La casa de Rouge parecía más grande de lo usual, el patio era tan colorido con sus rosas, como siempre. Como la madre de Rouge lo hubiera querido, y su padre también. La puerta de roble pintada de negro le daba un toque de elegancia a la morada, siempre con el estilo moderno que el beige le daba. Sally fue la primera en acercarse, tocó el timbre como si fuera algo natural. Mi ropa seguía manchada, pero la campera del chico me cubría en su totalidad, hasta me llegaba un poco más abajo de la cintura. El pobre animal que llevaba en mis brazos se lo llevó protección animal hacía menos de unos minutos, pero yo no lo quería dejar ir. Había muerto por mi culpa, debía enterrarlo de una manera digna, pedirle perdón cuantas veces pudiera, hasta quedarme sin voz. La culpa me carcomía por dentro, y no podía llorar. La puerta se abrió y la figura curvilínea de la vampiresa se asomó por el umbral. Su cara de sorpresa al vernos, al verme, fue como el cuadro de El Grito. Luego, al igual que Sally, fue indignación.
—¿Qué hace ella aquí? Pensé que te habías ido para siempre.—sonrió cínica. Aún no sabía cómo esa chica, con su increíble don de la belleza, que me ayudó a maquillarme para mi primera fiesta, y me invitaba a tomar el té cada domingo mientras me charlaba los últimos chismes, se había vuelto mi mayor desconocida. Realmente dolía.
—Tranquila, Rouge. Al parecer, tiene sus razones. —me defendió a medias Sally. Rouge me miró de la cabeza a los pies, para luego cerrar la puerta detrás de ella y quedarse fuera con nosotros. Sally continuó hablando.— Mina le mandó una carta, hace tiempo. Al parecer, ella no se suicidó por Rose, fue por alguien más.
—¿Cómo estás segura de eso? ¿No estarás siendo engañada?
—La letra era de Mina, estoy segura de ello. Rouge, ¿Tú no tienes el diario que compramos juntas cuando niñas?— preguntó rápidamente, pero Rouge negó con la cabeza con pena. Miré mis pies, me preguntaba qué pasaría si nunca encontrábamos el diario. Shadow no decía palabra alguna, no sabía si era porque no quería o estaba analizando la situación, al igual que yo.
—Para nada, ella no me confiaba varias cosas, y ese diario fue una de ellas. A las únicas que les confiaba algo, era a ti —señaló a Sally con su dedo índice, luego se giró y me señaló a mí.— y a ti.
—Nunca nos dio nada, solamente a Amelia, la llave del dichoso diario y una carta sin terminar.
—Sí, bueno, entiendo todo eso, ¿Pero qué hace Shadow aquí?—preguntó la vampiresa con algo de gracia. Podría responder eso, pero en el momento en que abrí mi boca, la cerré sin dejar salir las palabras. Vamos, Amelia, tu puedes.
—La persona involucrada está obsesionada con él, por eso vino conmigo. —dije rápido, procurando que se hubiera entendido. Nadie dijo nada, que chistosos. Mis nervios aumentaban con cada segundo de silencio.
—Bueno, no tengo el bendito diario, lamento no poder ayudarlos.—finalizó. Sally la saludó y Shadow levantó su mano en forma de despedida. Me miró, esperando algo, y con toda la fuerza de mi mundo, levanté la mano y sonreí, diciéndole un pequeño gracias y adiós.
Me di a vuelta sin decir nada más. Caminé unos cuantos pasos hasta llegar al cordón, realmente me dolía la actitud de Rouge. Era mi persona favorita, siempre tan radiante y bella, la admiraba demasiado. Doblé a la derecha y comencé nuevamente a caminar, en mi mente pasaban los recuerdos junto a aquella chica apasionada, las risas y los momentos que habíamos vivido en aquella época. Los campamentos escolares donde se quejaba de dormir en carpa, o las modelos en la televisión que no vestían apropiadamente, según ella. Si no quería llorar, debía caminar más rápido.
Esto se había vuelto difícil, las calles nuevas me habían desviado de mi camino original, y la verdad es que había corrido desde la casa de Rouge. Así, sola y sin compañía, me había perdido. Claramente, Shadow se iba a enojar incluso aún más. Soy una chica bastante... inútil. Luego de respirar como si me hubiera estado ahogando con algo, comencé a caminar de nuevo, pero por donde había venido. Caminé por varios minutos, pero sólo estaba dando vueltas en círculos. Traté de comunicarme con mi celular, pero la señal de Green Hills era diferente a la de Mobius, mamá, realmente debería haber cargado el celular para la señal de aquí. Dios, estoy acabada. Trataría de no entrar a ningún callejón esta vez, nadie sabría dónde estoy, y tampoco podrían encontrar mi cuerpo. Tan negativamente me iba a ir en la vida si seguía pensando así, dicen que "atraes lo que piensas". No, cálmate Amelia, no vas a lograr nada recitando frases ajenas. Miré para ambos lados antes de cruzar la calle, por seguridad vial. Al final de esta, había un chico que se me hacía familiar, pero no lograba distinguirlo, ni saber quién era. Me caí en medio de la calle, el semáforo estaba por cambiar a verde. Me levanté a los tropezones, pero mis tobillos eran bastante flexibles, más que sentir vergüenza por caerme, tenía miedo porque me atropellen.
Me levantaron por el brazo, el chico de la otra calle literalmente hizo que me pare y corra. El semáforo cambió a verde cuando di el último paso para llegar al cordón, eso había sido una gran suerte. Jadeé intensamente, tenía el corazón en la boca, pero luego me comencé a reír. Por supuesto, nada iría bien en esta ciudad del demonio. Me desplomé sobre la acera, el chico a mi lado se alarmó, y luego de una risa casi irónica, comencé a llorar. Odio este lugar, lo odio. Ya no me podía controlar, no quería que nadie me viera llorar, pero ya no aguantaba.
—¿Amelia?—escuché a mi lado, así que miré al chico junto a mí quitarse la capucha. Realmente, ¿Cuánta mala suerte podría tener?
—Tails...—lo miré asombrada. Había crecido mucho, ya no era el mismo niño que era más bajito que yo, inclusive se lo veía mucho más apuesto. Seguro que con esa fortaleza que lo rodeaba, se había podido declarar a Cream.
—Oh, por Dios, Amelia...—se tapó la boca para no parecer tan asombrado, pero la asombrada era yo. De repente su actitud cambió, frunció el ceño y me comenzó a regañar, como cuando éramos niños.—¿Cómo se te ocurre cruzar la calle así? ¿Acaso estás loca? De todas formas, ¿Qué estás haciendo aquí?—me replicó, aunque yo seguía tirada en el piso, y la gente nos veía de manera extraña. Decidí levantarme, y como si tuviera toda la fuerza de mundo y las piernas no me temblaran, me planté frente a él.
—Lamento pisar tus calles otra vez, pero vine por algo importante. Ya me tengo que ir, así que muchas gracias por ayudarme.— me di la vuelta como si me hubiera quedado algo de orgullo luego de la gran caída que había tenido. Con mis rodillas raspadas, y mis ropas desarregladas.
—Espera, Amelia. —me detuvo, pero algo era más importante que ello, otra vez me sentía perseguida por algo. A pesar de que no lo había notado, sentía que me miraban, pero esta vez no iba a entrar a ningún callejón. Preferí quedarme con Tails antes que ser atrapada, así que me volteé.— ¿A dónde estás yendo? Las calles son nuevas, dudo que sepas dónde estás.—él tenía toda la razón del mundo.
—La verdad, no lo sé. Me alejé de Shadow y Sally desde la casa de Rouge.—miré a todos lados, las intercepciones eran nuevas, las avenidas y peatonales.—Esto ha cambiado mucho desde la última vez que vine, y eso fue hace mucho tiempo. Me sorprende lo rápido que ha progresado el lugar.
—Supongo que eso pasa porque ya no somos niños, Amelia, podemos razonar el paso del tiempo como algo lento o rápido. ¿Has venido con Shadow?—preguntó. Me alegraba que no me estuviera mirando desde una perspectiva mala, sino como si fuera una persona común, una turista que se perdió en medio de la ciudad, eso era algo que me gustaba de Tails.
—Sí, estamos investigando algo juntos. Es más, creo que se va a enojar en cuanto me vea, así que, realmente no lo quiero encontrar por ahora.—expresé con una pequeña sonrisa, algo fingida. Mi ex-compañero de clase me la devolvió con tranquilidad.
—¿Quieres pasar a un café?—me miró a los ojos por primera vez en lo que llevábamos de charla.
—Sí, me gustaría descansar un poco de todo esto... ¿Me prestarías tu celular? Tengo que avisarle a Shadow dónde estoy, sino se volverá loco.—extendí la palma de mi mano y el celular fue depositado en ella. Saqué mi celular del bolsillo y marqué el número, solamente esperaba que no me regañara tanto. Uno, dos, tres pitidos, se escuchó alguien contestar la llamada.—¿Sally?—Tails me miró sorprendido, agarrándose la nuca como si estuviera incómodo.
—¿Amelia? ¿Dónde demonios estás?—me gritaron de la otra línea.
—Mira, estoy bien, ¿Dónde está Shadow?—no quería que supieran dónde iba a estar, al menos no ella, si era Shadow, sé que no dudaría en buscarme, pero en el momento en que le pida tiempo, me lo daría. Con Sally era diferente, si ella estaba algo preocupada, aunque sea un poquito por mí, vendría corriendo a cualquier lugar.
—Shadow está comprando algo de agua, corrimos por todos lados buscándote, loca.—me regañó. —Por cierto, ¿De quién es el celular?
—De Tails.—miré nuevamente al individuo a mi lado, el cual trataba de no interferir con mi llamada, mirando hacia otro lado. Seguro y escuchó los gritos de Sally, ya sabría que me estaban regañando fuertemente. Se escucharon murmullos del otro lado.
—¿Amelia, dónde estás ahora?—parecía que rugía con todo su interior, a veces, Shadow lograba colmarme el miedo.
—Escucha, necesito algo de tiempo. No puedo hacer todo esto, no al mismo tiempo.—murmuró algo sarcásticamente al otro lado de la línea. Sabía que estaba enojado, pero quería parar un poco. Eran las tres de la tarde.—Lamento haberme ido así, pero ella era la persona que más admiraba, no lo pude soportar.—mis lágrimas comenzaban a bajar de nuevo, Tails apoyó su mano en mi hombro y me susurró que ya era tiempo de que vayamos a la cafetería.
—¿Quién demonios está contigo?—cada vez notaba que la conversación era un interrogatorio, me ponía incómoda, y a mi indeseado compañero también.
—Shadow, sé que me quieres cuidar, pero no creo que sea así de necesario. Estoy con alguien que conozco, a las cuatro te volveré a llamar,—miré a Tails, él asintió confirmando eso.— luego nos volveremos a reunir para seguir con esto. Por favor, solamente necesito alejarme un poco, fue todo muy de golpe para mí.—las lágrimas que no habían desaparecido, habían parado, pero mi voz temblaba como si no hubiera un mañana. La mano de Tails seguía apoyada en mi hombro dándome algo de fuerza necesaria.
—Está bien, pero sólo quiero saber con quién estás, por si las dudas no llegas a llamar a las cuatro.—suspiró con cansancio.—Y por favor, no llores así.—quería ver el tipo de expresión que estaba haciendo, me la imaginaba, al menos podía imaginar sus ojos rubí sintiendo algo, brillando de angustia.
—Voy a estar con Tails en un café.—sonreí calmada.—Nos vemos a las cuatro, cuídate por favor, no dejes que te atrapen.
—Tu también, no te metas en callejones sola, por nada del mundo... No quiero perderte.—me susurró, suave y despacio, y lo sentí cerca mío.—Cuídate, Rose.—finalizó la llamada dejándome algo anonadada por esas palabras.
Caminamos hasta llegar a un café realmente bonito, tenía un aire de elegancia que le daba un ambiente sofisticado. Los bancos de madera rústicos, las mesas de vidrio, realmente me fascinaba el lugar. Y no pensé que Tails siguiera teniendo ese excelente gusto para estas cosas, antes podía crear cosas que nunca pensaríamos en crear, y les ponía su toque, algo elegante pero divertido. Seguía siendo el mismo que conocí en ese entonces. Aún así, me seguía sorprendiendo que no haya dicho nada ofensivo todavía, o, quizá, yo era la que sentía ofendida y quería quedar como la victima. A pesar de realmente serlo. Recuerdo que el suicidio de Mina Mongoose no fue algo llevadero, menos para Sonic y Tails, ya que ellos pasaban mucho tiempo con ella, fuera de la escuela y dentro. Casi todo el tiempo, incluso a veces llegué a pensar que eran más como una familia, Sonic y Mina, y el cuñado, Tails. Nos sentamos uno frente al otro, antes de que llegara la camarera a pedir la orden, miré hacia fuera, el lugar estaba rodeado de árboles pequeños, algo así como un jardín en miniatura. La chica que nos atendió con una encantadora sonrisa, le dejó el número de celular en la cuenta que le dio a Tails junto con los cafés y se dio la vuelta guiñándole el ojo carismática. Suspiró con cansancio, como si fuera algo que le pasara todos los días, no pude evitar contener la risa. Él me miró sorprendido, sí, bueno, hace un rato estaba llorando como si el mundo se me acabara, y ahora me estaba riendo. Lentamente, se contagió de mi risa, riendo conmigo por un buen rato, secándose las lágrimas. Lágrimas que, luego de que la risa parara, fluyeron más continuas.
—Te extrañé, pedazo de idiota.—murmuró mientras se ocultaba entre sus brazos como el niño inocente que era, el de hace mucho tiempo. Sin evitarlo, lloré otra vez. Sentía que me quedaría sin lagrimales a este paso.—Yo sé que no fuiste tú. Siempre lo supe, mi querida Amelia no haría eso, te conozco bien.—apenas lo escuchaba con esfuerzo, pero lo hacía. Él había creído en mí, lo había hecho. Me tapé la boca para no sollozar.— Lo siento mucho, lo siento por no decir nada, por no callarlos. Perdóname, Amelia, por favor, perdóname.
—No, tú no tienes la culpa de nada.—despejó su cara de sus brazos, dejándome ver esos ojos sinceros y llenos de arrepentimiento, sonreí con satisfacción.—Te perdono, aunque no haya nada que perdonar. Muchas gracias por creer en mí.—miré mis pies, sintiendo que lloraría mares, pero no de tristeza, sino de alegría y alivio, era un peso que se iba de mí. Sentí que me banco era sacudido un poco, y luego, me abrazó con fuerza.
—En serio, lamento no haber podido hacer nada. Ellos eran muchos, incluso Sonic creía que habías sido tú. Pero yo sé que Mina te quería, y tu a ella. Eras tú, la pequeña e indefensa Amelia Rose, era imposible que hayas hecho eso. Confiaba más en ti que en otra persona.
—Oh, Dios, lamento haber sido tan cobarde. Pero realmente me dolió, ellos me acusaban como si realmente hubieran visto eso en primera persona, como si hubiera hecho algo. Me tuve que ir de Green Hills, no podía con tanto, tanto tiempo de ir al psicólogo. Y realmente no quería regresar, pero, en este momento, me alegro de haberlo hecho.—me dio un beso en la frente y se quedó ahí, como si nuestros años perdidos se hubieran recuperado en un segundo, con tanta lágrima y el café a punto de enfriarse. Sonreí con nostalgia y alegría; Había recuperado un amigo entre tanta tormenta.—También te extrañé, pequeño.
Él se rió.— ¿A quién le dices pequeño? Ahora soy incluso más alto.—se hizo notar enderezándose en el banco, soltando un poco el abrazó. Nos reímos un poco los dos. Sí, ahora incluso era más alto. —¿Por qué has vuelto? Ya había perdido hasta las esperanzas de encontrarte.—me separé para poder decírselo a la cara, como correspondía.
—Mina, volví por Mina.—su cara se transformó en una de confusión.
— ¿Qué quieres decir?
— Bueno, ella me mandó una carta.—la cara de Tails era una obra de arte, entre las lagrimas que aún quedaban en su cara y que me dispuse el tiempo de secar con mi manga, y su entrecejo arrugado por la confusión, me parecía una obra al óleo. O tal vez era porque ya había pasado mucho tiempo desde que lo vi, y realmente extrañaba a mi amigo.— No pongas esa cara. Es algo complicado. Mina me mandó una última carta antes de morir, me día que la ayude, que la misma persona que la hizo suicidarse estaba obsesionada con Shadow. Que quería acabar conmigo. La carta no tenía terminación, ni sé cómo ni quién la mandó a esta altura del juego, por eso vine a Green Hills, para desenterrar a Mina del pasado y resolver su muerte. Aunque no estaba muy decidida en cuanto puse un pie en casa de Rouge.
—No pongas esa cara triste, Amy, eso duele.—apoyó su dedo índice en mi frente y la empujó suavemente.—Pero, al menos sigues aquí, que eso es algo bueno ya.
—Bueno, casi sigo aquí.—reflexioné pensativa mientras decía eso en voz alta.
—No me digas que te ha sucedido algo.— giró su cuerpo para sentarse mirándome a mí. Comenzó por inspeccionar mi cabeza con la mirada fija, luego las manos. Miró la campera con detenimiento, sabía que no era mía, era demasiado grande para ser mía, además de que la línea de ropa era para hombres. De un sólo tirón bajó la cremallera y vio toda la sangre en mi camisa. Sus ojos temblaron del terror que le provocó.—¡Oh, mi Dios, tenemos que ir a un hospital!—gritó como si estuviéramos solos, así que la gente se volteó a vernos. Instintivamente cerré la campera, rápidamente, para luego agarrar a Tails que estaba murmurando cosas como un paranoico mientras buscaba el número de urgencias en su celular.
—Te explicaré qué sucedió, pero por favor no te alarmes.
—Estás sangrando, oh, Dios, ya veo porqué estabas tan pálida.—seguía diciendo cosas, realmente se había quedado en shock.
—Tails, mírame. —agarré su cabeza y conecté su mirada con la mía.—Tranquilízate, la sangre no es mía, es de un gato.
—¿Un gato?—preguntó dudoso dejando el celular sobre la mesa. La gente volvió a lo suyo al no encontrar un chisme interesante.
—Si, fue un gato que murió en mis brazos. Entré a un callejón sola porque vi algo que me estaba llamando. Llegué al final de éste, había un pequeño gato sangrando y mi nombre escrito en la pared con la misma sangre. Tuve una charla con una sombra, es decir, la persona que motivó al suicidio a Mina, casi me mata, pero llegó Shadow y la sombra se fue. Yo estoy bien, Shadow está bien. El único que no está bien es el pequeño animalito.—expliqué mientras sostenía la taza de café en mis manos, algo tibia ya. Tails sonrió como si estuviera aliviado, pero no aún en este mundo. Seguía siendo poco resistente a la sangre y cosas así, antes no le gustaban mucho los hospitales y dudaba que eso hubiera cambiado.
—Estás loca, realmente loca.—murmuró luego de expulsar todo el aire que contuvo.
—Gracias, ya me lo habían dicho.—me tomé la libertad de bromear.
Hablamos mucho más. Con Tails siempre era fácil hacerlo, no se quedaba nunca en el pasado,sin embrago, le tuve que pedir que me contara como habían estado las cosas desde ese tiempo. Al parecer, Blaze y Silver se habían escapado de sus padres a otra ciudad lejana, pero nadie sabía con seguridad dónde estaban, los habían estado presionando y decidieron no aguantar más esa presión insoportable. Según Tails y los padres de ellos, tomaron todo el dinero que tenían ahorrado en sus casa y se fugaron un fin de semana.
Rouge había comenzado a trabajar en una tienda de cosméticos y cosas así, donde la pasaba genial con sus compañeras, o algo así le había dicho ella a él. Knuckles la iba a visitar seguido, e iba a su casa para cocinarle luego de organizar los estudios de la mañana, claro, porque había quedado en la vicepresidencia del concejo estudiantil de su secundario, por lo que se lo veía muy ocupado entre sus estudios y su cortejo. Nunca pensé que Knuckles llegaría tan lejos como la vicepresidencia de un secundario completo, pero, quién lo sabría, después de todo siempre lograba lo que se proponía. Eso era algo que admiraba profundamente de él.
Cream se había mudado con Vainilla a una zona más apartada de la ciudad, cerca de la casa de Tails por más seguridad. Vainilla impartía clases en un instituto a diez minutos de su casa caminando, mientras que Cream asistía al mismo. Al parecer, la dulzura de Vainilla seguía siendo la misma, pero era sobre-protectora con Cream, aún más desde lo que había sucedido con Mina. Trataba de controlar con quién iba a salir su hija o cosas así, a veces Cream y ella discutían por esas cosas, y luego iba llorando a la casa de Tails para desahogarse y arrepentirse de decirle esas cosas a su madre. Tails sonrió al contar eso, ahí fue cuando noté que todavía no se había declarado, ni Cream había hecha algún movimiento. Dios, lo lamento chicos.
Sonic iba a Green Hills de vez en cuando , para ver la tumba de Mina, se quedaba a dormir en la casa de Tails y regresaba al otro día a Mobius, donde asistía a una de las secundarias más grandes de la ciudad. Sin embargo, nunca supe nada de él ni sobre dónde estudiaba, a pesar de que Mobius no era tan grande. Realmente le dolía la pérdida de su novia, aún le dolía y lo demostró muy bien en la casa de su abuela, Lidia.
Me dio su número de celular, charlamos por varios minutos que se convirtieron en una hora, una hora sobre la que me enteré que las cosas no iban bien desde que Mina se suicidó, cosas que comenzaron cuando me fui de aquí. El celular de Tails sonó con un tono muy particular, algo típico de él. Contestó y comenzó a a hablar con alguien, mientras yo miraba la ventana, la gente pasaba abrigada por el frío, algunas personas estaban en bancos, donde luego se reunía un grupo saludándose con alegría y se iban juntos. Me hacían acordar a esa época. La tarde era emotiva, ya había llorado lo suficiente. Pero eso era una maldita mentira, nunca sería suficiente, no importaba cuántas veces llorara, los recuerdos de Green Hills volvían, volvían cuando estaba comiendo, cuando me duchaba o escuchaba alguna palabra en la tele. Incluso si mis padres trataban de no hablar del tema al frente de mí, era mi día a día.
—¿Vamos, Amelia?—me saco Tails de mis pensamientos, así que me levanté y puse la plata de los dos cafés en la bandeja sin que él se diera cuenta.
—Sí, espera, todavía tengo que llamar a Shadow para avisarle dónde nos tenemos que encontrar.—me levanté con la bandeja en la mano y Tails se dio cuenta.
—Alto ahí loca. Yo invité, yo pago.
—Eso no tiene nada qué ver. Recién nos encontramos, déjame hacer algo por ti.—hice un puchero que no le importó a mi acompañante, sacó la plata de la bandeja y la puso en mi bolsillo a la como venía.
—Eso es lo que yo debería decir. Déjame hacer algo por ti, por todo ese tiempo en el que no lo hice.—sonrió. Extrañaba a esta persona. Tomó la bandeja y se la dio a la chica que nos atendió, la cual me miraba con desprecio de arriba a abajo. Ah, cierto, tuvimos un momento emocional muy fuerte. Le sonreí con toda la maldad del mundo.
—¿Vamos? —tomé del brazo a mi amigo, el cual me sonrió de lleno y con algo de gracia. Acarició mi pelo negando con la cabeza.
—Por supuesto, a donde quieras.—salimos del local riéndonos bajito de la chica del café. Aunque sentí un poco de pena, pero sólo un poquito. Mi compañero aquí presente, seguía amando a una sola chica; Cream.
—Oh, por cierto, ¿Me prestarías tu celular? Tengo que llamar a Shadow.—le pedí con amabilidad.
—Descuida, ya me llamó él. Tenemos que ir a la plaza cerca al hotel donde te estás hospedando, él iba a venir desde allí.
—Gracias.—sonreí agradecida, pero por poder estar en buenos términos con él, otra vez.
Aunque las calles hacia el hotel me fueron fáciles de reconocer, seguimos hasta una plaza donde los niños jugaban en el pasto y las mujeres se preocupaban porque los dichosos niños se sacaran la campera. Todavía tomaba del brazo a Tails, ya que él tenía miedo de que me volviera a caer, aún después de explicarle porque me había caído en primera instancia, se negó rotundamente. No me quejé mucho, tampoco era como si me pareciera extraño, era algo que hacíamos naturalmente antes. Sin embargo, los sentimientos un poquitos incómodos me invadían en ciertos trayectos del camino. Sally y Shadow estaban en un banco conversando, estaban tranquilos, no se los veía abrumados y eso me intranquilizaba a mí. Tails lo notó, así que nos detuvimos antes de llegar a ellos, porque luego no sabría si podría volver a verlo, tampoco dije nada.
—Quiero que me seas totalmente sincera.—asentí mirándolo sólo a él, porque sino mi sinceridad no sería la misma.—Te sientes atraída por Shadow.—mis orejas ardieron. No pude ni siquiera negarlo, porque no fue una pregunta, sino una afirmación. Asentí, lentamente. Él sonrió pícaro.—Miren a la gran Amelia Rose, ya hasta tiene un amado.
—Por favor, no te burles.—escondí mi cara en su pecho, buscando que nadie me viera, ni siquiera él.
—Oh, vamos, hace mucho que no podía hacerlo... Y no sé cuándo lo podré volver a hacer.—disminuyó el tono de voz a medida que lo decía. Decidí mirarlo, su carita era de puro y auténtico dolor.—Tu no vas a querer volver a Green Hills, así que realmente no sé cuándo podré volver a verte. No quisiera que te tuvieras que ir ahora, aún tengo muchas cosas que contarte, de todos estos años, y hay cosas que quiero que me cuentes. No eres la misma Amelia que conocí en la primaria, te has vuelto muy fuerte, eres valiente. Pero aún sigues siendo dulce y sincera con todo lo que te rodea, y arrugas la nariz cuando algo te molesta. Me hubiera encantado que Cream te pudiera ver ahora, seguramente comprendería todo.
—Prometo tratar de volver. Por favor, no me vuelvas a olvidar.—mencioné a la vez que sostenía su mano con fuerza. Ahora era mi único amigo aquí, la única persona que confió en mí cuando nadie más lo hacía.
—No, no tienes que volver, sólo... Sólo llámame y yo iré a ti, no hace falta que te rompas más de lo que ya estás. Prometo escribirte siempre que pueda, no me voy a olvidar de ti. En todos estos años que viví arrepentido de no haberte ayudado, en ningún momento, me olvidé de ti.—me abrazó con fuerza. Y yo lo abracé aún más fuerte, escuchando algún que otro sonido de huesos sonando, como cuando te levantas y te suena la columna. Nos separamos nuevamente. Le extendí mi meñique.
—¿Lo prometes?—y él enredó su dedo con el mío sonriendo.
—Lo prometo.
—Lamento interrumpirles el momento, pero es tiempo de que sigamos.—la burbuja de comodidad se me pinchó en cuanto el de ojos rubí interpuso su mano entre las nuestras.
—Oh, hola Shadow, que bonito verte por aquí.—sonrió amable Tails, pero fue una sonrisa rechazada por el aquí presente.—A ti también Sally.
—Hola, Tails, que... confuso verte aquí.—ella si le devolvió la sonrisa con algo de amabilidad mezclada con incomodidad.
—Bueno, supongo que me tengo que ir.—habló dándose la vuelta, para desparramar mis pelos por toda mi cara y reír.—Por favor cuídate, Amy.
—Tu también.
En cuanto Tails desapareció de mi vista, no me quise dar la vuelta. Me estaban mirando los dos, me iban a regañar, otra vez, y a Shadow le había tocado el bichito de la inconformidad. Santa María, yo sólo quería escaparme un ratito y tranquilizarme, pero me salió el tiro por la culata.Tomé todo el aire que pude, giré sobre mis talones y pregunté.
—¿Cuál es la próxima casa a visitar?
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Bien, quiero decir que me puse muy sentimental, Tails, en mi mente, nunca podría ser alguien que no razonara las cosas, por lo que sería muy raro que no lo hiciera en este caso.
Espero que les haya gustado :D
El próximo capítulo ya será la noche del hotel (♥)
Besos, abrazos y los leo. Os amo♥º♥
Pd: Fueron 4663 palabras, yo no lo puedo creer. Perdón que sea tan largo D:
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Amancay. (Shadamy)
Random¿Haz visto que tu amor se va de a poco y con cada decepción? Nada es lo que parece, y cuando todo es feliz, algo viene y arruina esa felicidad que antes te ponía una hermosa sonrisa. El amor verdadero se esconde atrás de una máscara para salir a la...