Aquello no parecía ser una buena señal. —¿Y para qué quieres encontrarla?
Mucho tiempo había pasado desde la última vez que me dio una mirada tan fría, tan calculadora, capaz de arrasar con todo lo que se cruzara a su paso hasta hacerme sentir estragos en mi interior. —Tú lo sabes.
Desesperación y angustia es lo que brotó en cosa de segundos desde el centro de mi pecho tras oír sus palabras que habían sido lo suficientemente claras para cualquiera que pudiera escucharlas, no había que ser inteligente para saber la razón del por qué deseaba encontrar a sus parientes perdidos después de la batalla. Su sed de venganza aún no estaba saciada, siempre queriendo más.
—Ivar, esto ya se acabó. —posé una palma sobre mi vientre como si eso pudiese lograr que me calmase. —Eres el rey, el pueblo de Kattegat es tuyo. ¿Qué más quieres?
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GOLDEN CROWN
Fanfiction❝Me convencí a mí mismo de que nunca te encontraría cuando, de repente, te vi.❞ AU donde el destino llevó a Eyra Amdahl, una joven y bella mujer, a entrar de forma inesperada en la vida del hijo menor del rey desaparecido de Kattegat, Ivar Lothbrok...
