The Hunter (segunda parte).

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Era el día perfecto; Rachel iría de caza, pero no cualquier caza, estaba dispuesta a acabar con el cazador. Como su padre tenía turnos de noche en el lugar donde trabajaba aprovecharía el momento para escaparse y regresar antes del alba, ella conocía el bosque tan bien como cualquiera en el pueblo, su padre hacia tiempo había sido un cazador muy conocido, era el mejor, no había siervo, conejo o cualquier otro animal en el bosque que lograra escaparse de sus manos; ella por ser hija unica muchas veces lo acompañaba, así que el bosque no era un lugar extraño. Rachel era felíz, a pesar que su hogar no estaba completo su alegría a simple vista permanecía; sus padres se habían separado hace un tiempo, Rachel no sabía la razón pero la respetaba como si la conociera, su madre se fue del pueblo pero le dijo que podía visitarla cuando ella quisiera, le dejo la dirección de la residencia y desapareció.

Rachel comprendía el asunto, no era una niña pequeña que lloraba por la separación de sus padres, tenía diecinueve años y comprendía perfectamente que era la decisión que ellos habían tomado, que seguirían siendo sus padres y eso jamás cambiaría. Ella tenía planeado visitar a su madre al terminar la temporada de otoño, cuando todo esto acabara, era necesario alejarse un poco de aquella felicidad que el cazador había profanado en el pueblo, ya no era el lugar acogedor de siempre, Rachel también necesitaba el cariño materno aunque su padre nunca la había tratado mal, siempre había sido su niña como él le decía, la amaba con tanta devoción y la protegia demasiado que el jamás hubiera permitido que ella saliera de noche y menos que se adentrara al bosque, debía aprovechar la ocasión que se le presentaba, "es ahora o nunca" pensó.

Se armó de valor, tomó todo lo necesario y salió de su casa dispuesta a regresar con vida, quería vivir pero no podía olvidar lo que pasaba en el pueblo, no podía parecerse a los demás, ella había nacido en ese lugar como la mayoria y no era justo que el pueblo sufriera más por ese cazador; y si por alguna razón no podía regresar, por lo menos quería intentarlo, no es justo darte por vencido si no lo has dado todo por cumplirlo.

Se adentró en el bosque, caminaba sigilosamente, su padre le había enseñado a como hacerlo perfectamente; se movía con tanta facilidad por el lugar, lo conocía como la palma de su mano, pasó por varios lugares que le hicieron recordar su infancia querida, aquella infancia tan linda que vivió al lado de su padre en ese lugar, el fuerte que habían construido muchos años atrás aún seguía erguido en el hermoso ciprés pero ahora era hogar de algún animal del bosque, el rio que pasaban de regreso a casa seguía fluyendo tal cual jamás hubiera pasado el tiempo, a pesar del frío tan atroz que rodeaba el lugar, el agua de ese rio siempre era termal. Tantos recuerdos hermosos la obligaron a brotar algunas lagrimas de esos bellos ojos avellanados.

Caminó por algunas horas sin encontrar respuestas, ella sabía que el cazador primero observaba sus presas días antes de cazarlas; estaba exhausta, creyó que jamás lo encontraría pero el cazador cometió un grave error, andaba muy cerca del lugar donde ella se encontraba y un accidente lo llevaría a la muerte segura, se escuchó el crujir de una rama y Rachel sabía que ese ruido provenía de unas botas.

Estaba de espaldas, el sabía que alguién andaba detrás de él, clamaba por que esa persona no escuchará el ruido que había echo al pisar la rama. Rachel estaba lista y asustada, usaba flechas no solo por lo cómodo que era transportarse con ellas si no por lo sigilosas que podían ser al dispararse, el cazador jamás vería venir una flecha, solo sentiría traspasar su cuerpo y caería tendido en el suelo.

Apuntó el arma directo al cazador, estiró lo más que pudo el arco y la lanzó sin vacilar, el cazador salió corriendo al sentir el aire rozar su oreja, Rachel había fallado, probablemente había perdido su única oportunidad, se odiaba así mismo por no haber acertado; sin pensarlo dos veces salió detrás del cazador como una sicópata, ya no le importaba nada más que matar al cazador, si su padre se enteraba que se había escapado o peor aún, si nunca regresaba con vida, eso ya no le importaba, la sangre le hervía por todo el cuerpo y el corazón le palpitaba a más no poder, sus ojos, sus lindos ojos color miel se habían dilatado he irradiaban odio en lugar de amor, Rachel no era Rachel, necesitaba matar al cazador para volver a ser la misma de antes, esto tenía que acabar...

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