Especial Año Nuevo

128 12 7
                                    


La mañana resultó ser más fresca de lo que esperábamos. Organizábamos la cena de Año Nuevo, mientras escuchábamos canciones de un rapero llamado Brock Ansiolítiko, uno de mis favoritos. Tails, quien se estaba quedando en mi casa, adornaba la casa por dentro y por fuera, con hermosas luces de colores que se desvanecían lento. El animado zorrito, a pesar de escuchar música clásica, se movía al ritmo de la canción. Nunca pensé que iría a llegar de la nada a mi casa, pero parece que Cream se había ido con su familia a Station Square, por lo que se quedaría solo. Por suerte mi familia también nos habían dejado la casa para irse a Ciudad Capital, así que no hubo inconvenientes en alojarlo por unos días. El único inconveniente fue el erizo azabache que no dejaba mi casa desde que se enteró que Tails iba a quedarse. Por supuesto, no tenía ningún problema, dormíamos juntos, pero desaparecía en el día y volvía por la noche, y eso me preocupaba. 
Traté de concentrarme en el tiramisú que estaba amoldando. "Todo está bien, Amy", me traté de dar ánimos. El timbre del horno sonó, mientras que el pequeño botoncito que Tails le instaló a último momento a  la tapa, saltó sorprendiéndome. Eso significaba que las tartas estaban listas para ser sacadas. Oh, sí se preguntan por la carne, se estaba preparando el fuego afuera para asarla en unas horas más, eso lo haría Shadow. 

 —Amelia, ¿Dónde están los pimientos?—preguntó la ardilla a la vez que se paraba de puntas de pie para fijarse en la alacena superior. 

—Están junto a el pote de orégano, junto a el comino. —le respondí mientras ponía un trapo encima de las tartas, y así esperar a que se enfríen adecuadamente. 

—Gracias.—respondió y volvió a su lugar de trabajo. 

Se preguntarán qué hace esa chica en mi casa, pues bien. Shadow la invitó, así tan claro como el agua. Parece que Sally necesitaba realizar algunos asuntos en Mobius, y se encontró con Shadow, a lo cual él la invitó como la buena gente que es. Y que eso último sea sarcasmo. Aunque, realmente no me importaba, no me estaba tratando mal, y el silencio era tapado por las canciones de Brock. Sally había sido mi mejor amiga, y habían cosas de ella que no habían cambiad, sin embrago, yo sí cambié, y no sabría cómo eso le afectaría. Así como Tails me aceptó, quisiera que ella también lo haga, a pesar de todo lo que pasó. Dejé de darle vueltas al asunto, agarré la rejilla, y comencé a limpiar la mesa y quitar los floreros dejándolos en la habitación contigua. Abrí uno de esos turrones de maní que tanto me gustaban por su dulzura, y lo partí en varios pedazos. Le ofrecí a Sally, luego busqué al intrépido zorro colgado del techo, le ayudé a bajar y le di varios pedacitos, no quería que sintiera hambre luego de haber trabajado tanto en adornar la casa entera. Busqué a Shadow, pero no lo encontraba por ningún lado, no estaba ni adentro ni fuera de la casa. Luego de unos minutos, me rendí y le guardé su parte. 
Me hacía gracia, Navidad había tan solo hace una semana, y ya debíamos organizar de nuevo todo. Sí, pasamos Navidad juntos también, menos por Sally, ella había llegado hace pocos días. Esa sí que fue una noche de puro goce, nos quedamos hasta tarde, especialmente Shadow y yo, mientras que Tails dormía, nos saludamos entre nosotros, porque era muy diferente estar con él a solas que en compañía. Al otro día, limpiar fue algo extenuante, habían botellas de todo tipo, ya que no habíamos sido tan solo tres personas; Ari, Wan, Flor, Alex, los mellizos, todos estábamos ahí, celebrando. Fue una noche loca, que terminó muy tarde. Tails estaba muy cansado, nunca se imaginó el desastre que podían ser mis amigos, y claro, tomó por primera vez más de la cuenta. Me siento una mala influencia, pero qué se le podía hacer, el vodka es muy traicionero, y con el juego del Uno, fue para peor. Por suerte, tenía experiencia en limpiar la casa luego de estas fiestas, así que fue exhaustivo pero rápido. Al rato, Shadow apareció con una cara de amargado total, mientras  que maldecía a todo el mundo, inclusive a mí. Tails bajó al mismo tiempo con la cara lavada, mientras que se agarraba la cabeza con mucha fuerza y casi, casi, lloraba arrepentido de haber tomado tanto. Les serví un café bien cargado, y un vasito de limón con bicarbonato. Apoyé las galletas caseras frente a ellos, y pusieron una cara de ansiedad terrible. A eso de las cinco de la tarde, tuve que cocinar más porque se las habían acabado todas. En todo eso, no podía parar de reír. 

Amancay. (Shadamy)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora