14. De volver a los infiernos...

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Ya han pasado unas dos semanas, y era el día. Era 23 de octubre. La boda de Ana y Roi.

Amaia pasó la última semana aislada de todo el mundo, siendo preparada por los profesionales de imagen y estética de Universal.

Básicamente porque la joven era un desastre con patas y sin ellos haria el ridículo aún más de lo que ya lo hacía frente a toda España.

No sabía qué habría sido de Alfred ese tiempo que estuvieron separados. Seguramente habría pasado esos días componiendo, o a lo mejor se habría reunido con su manager para seguir con su primer disco.

En dos años no había sacado disco por una sencilla razón. Y esa razón tenía nombre y apellido. Amaia Romero. No podía hacerlo sin ella.

Se negaba a sacarlo sin que ella estuviese a su lado. Quería hacer una colaboración con ella en el disco, de Et vull veure, y sin esa canción no sacaría jamás nada al mercado.

Pero Amaia se equivocaba. Alfred se había pasado todos los días y noches, cada minuto, investigando sobre los tratamientos de Amaia. No dejaba escapar ni un solo segundo.

Porque nada más la boda terminase, al día siguiente Amaia se encontraría en el hospital recibiendo la quimioterapia.

Amaia ese día despertó en la suite del hotel en la que Universal le obligaba a permanecer, sin tener contacto con el mundo exterior.

Sacó las piernas de la cama, y al pie de esta, se encontró una fina bata blanca. Solamente eso. Sin ropa interior ni nada.

Fue a la ducha con la bata, porque era lo único que tenia de ropa. Los estilistas se la habían llevado toda dos días antes, y cada mañana despertaba con la ropa de ese día.

Amaia tenía la teoría de que seguramente habrían quemado su ropa.

Cuando se quitó el pijama, y se miró en el espejo, solo comprobó lo delgaducha que estaba ya, podía contarse las costillas sin ningún problema.

El cáncer ya empezaba a mostrarse como era. Su cuerpo estaba más degenerado, el cansancio era notorio, y sus dificultades respiratorias aún mayores.

Sin contar con la dieta que le habían puesto para estar más delgada ante la prensa.

Amaia se quejaría, pero no podía hacer nada. Tenía las manos atadas tras firmar el contrato con Universal.

Era una marioneta, y tenía que hacer todo lo que ellos quisiesen, sin importar lo que ella pensase.

Cuando salió de la ducha se encontró en la habitación con los tres estilistas que nada más verla, empezaron a arreglarla el pelo, las uñas, y a maquillara.

-Vamos chica, no tenemos todo el día, y has salido tarde de la ducha. Siéntate rápido- dijo de mala gana una señora que rozaría los 35 años.

Charlaban sin parar, así que ella apenas tenía que decir nada; eso estaba bien, porque ese día no se sentía muy habladora.

Tenía gracia, porque, aunque hablasen de los cotilleos de todo lo que había pasado tras Operación Triunfo, sus comentarios hablaban sobre donde estaba, que hacían, o que sentían cuando se enteraron de no sé qué y no sé cuántos.

Todo giraba en torno a ellos, no tiene nada que ver con los chicos que vivían esas experiencias y de las que solo ellos sabían la verdad.

Nada más terminar de maquillarla, Amaia se dio cuenta de que parecía más un robot sin expresión que una persona humana. Parecía que le hubiesen borrado la cara completamente.

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⏰ Última actualización: Feb 21, 2019 ⏰

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