Capítulo 4 Fantasmas

8 1 0
                                        

No paraba de reírme de las ocurrencias de aquella mujer y me la estaba pasando muy bien aunque no era una felicidad completa, se podría decir que era un engaño momentáneo algo que solo iba durar el momento y quizás solo la vería esta noche y no tenía intenciones de volverla a ver. Ella y yo estábamos compitiendo para ver quién tomaba más de la botella, los invitados del desfile y de la fiesta comenzaban a irse de uno en uno o en grupos; pero allí seguíamos ella y yo en aquel balcón borrachas y riéndonos de chistes y anécdotas que la verdad no venía al caso, pero así se había prestado la noche.

Ella ya estaba muy borracha y yo decidí que era mejor llevarla a su casa y le pedí la dirección y nos fuimos dejando el lugar que ya estaba completamente vacío y me apresuré para ayudarla a entrar al carro, conduje hasta el edificio que ella me había indicado; era un edificio de siete pisos y en los balcones habían ventanales de cristal con puerta corrediza. Entramos por una puerta medio abierta y ella me guió hasta su apartamento y me pidió que pasara.

—¿Quieres que continuemos la fiesta? —preguntó con una mirada cargada de deseo y yo solo me puse de pie y caminé hacia ella y colocando mis manos en su cintura para atraerla hacia mi diciendo.

—Mejor continuemos con otro tipo de fiesta, a mí se me ocurre que podemos ir a tu cama.

Ella se limitó a sonreír y asentir en señal de aprobación, colocó sus manos en mis hombros convirtiendo el gesto en un abrazo y besó mis labios. Mis manos pasaban por debajo de su vestido el cual arranqué dejándola en lencería y caminando hasta la pequeña habitación. Luego de acostarla en la cama y admirar su belleza, pude notar que su lencería era de color vino, era de encajes bordados: me coloqué sobre ella besé su cuello desplegando mis colmillos para dar una leve mordida, para excitarle un poco más; acto seguido ella acariciaba mi cuerpo con intensidad y deseo, fui bajando con mi boca por su senos y lentamente quité su sostén y con mis manos hice lo mismo con su lencería.

Le había hecho el amor a un fantasma porque en toda la noche a la única que veía a través de esa chica era a Lucía, yo sabía que estaba haciendo mal y no me detuve, continúe hasta quedar satisfecha y dejar satisfecha a una imparable Elizabeth. La observé dormir sobre mí e introduje mis dedos en su ondulado cabello rojo y reaccioné y la acomodé en la cama dejándola dormir, me vestí y dejé un sobre con dinero y mi tarjeta con una nota que decía lo siguiente:

—Discúlpame no debí usarte de esta manera, no debí dejar que las cosas pasaran a este nivel yo lo siento, te dejo dinero por si gustas comprarte algo, aclaro que no te estoy tratando como una puta, el problema no eres tú soy yo y lo siento, en verdad lo siento.....

PD no me busques, no le preguntes a Ana por mí olvídate que existo por tu bien.

Salí de allí y me metí en mi auto y comencé a conducir a uno de mis apartamentos en la ciudad de New Orleans, ya que estaba por amanecer y lo último que quería era regresar a la mansión y escuchar comentarios y aparte no tenía la mínima intención de cruzarme con Michael y seguir cargando con la culpa que me estaba matando por dentro, quería despejarme, quizás lanzarme de un edificio y conectar con mis fantasmas.

Al llegar aparqué el carro y me dirigí al apartamento, que estaba decorado por unos cuadros que adornaban las paredes de color madera clara y un juego de sofá color negro de cuero, que eran adornados por una chimenea artificial y una mesa de centro de cristal, también había un pequeño mini bar con bebidas y botanas de todo tipo; caminé hasta la cocina donde se encontraba un refrigerador grande de dos puertas, el cual estaba lleno de comida, la cocina era una cocina de esas modernas, debo decir que Joshua diseñaba las mejores casas y apartamentos y este dejaba ver el lujo y el exquisito gusto por lo moderno.

Caminé hasta la habitación que era un espacio confortable rodeado de un hermoso ventanal como pared adornado por unas hermosas cortinas gruesas blancas; se podía observar que ya estaba amaneciendo y que las cortinas no dejaban filtrar la luz del día. Me desvestí y me di un baño sumergiéndome por completo en el agua y ojalá hubiese podido ahogarme y así acabar con mi existencia pero no fue así: salí del baño y me coloqué un pijama que asumía que era de Joshua por el color y la talla, era de color blanco y de seda.

El legado GregoryDonde viven las historias. Descúbrelo ahora