Reconciliación

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- Buenos días.- Saludó, Hermione, sonriendo al chico cuando entró en la sala de estar.

- Hola.- Saludó este de vuelta, con voz seca y sin apenas mirarla.

- ¿Todavía estás así?- Preguntó decepcionada.

- No sé de qué me hablas.- Mintió el rubio comenzando a vestirse.

- Estás así desde que terminé de cortarte el pelo ayer.

- No estoy de ninguna forma.

- Por favor, no me mientas.- Rogó poniéndole una mano en el hombro.- ¿He hecho algo malo?

El rubio no pudo aguantar más esa situación y decidió irse al baño dejando a la chica con la palabra en la boca.

Ante este hecho la castaña se sintió destrozada. ¿Qué había pasado? ¿Qué había hecho mal? Parecía que la relación entre ellos había avanzado hasta algo parecido a una amistad, pero, sin saber por qué, el Slytherin volvía a comportarse como al principio. Algo había cambiado desde ayer y no comprendía qué.

Por su parte, Malfoy estaba en el cuarto de baño, con el grifo del lavabo abierto y mirándose en el espejo, sintiéndose el ser más miserable y repugnante del mundo. La chica lo había recogido de la calle, le había salvado la vida, le había dado un hogar, y sobre todo le había brindado algo que no había tenido nunca de verdad: amistad. Y a cambio, él solo la hacía sufrir. Era consciente de que estaba empezando a sentir cosas por la castaña. Cosas que jamás había sentido por nadie y que no sabía cómo controlar. Y él, para poner tierra de por medio, había decidido volver a ser el mismo ser egoísta y despiadado de siempre.

Todavía estaba dándole vueltas a esto cuando oyó una música extraña. La música cesó y Granger empezó a hablar. Ante esto, el rubio entreabrió la puerta del baño para poder escuchar con claridad.

- Hola, mamá.- Dijo la chica, con voz todavía apagada, a lo que parecía un aparato muggle que tenía pegado a la oreja.- Sí, estoy bien. De verdad, mamá, estoy bien. Es solo que me acabo de despertar y todavía tengo la voz un poco ronca.- Informó la castaña con lo que al joven le pareció una sonrisa forzada.- ¿Irme a comer a vuestra casa?- Ante esta pregunta la leona se giró en dirección al cuarto de baño. Al estar la puerta entrecerrada no se percató de que el chico la estaba espiando.- Está bien, en un rato estoy allí. Hasta ahora, mamá.- Concluyó la chica colgando el teléfono.

Tras esto, el rubio continuaba sin salir del baño. La muchacha se dirigió a su habitación, cogió su abrigo y su bolso, y, echando otro vistazo al cuarto de baño, como si esperara que el chico saliera y le pidiera que no se fuera, abrió la puerta de casa y se marchó sin decir nada.

Se ha ido.- Pensó Draco decepcionado.- ¿Y qué esperabas, después de cómo la has tratado desde ayer?- Se preguntó, comprobando con sorpresa, que se sentía triste por la inesperada marcha de la chica.

Salió del cuarto de baño y se dirigió a la cocina. Buscó entre los armarios algo para comer, pero descubrió que no tenía hambre. En esos momentos tenía un sentimiento en su interior que nunca antes había experimentado, y la palabra que mejor conseguía describir su estado de ánimo era: vacío.

***

- Ya he llegado.- Anunció la chica, con voz apagada, colgando el bolso en el perchero que había junto a la puerta.

- Granger.- La nombró el rubio con voz somnolienta levantándose del sofá.

- Perdona, estabas durmiendo.- Se disculpó apurada. No tenía ganas de que el chico se volviera a cabrear con ella.

Amor SecretoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora