Abrí mis ojos lentamente, mientras que me acostumbraba a la luz del día. La alarma sonaba insistentemente, así que la apagué. Dando un bostezo traté de levantarme de la cama, pero algo me detuvo; me dolía como el infierno mismo la cadera. Dios, ¡Cómo dolía! Miré a mi costado al azabache, que dormía profundamente, con su brazo que use de almohada, y que se veía acalambrado. Y me acordé, me acordé de anoche y lo que nos dijimos, lo que hicimos... ¡Qué vergüenza! Aún tenía la sensación de su tacto en mi cuerpo, y esas dulces caricias que, por Satán, se sintieron bien. Sin embargo, no sabía cómo mirarlo a la cara, es decir, anoche me confesé, y fui correspondida, pero no sabría cómo actuar, ¿Éramos amantes? ¿Pareja? ¿En qué diablos quedamos? Mierda, no lo sabía. Me giré a verlo, estaba tan dormido que... Ah, demonios, no importaba qué éramos ahora, con tal de quedarme y poder ver esta escena siempre, podíamos ser lo que quisiéramos. Realmente ya no importaba nada, mientras que esos ojos se quedaran en mi vida por siempre, hasta que envejezca y muera en paz.
Tomé mi celular para sacarle una foto a aquel hombre pasivo que estaba a mi lado, pero es que se veía muy hermoso. Muy hermoso. Abrí la cámara, saqué la foto sin flash con temor a que se despierte, y luego fui a la galería para apreciarla mejor. Mi vista se desvió a la hora, y pegué un salto cuando me fijé que faltaba media hora para que el tren de Green Hills a Mobius saliera de la estación.—Oh, mierda. —susurré a la nada, y luego comencé a zarandear al ente junto a mí.— Dios, Shadow, despierta, llegaremos tarde. —Shadow se movió hacia el otro lado.
—¿Qué pasa, pesada?—murmuró con molestia. Me miró y se sentó sobre la cama. Se quedó viendo las sábanas, parecía estar pensando, luego me miró a mí, y de vuelta a la sábana. Un pequeño y casi invisible sonrojo se expandió por sus mejillas. Y ahí fue cuando volví a sentir la vergüenza correrme las venas, la cara me ardía.— Buenos días, Rose.
Lo miré, a pesar de que me sentía tímida.— Buenos días.—él sonrió, fue una sonrisa muy inocente, de esas que te atraviesan profundo. Tomó mi mano, y depositó un beso en el dorso.—Shadow, nos perderemos el tren a Mobius.
Shadow miró la ventana y asintió. Agarré mi ropa de la punta de la cama, tapándome con las sábanas y el cubrecama, a lo que Shadow se rió estruendosamente, y, sonriéndome, me dijo: — ¿Por qué te cubres, sí ya lo vi todo de ti?
—Cállate.—di vuelta mi cara para que no viera la mueca rara que estaba haciendo. La pequeña risa de Shadow sonó cálida y feliz, así como me sentía.
Corrimos calle abajo buscando las avenidas más cercanas para llegar a la estación de trenes, con mi cadera dolida y todo el equipaje, llegamos a tiempo para abordar el tren. Cuando nos sentamos, instantáneamente, Shadow se durmió apoyado en mi hombro, con los brazos cruzados, y como en el viaje anterior, volví a mirar como nos alejábamos de la ciudad maldita. Bueno, quizá ya no tan maldita. Acaricié un poco la cabeza de Shadow, y vi los árboles cambiar de tamaño, de cubierta, de especie. Y me dormí.
Llegamos a eso del comienzo de la tarde, mamá nos recibió en la entrada, y nos sirvió el almuerzo. Me comentó que papá se había ido otra vez a una reunión con otro grupo de la zona, y que volvía otra vez tarde. Más tarde, mamá se fue a hacer las compras, y Shadow a su casa, dejándome pensar allí, sola, en mi cama. Sí bien había que seguir buscando ese diario, y Sonic no era la persona que más me quería ver, suponía que descansar por un día estaría bien, después de todo, habían pasado muchas cosas. Demasiadas emociones. Ahora que recuerdo, nosotros lo hicimos anoche, con una protección que no tengo ni idea de dónde la sacó, pero me sentiría más segura después de comprar una pastilla. Sólo por sí las dudas.
Tomé mi abrigo, y las llaves de casa con mi billetera, luego salí. El clima se había vuelto un poco más frío que antes, se había acoplado al viento de hace unos días. A veces parecía verano, y otras invierno, Mobius tenía cambios climáticos muy radicales. Pasé por mini-super, compré una botella de agua y me dirigí a la farmacia más cercana, no quería caminar tanto. Al llegar, y que la empleada me preguntará qué buscaba, no supe cómo decirle que quería anticonceptivos. La mayor vergüenza de mi vida. Bueno, la empleada sólo sonrió con gracia, y me cobró la pastilla. Inmediatamente salí y la tomé, tirando la tableta en algún lugar cercano. Me acerqué al parque cercano a casa, ese donde le dije a Shadow lo que estaba pasando, un día antes de ir a Green Hill. Las bancas que, se suponía, eran blancas, ahora estaban de un color raro, mezclado con algo de suciedad, pero igualmente me senté ahí, luego iría a casa y me bañaría. Tomé varios sorbos de mi botella y suspiré. "Quiero ver a Shadow", pensé. Luego quité el pensamiento, es decir, nos habíamos separado hace relativamente poco, pero aún así, me gustaría poder pasar un tiempo más con él.
Estos sentimientos románticos me iban a llevar a la ruina, no sé porqué, pero lo presentía. Me tiré en el apoyo del banco con demasiada fuerza, estiré mis brazos hacia el cielo, y troné mi espalda. Sentía que estaba muy agotada, a pesar de no hacer nada. Los bajé, y observé como un niño jugaba con un perro en el arenero del parque, inconscientemente sonreí. Quisiera tener una familia unida, es decir, cuando me case con alguien y tengamos hijos, ser una familia que no pueda ser separada por nadie ni nada. Sería lindo, y decir que ese era un sueño es poco, anhelaba tener alguien a quien enseñar y alguien con quien compartir mi vida, mis inseguridades y todo. Ojalá eso pudiera ser con Shadow, pero es que no puedo ser clarividente para saber qué va a pasar, y sé que nada es para siempre, pero ojalá pudiera ser.
Tan atrapada quedé, soñando despierta, que no me di cuenta que se había hecho la noche, y que la tarde se me había pasado entre ese tipo de pensamientos, imaginando todo tipo de historias que podrían pasar. Me paré del banco, dispuesta a irme a casa, cuando mi celular sonó, con un número desconocido. Fruncí el ceño y contesté.
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Amancay. (Shadamy)
Losowe¿Haz visto que tu amor se va de a poco y con cada decepción? Nada es lo que parece, y cuando todo es feliz, algo viene y arruina esa felicidad que antes te ponía una hermosa sonrisa. El amor verdadero se esconde atrás de una máscara para salir a la...