CAPITULO SIETE

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"Tu has apagado las luces y entonces yo estoy palaizado"


A la mañana siguiente Mina salio de la habitación con Manggok de la mano, mientras Hanseok aun dormía. Ambos en pijama, los rostros hinchados y el cabello un tanto desastrosos.

--¿Donde esta papá?-- pregunto el pequeño viendo a su alrededor mientras tallaba sus ojos.

--Durmiendo.

--¿Puedo deparado?

--¿Despertarlo?-- Mang asintió con la cabeza y Mina ladeo con la cabeza.--¿Deberíamos?-- volvió a asentir con la cabeza entusiasmado y la joven se limito a soltar la mano del niño dando a tender que podía ir. 

Un saludo matutino del siempre ruidoso y alegre Mang sería una buena venganza por la broma del baño.

Con un pequeño chillido de emoción  el pequeño corrió hacia la puerta de la habitación de invitados y usando todo su peso se colgó del picaportes para abrir.

En el interior Hoseok aun dormía; la mejilla posada en la almohada a la que se abrazaba y la ropa de cama cubriéndolo hasta la mitad del torso.  Curioso, Manggok entro y miro a su alrededor; la ropa de su papá estaba doblada en el sofá, sus zapatos al pie de la cama y sus chaquetas colgadas en el armario abierto.

Todo era nuevo para el pequeño y ver a su papá o su mera presencia aún le parecía algo increíble.

Siendo sigiloso fue a la mesa de noche para ver lo que había ahí; el móvil del chico, su cartera y un par de gafas de sol. Tomo estas últimas y se las coloco.

¿Ahora era appa?

Sonriendo escalo la cama hasta lograr subir y entonces sin previo aviso ni advertencia se lanzo sobre el chico cayendo de panza y despertándolo cuando se quedo sin aire.

Hoseok jadeo sorprendido.  Asustado abrió los ojos y se sobresalto al ver  un par de gafas frente a sus narices. Pero entonces fue cociente de todo y no pudo evitar sonreír al ver a Mang  que lo abrazaba y le mostraba una enorme sonrisa de diminutos dientes cuadrados. Lucia como una abeja con los lentes demasiado grandes para su pequeño rostro.

--Buenos días-- exclamo el niño.

--Hola, Mang.-- despeino su cabello y lo abrazo con fuerza. El pequeño recostó su mejilla sobre su pecho y por un segundo en el que Hoseok cerro los ojos se sintió completamente en paz y feliz.-- ¿Dormiste bien?

--Hum.-- asintió el niño y se incorporo, sentado sobre su padre.

--¿Te gustaron los lentes?

--Hum.

--¿Los quieres?

--¡¿Chincha?!

--¡Si! Pero no le digas a tu hermano, solo tengo un par.

--¡Si! Secreto. ¡Gracias, appa!-- con una gran sonrisa el pequeño se inclino al castaño y dio un pequeño beso en los labios de su papá antes de dejar la cama para correr fuera del cuarto, donde Hoseok aun estaba sorprendido por el acto.

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