🍭🍭 Nada 🍭🍭

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Especial 40k

Habían pasado dos semanas desde que el pequeño castaño se había aparecido en su empresa y JaeBum no podía dejar de pensar en él.

No había obtenido su apellido, por lo que encontrar información sobre él era casi imposible. No sabía su lugar de origen y tampoco su fecha de nacimiento. No sabía nada, salvo a que su nombre era YoungJae y debía ser rescatado pronto.

Sus padres eran un peligro en más de un aspecto y él era muy joven aún para poder defenderse.

La inocencia con la que había recurrido a JaeBum, le dejó un hueco en el pecho a éste. Estaba angustiado, no podía negarlo. Lo estaba siempre que no podía realizar su trabajo con la velocidad a la que acostumbraba, aún más cuando habían tantos factores de riesgo de por medio.

  — JaeBum.

  — ¿Mh?

  — ¿Me haz estado escuchando?

JaeBum parpadeó varias veces, volviendo a la realidad. Jennie lo miraba confundida, sentada frente a él en el restaurante donde se encontraban esperando a sus respectivos padres.

  — No, lo siento, Jennie. — respondió antes de suspirar. — Tengo un problema, hay un niño al que quiero ayudar pero no tengo idea de cómo hacerlo.

La menor asintió, dándole su atención a su mejor amigo.

  — ¿No tienes algún contacto que pueda ayudarte con eso?

  — Si tuviera los datos suficientes del pequeño, hay alguien que podría ayudarme. — respondió JaeBum. Estaba por continuar su plática con Jennie, pero la voz de la madre de ésta llamándolos lo interrumpió. — Noona, buenas noches.

La mayor correspondió el respetuoso abrazo de JaeBum, éste se inclinó frente al señor Kim quien lucía más radiante de lo normal.

  — Papá, mamá. Tomen asiento. — les sonrió la azabache. Los mayores tomaron asiento a los costados de su hija.

A los pocos minutos, el señor Im se hizo presente en el restaurante. Con ese porte elegante que lo caracterizaba.

  — Buenas noches, siento la tardanza. El tráfico a esta hora es terrible. — se disculpó JooHwan.

Después de que los cinco presentes hicieran sus órdenes, el Im mayor fue el primero en hablar.

  — Con todo respeto, ¿a qué se debe esta reunión? — preguntó JaeBum. Su padre sonrió un poco.

  — JaeBum, ahora eres el CEO del buffet de abogados Im. Estoy orgulloso del excelente papel que haz desempeñado en los pocos meses que llevas a cargo, no hay duda de que eres un Im.

JaeBum se inclinó levemente frente a su padre, sonriéndole un poco.

  — ¿Recuerdas que te dije que había algo que debía hacer personalmente antes de dejar la empresa? — JaeBum asintió. — Bueno, de eso queremos hablarles. Aunque bueno, de seguro Jennie y tú ya lo han hablado ¿cierto?

JaeBum tuvo un mal presentimiento al ver como su mejor amiga desviaba la mirada.

  — Uh, no. ¿Hablar de qué, Jennie?

La menor no respondió. Los ojos de ésta estaban clavados en la mesa.

  — KyuJong y yo hemos llegado a un acuerdo, nuestras empresas serán oficialmente socias a inicios del próximo año.

JaeBum no pudo evitar fruncir el ceño confundido.

¿Socios de la empresa Kim? ¿Con qué objetivo? JaeBum no lograba entenderlo.

  — Queríamos reforzar nuestra asociación más allá de un simple papel, por lo que hablamos con Jennie y estuvo totalmente de acuerdo con esto.

Jennie no levantó la mirada.

Y JaeBum lo entendió todo.

  — Jennie y tú crearán un lazo entre ambas familias, contrayendo matrimonio.

JaeBum sintió como si cada uno de los presentes lo hubiesen atravesado un puñal en el pecho.

  — ¿Qué?

  — Sé que puede ser sorpresivo, pero ¿qué mejor que Jennie para formar una familia? Han sido amigos por años.

  — Lo dudo. — murmuró JaeBum, sin quitarle la mirada a Jennie de encima, gritándole en su mente que tuviera el valor de mirarlo. — Lo siento, pero no estoy de acuerdo.

  — Lo siento por ti, JaeBum. Pero el trato está hecho. — dijo KyuJong, abrazando a su hija por los hombros. — Jennie se convertirá en la señora Im, quien junto a ti traerá un heredero.

  — Habla como si fuese dueño de un trono. — ironizó JaeBum. — Sólo son billetes, señor Kim. Billetes que pueden agotarse en un segundo.

  — Lo creo poco probable. — respondió de nuevo el mayor.

Jennie por fin se dignó a levantar la mirada, cristalizada.

  — ¿Cómo puedes aceptar esto, Jennie? Tú … no me quieres, no de la forma que deberías para querer casarte conmigo.

  — No es necesario, JaeBum. Puedo llegar a hacerlo con el tiempo y tú también.

  — ¿Qué estás diciendo? — susurró JaeBum incrédulo.

Años junto a Jennie se pasaron frente a los ojos neutros de la menor, la sensación de que éstos se desvanecían le agrietaron el corazón a JaeBum.

La única mano que lo sostenía, lo había soltado.

Estaba solo.

Sin decir nada, JaeBum se levantó de la mesa y caminó de prisa fuera del restaurante, sintiendo su estómago revuelto y el pecho entumecido.

El sonido de los tacones de Jennie se escucharon a sus espaldas.

  — Quiero ser alguien, JaeBum. Quiero dejar de ser la sombra de mi madre. — murmuró Jennie, acercándose a él.

  — ¿Y convertirte en la mía?

La menor no respondió.

  — Me haz demostrado que al igual que a todos, te importa más mi apellido que yo.

Jennie de nuevo no respondió, rompiendo por completo el corazón de JaeBum.

  — ¿Quieres un apellido importante y una tarjeta de crédito hinchada? Bien, eso te voy a dar. — dijo tomando a Jennie del rostro para que lo mirara. — Pero un cuento que le puedas contar a la sociedad en donde somos el matrimonio perfecto, nunca en mi jodida vida, Jennie.

JaeBum miró por última vez el rostro de Jennie.

Parecía una muñeca de cristal, fina y preciosa. Pero sin rastro de sentimientos.

JaeBum le dio la espalda para ir a buscar su auto. No volvería a la cena, no cuando había sido organizada como si aquella farsa fuese algo que celebrar.

Como si su libertad arrebatada fuera nada.

Como si su felicidad fuera nada.

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𝑺𝑼𝑮𝑨𝑹 𝑫𝑨𝑫𝑫𝒀  🍭  𝑻𝑾𝑶𝑱𝑨𝑬Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora