Narra Sarah.
Siempre he sido una chica audaz así que no tardé mucho en darme cuenta de que el "evento" de hoy era, quizás, el más importante que yo había presenciado desde que estaba trabajando de empleada en la tienda, y no habían sido precisamente pocos.
Por nuestra tienda habían pasado ya todo tipo de personajes de YouTube, de los cuales solo recordaba el nombre de un par, el primero, Enrique, que me llamó la atención desde el primer momento. Sí, me parecía un tipo atractivo, con los brazos llenos de tatuajes, una gorra de la Trifuerza, el pelo rizado y una simpatía que se contagiaba. Lo que me gustó de él fue que realmente sentí que sí era un verdadero adicto de los videojuegos y no un "nini" que había tenido suerte y ahora se dedicaba a vivir una vida de ensueño subiendo un vídeo por semana a YouTube para poder costearse los gastos de su existencia.
Y por otro lado, también recuerdo el nombre de otro, Mangel, con éste sí pude hablar largo y tendido porque me asignaron ser su "chacha" mientras estaba allí, cosa que por cierto odio.
La asistenta, o "chacha" como lo llamo yo, es "la encargada de procurar que el invitado se sienta a gusto durante su visita" (todo eso lo pongo entre comillas porque son palabras textuales de mi jefe), en resumen, la encargada de llevarle agua si tiene sed, buscar bolígrafos nuevos para firmar videojuegos, papeles y demás, si los suyos se quedan sin tinta, y en resumidas cuentas, la encargada de comerle el culo al personaje en cuestión.
Pues como iba diciendo, me enfadó bastante ser la "chacha" de uno de ellos (y por "ellos" me refiero a los YouTubers) pero, cuál fue mi sorpresa, que el tal Mangel resultó parecerme hasta simpático, ya que se había criado en un pueblecito a las afueras de Granada, al igual que mi madre, y a mí siempre me ganaba el acento andaluz.
Estuvimos hablando sobre videojuegos, sobre nuestros pueblos, compartiendo anécdotas de cuando éramos niños y vivíamos allí y de la gran diferencia que hay entre Madrid y Andalucía.
Aunque debo reconocer que tampoco fue una conversación demasiado extensa ya que entre palabra y palabra tenía que estar haciéndose fotos con fans, firmando chorradas, y miles de cosas más.
-¡Venga Sarah! ¿En qué estás pensando? -bramó mi jefe- Déjate de ensoñaciones y vuelve al trabajo, tienes que ayudar a Diego a mover esa mesa, es donde se sentará nuestro querido invitado -dijo mientras un brillo relucía en sus ojos.
Ciertamente se podría decir que mi jefe estaba más que deseoso de que ese especial invitado llegase pues, él que generalmente era de carácter huraño y desagradable, hoy estaba más simpático que de costumbre, y de rato en rato una pequeña sonrisilla se le escapaba por debajo de su voluminoso bigote blanco.
Rauda y veloz corrí a auxiliar a mi compañero de trabajo, Diego, mientras intentaba, a duras penas, cargar una mesa la cual utilizaría nuestro invitado para firmar.
Diego era un chico delgaducho, muy pálido de piel, ojos claros y pelo color miel, llevaba una gafas de alambre siempre puestas y su cara llena de granos y espinillas le daban más la pinta de adolescente en pleno proceso de cambio que de chaval de 22 años.
Sin querer ser cruel, tenía pinta de haber sido el típico al que todos habían marginado en el instituto, y probablemente él se refugiaba es su Xbox y sus videojuegos para ignorar sus problemas reales.
Nunca había hablado con él de éste tema, así que esto no eran más que suposiciones, pero no suelo equivocarme muy a menudo.
Rápidamente sostuve la mesa por el otro extremo y la cargué en peso para ayudarlo.
-Debo reconocer que las tareas físicas no son mi punto fuerte.-Dijo, y soltó una risilla nerviosa.
Siempre se ponía nervioso cuando hablaba conmigo, pero no tardé mucho en darme cuenta que no era solo conmigo, si alguna vez, alguna chica se le había acercado para preguntarle algo sobre algún videojuego o para pagar, él había empezado a ponerse nervioso, balbucear, y rascarse la nuca.
