Capítulo 11 Amenazas anónimas

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Las cosas por fin se estaban calmando y como todo duelo comenzaba a superarse, ya que cada uno de nosotros retomaba su vida como en aquellos tiempos en los que aún no conocía a Lucía; cada día traía su propio afán y con ellos las responsabilidades nuevas que eran ineludibles, sobre todo porque Christian hacia todo lo imposible para que yo me mantuviera ocupada y no tuviese que tropezarme con Thomas y así evitar dañar la paz que teníamos. Cierto era que Thomas y yo ya no teníamos esa necesidad de querer matarnos, pues con la pequeña batalla que tuvimos fue suficiente para dejar nuestros puntos claros y para sacar el dolor que los dos sentíamos por dentro; mi mente y la de mi querido hijo estaban distraídas en otras cosas y cada uno se esmeraba por demostrar lo mejor de sí, en nuestras labores con el clan.

Había pasado una semana desde la fiesta de los Russo y todo seguía igual, atentos a cualquier reacción de los Russo que no tardaría en llegar, solo era cuestión de tiempo para que ellos aparecieran y dieran un golpe. Hasta ahora nosotros teníamos la ventaja así que probablemente se están preparando para atacar y lo harán en cuanto tengan la oportunidad de verme vulnerable. Por otra parte Stella aún se rehusaba a contarme sobre el clan Russo y varias veces la observé viendo a Thomas en el jardín, de vez en cuando se le oía uno que otro suspiro o gesto de molestia cuando le veía que jugaba con Chleo.

Estábamos en mi estudio conversando Stella y yo acerca de las estaciones de el año, ella me contaba que sus emociones y sentimientos ella los dejaba en el violín, que cada nota eran sus sentimientos hablando, y que ella amaba la música tanto como amar la vida. Cuando hablaba de la música, parecía estar refiriéndose a alguien y a la vez a nadie en particular; nos quedamos en silencio y ella tomó un libro del estante y se puso a ver por la ventana, nuevamente retomó su lectura.

-Tengo una pregunta Keiry -dijo Stella cerrando su libro y retirándose de la ventana con aire confundido

-Sí, las que gustes -Animé a Stella preguntar con toda la confianza, para que ella se sintiera a gusto de preguntar.

-Siento mucha curiosidad por la loba que siempre está con Thomas y mi pregunta es: ¿Ella es un simple lobo o es algo sobrenatural como tú? -Bajó la mirada como si se estuviera regañando por preguntar algo absurdo. Me limité a sonreír.

-Chleo es una cambiante es decir: que ella es una humana exactamente igual que tú, pero con la diferencia que su habilidad es adoptar la forma de un animal en este caso, ella puede transformarse en un lobo como su padre, aunque no siempre es así, algunos eligen en que animal convertirse esto según como estén conectados con la naturaleza. Mientras estén bajo la magia de los cambiantes estos llegan a la madurez que son los 25 años, esto quiere decir que no envejecen, pero pueden morir en la batalla, o de una enfermedad.

Guardé silencio un instante aguardando a que ella asimilara lo que le contaba, continué hablando con voz tranquila y amable.

-Bueno Chleo salvó la vida de Thomas, cuando él se encontraba en peligro en un bosque, cuando dos cambiantes, un lobo y un oso, le atacaban al mismo tiempo y ella apareció de la nada y le salvó, esta al ayudar a un vampiro y no a sus camaradas, es como decir abiertamente que traicionaba a los suyos. Su amistad desde entonces es protegerse el uno al otro, en mi punto de vista, ella está enamorada de Thomas y él lo ha notado, como también supongo que ellos han tenido sexo más de una vez. El problema es que Thomas solo tonteará con ella, el solo se ha enamorado de Lucía y será su eterno amor, a menos de que aparezca su verdadero amor y le cambie todo su entorno.

Terminé de hablar regresando la mirada a la chica que se veía algo decepcionada y enfadada dijo algo que me causó mucha risa.

-A acaso la tal Lucía ¿tenía el culo de oro? A mi modo de ver la chica no era tan atractiva, y no veo porque madre e hijo tengan que pelear por una tipa que al final no fue para ninguno de los dos. -dijo abriendo el libro en cualquier página ocultando su rostro sonrojado,

El legado GregoryHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora