Capitulo 2

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Mark Ronson feat. Miley Cyrus - Nothing Breaks Like a Heart 

Martes por la mañana y he despertado con el sonido de la alarma que reposa en la mesa de noche del hotel en el que me hospedo.

Ayer mismo el general Fox se comunicó conmigo pidiéndome información acerca de la respuesta del capitán Tsergas. Tuve que decirle que estaba en una junta importante y que no pudo atenderme.

Si, ya sé que mentir no es bueno. Pero cualquiera hubiera hecho lo mismo en mi situación. Así que con un día nuevo por delante iba a iniciar la misión que me propuse.

Tratar de convencerlo de que regrese. Y me iba a importar un rábano el que fueran hasta ahora las cuatro de la mañana.

Quiero ser la primera a la que vea en sus oficinas.

Me levanto rápidamente de la cama bostezo, me encamino al baño y me cepillo los dientes cuando he aplicado la pasta dental suficiente, me doy una ducha corta mientras desenredo mis cabellos rojizos. Siempre me he preguntado el origen del color.

El abuelo decía que su madre lo tenía así, porque en toda mi familia soy la única peli roja.

Doy un largo suspiro mientras acomodo cada mechón detrás de mis orejas.

Me meto en mi uniforme y me coloco mis zapatos que brillan como siempre.

- Aquí vamos - me digo para mí misma, mientras salgo de mi habitación. Es posible que llegue cerca de las cinco y media a las empresas.

Una buena hora para esperar. Si claro...

- ¿Cadete? - escucho una voz que me detiene antes de entrar al elevador. Giro mi vista y veo al almirante Reeds en un pantalón deportivo y rascándose la cara con sueño reflejado en sus ojos-. ¿A dónde va?

- Señor - digo saludándolo-. He dicho que no acepto un No por respuesta.

El abre sus ojos de par en par y se apoya en el marco de la puerta.

- ¿Sabe qué hora es? Las cinco con diez minutos de la mañana. ¿No cree que es muy temprano?

- Nunca es temprano para cumplir órdenes señor - dijo mientras hundo el botón de elevador-. Voy a tomar el auto designado al equipo, señor.

Las puertas se cierran y miro una vez mi móvil. Se supone que hoy sería un día especial es mi cumpleaños y nadie lo ha recordado.

¿Qué no ves que son las cinco? ¿Quién demonios felicita a alguien a las cinco de la madrugada?

Tal vez mi subconsciente tenga razón.

El tráfico en Atenas es terrible. He llegado media hora después de lo que dispuse en mi tiempo.

Una vez más cruzo las puertas de aquella empresa y saludo con una sonrisa a la mujer de recepción. Me siento en uno de los muebles que hay allí dispuesta a esperarlo.

Miro unas cuantas veces el reloj, este avanza y avanza, minuto, tras minuto, tras hora.

- ¿Qué clase de jefe es este? - ya son más de las ocho y media y no llega. Y ni siquiera he desayunado.

¡Ni siquiera me han felicitado! Y el primero que lo hacía era mi tío. Bueno, él ya no está para decirme:

"Feliz cumpleaños grillo de la suerte"

De verdad lo extraño. Si no fuera por él no estaría aquí. Recordarlo sólo me hace feliz, porque sé que no le hubiera gustado verme triste y menos en mi cumpleaños.

Mientras estoy divagando en mi propia disolución veo al hombre que busco atravesar las puertas de la empresa. Esta acompañado de dos mujeres altas y delgadas. Una de cabello negro corto y la otra es una castaña.

PERFECTO TORMENTODonde viven las historias. Descúbrelo ahora