Colombia 1984
Definitivamente tenía mejores planes que pasar mi sábado por la tarde metida en un asqueroso ático limpiando porquería que probablemente tiene doscientos años en este lugar, el ático es sucio, seguro tiene bichos, es miedoso y ¡ME HICE LAS UÑAS AYER!
En este momento de mi vida odio a mi padre con todo mi corazón, yo vivía feliz en Los Ángeles hasta que a este señor que se dice llamar mi padre se le ocurre la grandiosa idea de regresar a Colombia, pero no solo decide que no viviremos en un bonito departamento o una bonita casa como la gente normal, él decidió que viviríamos en una casa que tiene más de doscientos años de antigüedad.
Una gran propiedad que si se viera bonita pudiera ser una linda casa de campo de gente rica de California, pero en el estado que estaba cuando la vi por primera vez se parecía más a la mansión de Drácula. Además, no entiendo porque tengo que limpiar yo, se supone que mi papá puede encontrar gente que haga eso.
Llegamos a Bogotá hace casi un mes, pero nos habíamos estado quedando en un hotel pues tenían que hacer un millón de reparaciones a la casa, tuberías, pisos nuevos, baños, reparar puertas, quitar maleza, pintar las paredes incluso tuvieron que instalar la energía eléctrica.
Debo admitir que la casa una vez restaurada era muy hermosa, estaba a las afueras de Bogotá donde todo quedaría muy lejos en un pueblo llamado Chía, una propiedad enorme a la que solo se podía llegar por un pequeño sendero de graba bardeado con grandes setos que en ese momento estaban perfectamente cortados y acompañaban el camino hasta una Berja de metal negro donde el coche de mi padre se detuvo por unos segundos hasta que las pesadas puertas se abrieron dejándonos pasar, un poco más allá se erguía una gran estructura, que más que una casa parecía una mansión.
Una combinación entre paredes de piedra y mármol blanco con grandes ventanales, pude ver solo dos pisos y lo que parecía ser un ático, una fachada rustica con un gran porche con pilares blancos que eran antesala de una enorme puerta de madera.
—¿te gusta? —me preguntó papá— tu abuela la amo
—me gustaba más como se veía cuando tenía tema de Halloween —comenté con sarcasmo.
—vamos Dani, te dije esto es bueno para nosotros —me animó mi padre antes de salir del coche
—no, ¿sabes que es bueno para nosotros? Los ángeles —respondí una vez salí del auto— voy a necesitar un coche si esperas que viva a mil kilómetros de la civilización
—tendrás un coche ya te lo había dicho y estamos a 15 minutos de la ciudad —dijo mi padre cansinamente
—y a tres horas del centro de Bogotá —respondí
—exagerada, mejor porque no entramos y te muestro todo lo que reparamos —mi padre estaba realmente emocionado— hasta tenemos una piscina en la parte de atrás.
—que emocionante —no me quedo de otra más que seguir a mi padre hasta el interior del edificio.
Nos recibió un gigantesco umbral, las paredes interiores de la casa no eran de piedra como las exteriores, tenían un color blanco con acabaos dorados muy coloniales, en el centro del salón colgaba un gran candelabro, dos escaleras curveadas llevaban a la segunda planta y justo frente a mi había una pintura de un paisaje sobre una chimenea y dos pasillos que por lo que pude ver ambos llevaban a la parte trasera de la casa, pero eso solo era una parte de la ridículamente grande casa, justo al pie de ambas escaleras había marcos que daban a diferentes alas de la casa, a la izquierda una sala de estar que muy iluminada con grandes ventanas en las paredes y del otro daba a un gran salón cuyas paredes estaban adornadas de más obras de arte renacentistas y donde justo en el centro había un gran comedor que lucía antiguo como todo en esta casa.
ESTÁS LEYENDO
Mil Tormentas
Фанфикшн"Una tormenta por cada vida que quiero vivir a tu lado" Cuando su Padre decide alejarla de todo lo que Los Ángeles ofrece para regresar a Colombia y hacerse cargo de un hotel en la mitad de la nada Daniela siente que sus sueños quedaron completament...
