Pasó casi un mes hasta que volvió a presentarse ante el Comandante. Y cuando lo hizo el título de Erwin ya era oficial.
El momento llegó cuando Levi ya estaba convencido de que el rubito había renunciado al pacto que le había propuesto, pues había tenido infinidad de ocasiones para ponerlo en práctica: una semana después de que lo pasaran tan bien comenzó la nueva expedición del Cuerpo de Exploración y, aunque el número de bajas fue bastante menor que en otras ocasiones, siguió habiendo muertos, por lo que Levi supuso que Erwin necesitaría aligerar tensiones.
Sin embargo, la misma noche en que regresaron al cuartel, tras haber aprovisionado algunas de las bases en Territorio Titan, le descubrió escabulléndose en plena noche para visitar el almacén.
Desde su ventana el soldado observó con curiosidad al oficial, sintiéndose terriblemente decepcionado. Esperaba que, siendo ese hombre tan inteligente que se suponía que era, Erwin fuera el primero en comprender que la opción que le ofrecía era mucho mejor. Además de más placentera.
Pero se veía que el Comandante tenía más de mártir de lo que habría imaginado, ya que prefería sufrir en soledad a compartir su pesada carga con uno de sus soldados.
Con un gruñido Levi cerró la ventana de su habitación. Le molestaba pensar que no volverían a compartir ningún momento íntimo, pues lo había pasado realmente bien; pero lo que más le cabreaba era saber que Erwin sufría y absolutamente nadie estaba haciendo nada para remediarlo. Que tal vez ni siquiera conocían su problema.
Aunque, sin duda, lo más preocupante de todo era por qué ahora se preocupaba por el mismo tipo al que no hace mucho juró matar con sus propias manos.
Para superar ese dilema Levi decidió centrarse exclusivamente en matar titanes. No pensaba conceder un segundo más de su tiempo a ese gigante rubio.
Su plan falló estrepitosamente cuando, semanas después, un pequeño detalle le dejó paralizado: mientras regresaba del campo de entrenamiento le fue imposible no fijarse en el alféizar de la ventana de Erwin; más en concreto, en el pequeño jarrón con flores que había colocado en la repisa.
Al verlo pensó que se trataba de un error. Puede que alguien lo hubiera colocado ahí después de limpiar la estancia. O tal vez había sido el propio Erwin, olvidando que esa era su señal para que fuera a visitarle.
Se convenció de ello cuando, ya en el comedor, estuvo todo el tiempo pendiente del Comandante, esperando a que le mirara y le hiciera una pequeña señal; aunque solo fuera un leve asentimiento para asegurarse de que había visto el jarrón. Sin embargo, el oficial no cruzó su mirada con la suya ni un segundo.
Tenía que tratarse de una coincidencia, decidió... Salvo que las manos del Comandante volvían a estar vendadas y esa gigantesca espalda que ya había empezado a descifrar estaba más tensa de lo normal.
Ya en su cuarto, mientras todos dormían, Levi meditó sobre lo que podía hacer. No quería hacerle una visita sorpresa solo para descubrir que había errado en sus suposiciones; además de resultar humillante, le daría a Erwin la impresión de que quería verle y que solo estaba buscando una excusa para hacerlo.
Pero si era verdad que le había llamado y decidía no presentarse sería muchísimo peor. Sería fallarle antes siquiera de haber empezado.
Cabreado porque el maldito Smith siempre se las arreglaba para complicar las cosas, decidió ir a su cuarto. Si al final se trataba de un malentendido solo tendría que meterse con la mala memoria de Erwin y su orgullo estaría a salvo.
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El Pacto
Fiksi PenggemarErwin Smith y Levi acaban de conocerse. Sus fuertes personalidades, con un carácter muy marcado y donde ninguno está dispuesto a ceder, harán que su relación sufra constantes altibajos y ambos se vean perjudicados por la situación. Pero por el bien...
