Capítulo 7 Una pelea y el día del viaje

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Había tenido una buena noche, después de todo estaba comenzando aceptar mi nueva libertad, y una de las cosas que había decidido era disfrutar de los placeres que esta existencia me ofrecía, la verdad no pensaba arrastrar a Joshua conmigo a una relación que no quería porque no le amaba y no sentía más que un enorme agradecimiento y es por esto que esta había sido nuestra última noche de sexo.

Tuve un sueño muy extraño que me despertó de golpe, en el sueño estaba Lucía y me pedía que cuidara de Keiry y que no la dejara sola que ella me necesitaba. Yo al despertar puse cara de enfado, ya que haría todo lo posible por joderle la existencia a Keiry, si todo haría menos cuidarla ya que ella podía cuidarse solita.

Miré hacia el lado de la cama donde dormía Joshua y noté que el ya no estaba, sobre la almohada había una nota en una hoja de color blanca con las iniciales de su nombre y apellido "JC" lo que significaba que era una orden por decirlo de esa manera, la leí y decía lo siguiente:

Ha sido una hermosa y maravillosa noche Thomas, pero es hora de despertar a nuestra realidad, tu no me amas y sinceramente yo tampoco, pero siento que puedo llegar a hacerlo. Anoche ibas a decirme algo que yo ya sabía y por ser el cumpleaños de tu pequeña hermana no quise ser imprudente y acabar amargándome la noche es decir; que lo que ibas a decirme era que esto no podía continuar porque no me amabas y que quizás solo me utilizabas porque yo era tu pase a la libertad que ya tienes. Quiero ahorrarte lo que ya se, por otra parte hagamos de cuentas que nunca pasó ya que al final de todo somos familia.

Bueno aclarado todo quiero que sepas que tengo órdenes para ti. Si Keiry dejó claro que tenías que encargarte de los jardines principales y de algún asunto directamente con Kei, pero como verás ella ha salido unos días fuera de casa, así que tu puedes tomarte estos días e instruirte en todo lo referente a la jardinería. Sin más por el momento.

JC.

Arrugué la nota con desagrado ya que no esperaba que Joshua fuera quien tomara la iniciativa de darle por fin un adiós a estas saliditas y saber que él siempre supo que yo lo utilizaba y que el aun así decidiera retar a Keiry para darme esta libertad, si se le podía llamar libertad a estar unido a alguien mentalmente como un castigo. Me metí a la ducha y me di un largo baño, solo pensaba en lo que me había escrito Joshua. ¿Cómo darle la cara después de esto? Sinceramente no sabía lo que haría de ahora en adelante, mi imagen ante el clan era distinta, ellos podían aprovecharse de esa pequeña debilidad, sin embargo como dije antes no voy a darle el gusto a nadie de verme derrotado, y mucho menos triste por alguien que ya no está y que no va a regresar y que si regresara no iba a estar conmigo si no con Keiry.

Me había prometido no enamorarme nunca más así iba a ser el resto de mi existencia, claro haciéndole la vida miserable a mi madre, que más parecía mi hermana que mi madre y que nunca se comportaba como tal. Salí de la ducha y me coloque un vaquero despintado y desgastado, con una camiseta gris pegada al cuerpo y unos deportivos, caminé hacia la pequeña biblioteca que Joshua había implementado en la casa y por suerte encontré un manual de jardinería, estaba seguro que Joshua lo había colocado allí intencionalmente.

Había pasado una semana aproximadamente y Keiry aún no asomaba su patético rostro por la mansión, suponía que podía andar en alguno de sus apartamentos. Yo me encontraba en el jardín donde se había incinerado el cuerpo de Lucía y la verdad que no pude evitar derramar las lágrimas sobre aquel verde pasto y se me ocurrió hacerle pasar un mal rato a Keiry, me puse a pensar en Lucía, en las veces que tuvimos sexo, y los momentos que compartí con ella; acto seguido mandé aquellos recuerdos a través del vínculo para que Keiry los viera y así torturarle con mi dolor. No era difícil sacarla de sus casillas, ella tenía un temperamento demasiado impulsivo y si estaba lo suficientemente cabreada iba a venir para comenzar una pelea y otra teoría que tenía era que quizás ella ni siquiera le esté prestando atención al vínculo.

El legado GregoryDonde viven las historias. Descúbrelo ahora