2

268 49 0
                                        

Crowley salió decidido esa tarde, ya habían pasado 4 semanas desde que se había inscrito a un taller de repostería para sorprender a Aziraphale y aun no lograba dominar del todo las artes de la cocina, aunque definitivamente había hecho prominentes avances según decía su maestra. Subió a su Bentley y comenzó a manejar en dirección a los suburbios donde había conseguido las clases; gracias a la maravillosa tecnología hecha por humanos, había usado Facebook para contactar el taller, que era impartido por una joven no vidente. Suena algo descabellado que alguien que no pudiera ver, lograra enseñar a otros, pero como decían Dios obra de formas misteriosas y el hecho de que fuera ciega no era un impedimento para que sus alumnos pudieran aprender. Lo primero que hicieron fue un queque que a Crowley no le subió, quedando plano y denso en su molde, lo segundo fue un kuchen que se le quemó por estar demasiado tiempo en el horno, la tercera semana se habían adentrado en el mundo de los pies y esta vez había salido algo más airoso que en sus trabajos anteriores; para la cuarta semana, cuando hicieron pan, fue cuando fue felicitado por primera vez. La maestra dijo que tenía manos especiales, pues el calor que emanaba de ellas hacía que la levadura fermentara más rápido y de mejor manera que los demás, y el resultado fueron unos hermosos panes amasados que compartieron entre todos en la clase. Esta clase sería especial, puesto que por lo que había dicho la maestra, harían crepas, la motivación de ingresar a ese taller era poder hacer el postre para Aziraphale, él siempre lo invitaba a almorzar y sentía que debía retribuirlo de alguna manera. El Bentley se deslizó veloz entre las calles en el camino ya conocido, pero la escena que recibió al demonio no fue la de costumbre. La cuadra donde se encontraba el taller estaba cerrada, acordonada por la policía, había olor a humo por el lugar y con la misma cara de desconcierto pudo encontrar a sus compañeros de clases.

- Crowley, cariño, que horrible acontecimiento ha pasado – La señora Muñoz le apretó las manos con la voz quebrada por la tragedia – Hubo una fuga de gas, se ha perdido todo- Cuando finalizó la frase, rompió en llanto.

El demonio miró al cielo con el ceño fruncido pensando que esta obra debía de ser de Ella, tratando de hacer su vida miserable, o alguno de los suyos, truncando el pequeño rincón de felicidad que habían encontrado un puñado de humanos al hacer pasteles.

- ¿Se sabe algo de Elizabeth? - Crowley de pronto notó la ausencia de su maestra.

- La policía no nos quiere decir nada querido, solo a familiares, hemos estado mirando, intentando ver si la divisamos o si escuchamos su bastón, pero no hemos podido lograr nada- La señora Muñoz le apuntó a los oficiales que estaban más adelante.

Esto no iba a quedar así, a él sí que le iban a responder. Iba caminando con su contoneo de siempre hacia los oficiales cuando sintió que alguien lo llamaba por su nombre, una voz demasiado familiar como para no saber de quien se trataba.

Crazy Little thing called loveWhere stories live. Discover now