Por más que insistía en llamar a Aziraphale, el ángel no le contestaba, ya había intentado hacerlo más de 6 veces y el resultado era el mismo: buzón de voz.
El Bentley lo tuvo en cosa de minutos en el hospital central, se bajó y caminó presuroso al mesón de informaciones, lugar en donde al comienzo la recepcionista se mostró reacia a atenderlo, pero luego de un chasquido de sus dedos, le había dado el número de habitación. La forma más eficiente de llegar al lugar sin tener que "manipular" a quien viera para que lo dejara en paz era si se disfrazaba como uno más del hospital, sin dudarlo dos veces hizo sonar sus dedos y se dirigió a la habitación. Caminó presuroso haciendo que sus pisadas resonaran por los blancos pasillos estériles, más de alguno de los funcionarios lo vio, pero no hizo ningún comentario pues se mezclaba con el entorno. Su respiración estaba agitada, una mezcla entre ansiedad, temor y la prisa que tenía por llegar a verla.
A medida que avanzaba por los laberínticos pasillos del hospital seguía intentando llamar a Aziraphale sin tener ninguna respuesta. Comenzó a fijarse en los números de las habitaciones, estaba en el ala de alta complejidad pues en emergencia habían logrado estabilizarla. 505...506...507, finalmente la había encontrado. Cuando llegó a su habitación la vio tendida en la cama, conectada a tubos y máquinas. La mitad de su rostro estaba vendado, dejando ver solo parte de sus labios y mentón. Su boca entreabierta por la maquina que la hacía respirar hacía que su tórax se inflara rítmicamente, de manera artificial. el resto de su cuerpo se encontraba en las mismas condiciones: envuelto en vendas blancas. Crowley no necesitaba saber de medicina para saber que estaba pasando, su cuerpo sentía las vibraciones del de Elizabeth y sólo indicaban una cosa. Su alma estaba por abandona su cuerpo.
Llamó nuevamente a su amigo, necesitaba salvarla, estaba en aquella situación sólo porque había decidido tomar clases de repostería para sorprenderlo, para poder retribuir todo lo que el ángel significaba en su vida, para mostrarle que el también podía hacerlo feliz; y por culpa de ello ahora su profesora de repostería moriría. Sintió que el tono de marcado finalmente se detenía y al no escuchar nada desde el otro lado comenzó a hablar.
- Ángel, al fin me contestas, necesito de tu ayuda urgente. – Intentó sonar despreocupado, pero al escucharse supo que no había podido lograrlo.
- ¿Qué sucede, amigo mío? – Al menos Aziraphale le contestaba con premura.
- Ven lo más rápido al hospital central, te necesito, no tengo a quien más acudir. – y antes que pudiera decir otra cosa, el demonio cortó. Volvió a mirar a su maestra mientras centraba sus pensamientos en que no se rindiera, que aguantara un poco más hasta que el ángel llegara e hiciera un milagro, uno de esos que sólo él podía hacer.
Un doctor salió de la habitación y se dirigió a Crowley luego de mirarlo de arriba abajo.
-Enfermera ¿Ashtoreth?- El médico dijo esta última palabra muy lentamente, tratando de pronunciarla sin equivocarse mientras leía su credencial. – Necesito que entre con la paciente y registre sus signos vitales. Ya hemos hecho todo lo que está en nuestro alcance, ahora depende de ella si se quedará con nosotros o no.
Crowley entró casi de manera ceremoniosa a la sala, quería decirle a Elizabeth que lo sentía, que quería arreglarlo, que luchara, pero no pudo, su cuerpo humano sólo le dio una respuesta ante tantas emociones que trataba de reprimir.
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Crazy Little thing called love
FanfictionDespués del fracasado Armagedon los seres Aziraphale y Crowley quedaron temporalmente cesantes. Sus respectivos jefes habían decidido darles una especie de vacaciones luego de que ambos hubieran sobrevivido a lo que debía haberlos aniquilado. Ambos...