Por lo que entendí, gracias a su comportamiento, no estaba muy acostumbrado a tratar con féminas.
-Tranquilo, cada uno tiene sus cualidades.-Respondí amigable.
Él me miró con cara de no estar muy de acuerdo con lo que decía, pero no se atrevió a rechistar.
-Y... ¿sabes ya quién es el afortunado que ha conseguido que éste cascarrabias sonría por primera vez en su vida?-dije susurrando mientras con un gesto de cabeza señalaba al jefe.
-Oh...creo que sí, ayer por la tarde antes de cerrar me dijo que su increíble gestión había sido aprobada y que "él" vendría para firmar sus libros aquí.-Explicó Diego.
¿Firmar sus libros? Ahora resulta que a parte de una tienda de videojuegos nos hemos convertido en una biblioteca.
-¿Qué "él"? ¿Qué libros?-pregunté exasperada.
-Cuando terminéis con esa mesa os lo explicaré todo. -Dijo mi jefe introduciéndose en la conversación por primera vez- Y gracias por lo de cascarrabias Sarah, eres todo un amor.
Mierda...me había escuchado...
A veces olvidaba ese fastidioso don que tenía mi jefe para pegar la oreja en conversaciones ajenas.
Diego me echó una mirada de apoyo y yo suspiré para mis adentros mientras depositábamos la mesa en su sitio.
Ambos nos acercamos caminando a nuestro jefe y esperamos a que éste hablara.
-Bueno chicos, como ya sabréis no me hice con la jefatura de la mejor tienda de "GAME" de España por nada, si lo hice fue gracias a mi infalible talento para los negocios. -Empezó sin parar de echarse flores.- Y, bueno, ese talento me ha llevado a conseguir que el YouTuber con más subscriptores de España venga, justo aquí, a nuestra tienda, a hacer su firma de libros.-Dijo y empezó a narrar la historia de cómo lo había conseguido, pero yo, como siempre, me perdí en mis pensamientos.
¿Libros? ¿¡Libros!? Oh Dios, ¿hasta dónde hemos llegado? ¿Ahora estos tipos también se las dan de escritores? ¿Y qué clase de libros puede escribir un tío que lo único que ha hecho en su vida ha sido jugar a videojuegos de Play y Xbox?
Yo había hecho absolutamente lo mismo durante mi vida y no me las daba de escritora...
Era algo surrealista, me negaba a creerlo, ¿un libro? Y lo peor era que la gente iba a comprar esa tremenda chorrada.
Sabía que España no estaba pasando últimamente por su mejor época económica y que la gente se exprimía la cabeza por crear negocios que le proporcionasen algo de dinero, negocios que, por lo general, acababan arruinándolos aún más de lo que ya lo estaban antes, y, que personajes como estos, que no hacían nada por la vida, escribiesen hasta libros y ganasen dinero por ello, era algo que me sacaba de mis casillas por completo.
Aún así, decidí dejar la crítica social de mi cabeza para otro momento y retomar el discurso de mi jefe.
-Y espero que lo hagáis sentir como en casa y que ninguna señorita se dedique a mirarlo con cara de pocos amigos.-Concluyó fulminándome con la mirada.
Estaba más que claro que esos tipos no me caían bien, y más de uno se había extrañado alguna vez de porqué la empleada pelirroja le miraba con cara de asco.
-Tranquilo, todo irá sobre ruedas.-Contesté e hice un esfuerzo para sonreír.
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¡Hola de nuevo! E aquí el segundo capítulo, espero que les guste, en el primer capítulo no recibí ningún comentario y ese me entristeció mucho :c
Espero recibir alguno en éste.
Arigatô!
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Los polos opuestos se atraen. [FanFic elrubiusOMG]
FanfictionDicen que nunca se conoce a nadie al completo. Que cada persona es un mundo y que sus secretos más internos jamás salen a la luz. Y eso es lo que yo, Sarah Bécquer, de 21 años, espero que ocurra. Que nunca nadie llegue a conocer los fantasmas de mi...