El sabor del pecado

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Colombia 1984

Sonriendo tomó el diario que ambas leíamos juntas y se puso de pie para después sentarse en la cama justo a mi lado y comenzar a leer en voz alta, llevándome de 1984 de regreso al pasado por segunda vez en un solo día.

Colombia diciembre 1825

Era una tarde fría, solo tenía permitido usar un reboso que cubriera mi espalda y brazos del helado aire del pueblo, mi mano estaba fuertemente aferrada al brazo del Sargento Rodríguez que muy amablemente se ofreció a escoltarme hasta nuestro coche de caballos que esperaba fuera de la iglesia por nosotros, el servicio dominical había terminado y mi padre acepto complacido a que fuera el sargento quien me escoltara mientras el llevaba a mi madre del brazo, yo sabía que esa acción era prácticamente para anunciarle al mundo que su hija ya estaba siendo cortejada por un soldado de noble cuna.

Por su puesto que Ernesto y yo no estábamos teniendo algo, pero eso eran simples tramites para mi padre.

—esta es nuestra presentación a la sociedad —dijo Ernesto cerca de mi oído.

—si quieres que algo se sepa, dilo o muéstralo en la iglesia —coincidí con él.

—fue mi padre quien me pidió la acompañara —confesó mientras nos deteníamos un poco para que los caballos de unos de los coches pudieran avanzar.

—¿eso quiere decir que ya no lo complace mi compañía? —pregunté fingiendo estar ofendida.

—me fastidia de sobremanera tener que charlar con vuestra exquisita personalidad señorita Cardona —comentó con aquella ironía que se había hecho costumbre entre ambos, a decir verdad, era juego con el que ambos nos burlábamos de lo que muchas veces nuestros padres nos obligaban a hacer.

Estar con Ernesto en realmente no era tan malo, es un joven apuesto, pero sobre todo es inteligente y en las pocas semanas que llevamos frecuentando se a convertido para mi en un buen amigo.

—habrá una reunión el día de mañana, están sus padres invitados y me encantaría que estuviera ahí —comentó al abrir la puerta del coche que me llevaría a casa junto con mis padres.

—¿irán mis padres? —pregunté

—tu señor padre se lo ha confirmado al mío —afirmó

—entonces seguramente este ahí —

—espero con ansias verla nuevamente señorita —dijo con una gran sonrisa en el rostro mientras me daba la mano para poder subir al coche.

Pocos minutos después mis padres subieron sentándose justo frente a mi con aquel aire de superioridad que los rodeaba siempre que veníamos a la iglesia, al poco tiempo escuché como los cascos de los caballos sonaban en las calles adoquinadas y el choche comenzaba a moverse, nuestra finca queda algo retirada del centro así que era un trayecto considerable.

Recorrí la tela de la ventana que estaba a mi lado para poder observar como la ciudad se movía a nuestro paso, vendedores de fruta ofreciendo su mercancía justo al lado de quienes pedían limosna, niños harapientos distraían a un hombre grande y gordo que vendía hogazas de pan mientras otro mas robaba el pan y huía apresurado del lugar no puede evitar sonreír ante la inteligencia de quienes mi madre llamaba "mendigos y malvivientes".

A la vez no pude evitar sentir algo de pena por esos niños, sabia que muy probablemente esos niños eran huérfanos cuyos padres murieron en los años que duró la guerra, ahora todo el mundo habla de "La Gran Colombia", pero nadie habla de lo que las guerras dejaron a su paso cuando aun éramos "la nueva granada".

Mil TormentasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora