CAPÍTULO VIII: NUEVO COMIENZO

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¿Comenzar de nuevo?, ¿hablaba en serio? ¿Que hizo que su conducta hacia mi cambiara?

—¡Señor Piszczek, señor Piszczek! —hablaba cuando este se dirigía quien sabe donde. No obtuve respuesta.

¿Cómo pretendía comenzar de nuevo si me estaba ignorando?

Me sentía confundida, me había dicho hermosa, estaba de una forma realmente inofensiva ante mi. Pero seguía siendo mi enemigo y no quitaba que yo lo quisiera lejos de mi.

Aún no soportaba el hecho que me halla humillado en mi propia casa. Tal vez si soy resentida, bueno, sí lo soy, y quizá no me deje ser feliz, pero hablando en serio ¿cuándo había sido feliz?

Si todo lo que recordaba eran golpizas por parte de padre, rechazos por parte de mis hermanas y burlas por parte de mapachín y tucán.

Lo único bueno que había tenido, era Bastian. Quien hacía mis días mejores, que me demostraba su cariño día a día.

Yo sí había sufrido en mi vida, pero no me gustaba demostrarlo a nadie. Nunca me habían visto llorar ni quejarme por un problema. Creo que las personas que hacen eso solo quieren un poco de atención. Pero no los culpo, si nunca han tenido atención de nadie, supongo que es totalmente normal que exijan un poco de la que se merecen.

—Regresé—escuché la voz muy agitada del joven Tennenberg.

—¿A dónde había ido?—pregunté con curiosidad, pues me había dejado sola.

—A traer esto—me mostró entre sus manos un hermoso collar que parecía estar hecho de oro puro adornado con rubíes —. Era de mi bisabuela, me lo dio para que se lo diera a la mujer con la cual yo pudiera estar toda mi vida.

La expresión del joven Tennenberg era muy sonriente, además de agitada, parecía que hubiera estado rebuscando como loco entre todos sus cajones hasta dar con su precioso.

—¿Y para quién es?—pregunté con malicia, tratando de averiguar si esa mujer era yo.

—Trate de adivinar—. Sonrió en un tono juguetón.

—Está bien.

—Es una hermosa dama cuya sonrisa es como los rayos del sol, cuya presencia es capaz de iluminar toda una habitación en completa oscuridad. Apenas y conozco a esa dama, pero el tiempo que la he tratado me ha bastado para saber que quiero pasar toda mi vida con ella—. Me dedicó una hermosa sonrisa haciendo resaltar sus hoyuelos.

—Me ha dejado con mucha intriga de saber quién es la afortunada—sonreí pasando mis dedos por su pecho, cosa que causó nerviosismo en él.

—Es usted—volvió a sonreír con el rostro ruborizado ante mis caricias.

—Yo... No sé qué decir—hablé incrédula a su confesión.

—No diga nada, Nora, solo deje que la ame por los dos, ¡no me importa si usted no me ama tulipán en primavera! ¡Confío que mi amor es tan grande que valdrá por y para los dos!—me abrazó y sentí unas lágrimas caer por su mejilla.

—¡Es usted tan lindo conmigo Frederik! —suspiré con hipocresía—, ¡prometo tratar de amarlo!

—Deje eso para los votos matrimoniales—sonrió—por el momento debo tratar de hacer todo lo posible para obtener su amor, aunque no lo merezca en lo absoluto.

—¡Ahhh!, ¡qué bueno es usted!—suspiré fingiendo encanto.

—¡Yo la amo tanto Nora!

—Como yo—escuché la voz que en ese momento parecía decepcionado, eral señor van Dyk.

REDENCIÓNHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora