Narra Sarah.
-No te muevas de aquí.-Me ordenó él.-Voy a acabar con todo esto de una vez por todas. Te quiero, pequeña.
Me beso con cuidado la frente y me miró a los ojos.
Ojos que, segundos antes habían estado sembrados de odio, pero que, ahora, tan solo eran capaces de trasmitir dulzura y cariño.
Me sonrió con seguridad, de esa forma tan confiada que sólo él era capaz de hacer en un momento como aquel. Y cerró la puerta de madera.
¿Por qué todo esto me sonaba a despedida?
Estaba oscuro, y tenía miedo. Sólo unos tímidos rayos de luz eran capaces de colarse entre las bisagras de aquel armario.
Era estrecho, y aunque yo no era muy alta, me encontraba incómoda. Mucha ropa se arremolinaba a mis espaldas, dejándome poco espacio para acomodarme. Y, aunque en ese momento me hubiese gustado cerrar los ojos fuerte y dormir, no pude. Los ruidos del exterior eran enérgicos.
Había gritos, se caían cosas, veloces pasos de un extremo a otro del domicilio.
Yo lloraba. No sabía qué hacer, ni en qué momento podría salir del guardarropa, así que me quedé allí quieta, asustada, vulnerable y compungida.
Y de repente, silencio.
…
Con una increíble sensación de ahogo mi cuerpo reaccionó irguiéndose, de forma fortuita, de la cama, asustando a Doremi.
Todo había sido un sueño. Sólo un sueño.
Intenté calmar mi respiración que estaba realmente agitada, mi cara húmeda, probablemente de haber llorado en sueños, y la almohada mojada por el sudor.
Otra vez ese maldito sueño.
¿Cuántas veces más iba a repetirse?
Mi cabeza daba vueltas y estaba realmente mareada. Lentamente me puse en pie para poder ir a la cocina a servirme un vaso de agua.
Todo estaba oscuro, no se me ocurrió encender ninguna luz.
Cada noche lo mismo. Esa sensación de agobio, de desasosiego, de incomodidad.
Miles de pensamientos se arremolinaban en mi mente sin dejarme espacio para apartarlos.
Sus caras, sus nombres, sus ojos...
Recordaba cada una de esas cosas a la perfección, me costaba no pensar en ellas.
Descalza, andé hacia el comedor, cogí un vaso de cristal, le serví agua y me dispuse a beber de él, cuando un torpe movimiento, debido a mis más que temblorosas manos, hizo que éste cayera al suelo rompiéndose en mil pedazos.
Y tan rápido como se desplomó él, lo hice yo.
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Los polos opuestos se atraen. [FanFic elrubiusOMG]
FanfictionDicen que nunca se conoce a nadie al completo. Que cada persona es un mundo y que sus secretos más internos jamás salen a la luz. Y eso es lo que yo, Sarah Bécquer, de 21 años, espero que ocurra. Que nunca nadie llegue a conocer los fantasmas de mi...