Le pisaba los talones, estaba tan cerca de lo que ella más añoraba, no recordaba la última vez que anhelo algo con tanto fervor, amhalayaba la muerte del cazador.
Sacó su cuchillo del cinturón, y corrió con más fuerza, estaba a punto de conseguirlo; era algo extraño, el cazador nunca se volteó para defenderse, no luchó como ella creyó que lo haría, perecía que no era el hombre correcto, pero si lo era, de lo contrario hubiera gritado para alertar que estaba en peligro.
Cuando estuvo a punto de doblar en una esquina, el cazador tropezó con una roca y cayó en un barranco que estaba en el lugar, probablemente se había roto la pierna y algunas costillas por el golpe, por fín todo acabaría.
Rachel bajo cuidadosamente guardandose el cuchillo y se cubrió el rostro con un pasamontañas, quería reconocer al cazador pero no quería que el la reconociera a ella, era algo ilógico, estudios Sicológicos mencionan que la mayoria de secuestradores que cubren sus rostros resaltan una clara señal que no tienen pensado asesinar a su víctima, a diferencia de aquellos que la descubren, saben que mataran a su víctima y no podrá recordar su rostro nunca más; pero Rachel lo necesitaba, le era repugnante la idea de tener que recibir una mirada directa de esa persona a la cual mataría.
Cuando estuvo bajo el barranco lo vió perfectamente, estaba recostado en un árbol, se había resignado, esperaba la muerte segura como alguién que espera un destino premeditado, merecía pagar por todo lo que había hecho.
Rachel se acercó poco a poco, ya tenía el arco con una flecha en las manos pero no divisaba exactamente el rostro del cazador que tanto daño había hecho en el pueblo.
La cacería por fín había terminado; era una noche fría, la niebla se dejaba ver en cada rincón, algunos animales del bosque la observaban mientras ella apuntaba con lagrimas en sus ojos una flecha con su arco en la sien de aquel cazador, ella había prometido no llorar pero era imposible, la escena que estaba viviendo la recordaría por siempre, era desgarradora. Ya no más, estaba a punto terminar, ella pudo hacerlo sufrir como el lo hacía con aquellas presas indefensas pero eso era rebajarse a su nivel, quería terminar ya.
No paraba de llorar y lamentarse, padre e hija lloraban mutuamente, ella jamás imaginó lo que estaba viendo ó talvez nunca quiso aceptar lo que muy en el fondo creyó, no quería aceptarlo; todo cuadraba perfectamente en el papel, su padre, un hombre robusto de 40 años, conocía el bosque como la palma de su mano, además, su casa era accesible y nadie sospecharía, nadie, ni siquiera su hija...
Cuando por fín se atrevió a hablar fue aún peor:
-Mi niña (entre lagrimas y lamentos) perdón, perdón, anda y acaba con esto de una vez por todas, solo dime que me perdonas (mientras lloraba).
Rachel no sabía que hacer, la impitencia le dolia tanto como enferemedad en los huesos; en el fondo quería matar al causante de tanto dolor de una vez por todas ¡pero era su padre! Aquel que siempre estuvo con ella, tantos cumpleaños, tantos recuerdos, tantos momentos felices, Rachel no sabía que hacer.
Cuando estaba a punto de bajar el arco y renunciar a todo, denunciarlo a la policia y que recibiera su pago como los hombres lo dictaminan, sus manos sudaban tanto que por accidente soltó la flecha justo donde apuntaba, en la sien, esta vez no falló. Rachel soltó un grito desgarrador y se tiró en los brazos de su padre que yacía muerto debajo del árbol, no podía creer lo que había hecho, lloró como nunca antes había llorado, el alba comenzaba a divisarse en el oriente.
Los policias lo encontrarón más tarde donde Rachel lo dejó, estaba frio como un cubo de hielo y aún se observaban las lagrimas que habían quedado esparcidad en su ropa, como rocío matutino habían quedado impregnadas para siempre en el frio del bosque. Nunca se supo quien lo mató, siempre se pensó que su muerte había sido un accidente, Rachel no se entregó, las muertes de presas inocentes cesaron de una vez por todas, todo el pueblo pensó que el asesino se había ido del lugar temiendo por su vida, nunca se comprobó que las muertes habían sido culpa del padre de Rachel así que el pudo ser recordado como la buena persona que fue en vida y no por los errores cometidos al final de ella.
Fue enterrado en el cementerio del lugar, la mayoria del pueblo asistió, Rachel estuvo callada todo el tiempo y todos en el pueblo sintieron la tristeza que ella transmitía, el último día de otoño había llegado, el frio se alejaba y la noche caía sobre todo lo que se encontraba, el día había terminado.
Rachel abandonó el pueblo y nadie sospechó nada, siempre se creyó que ella no había soportado la muerte de su padre y que por ese motivo había decidido vivir con su madre; aquel otoño nunca se olvidaría, tanto dolor, tanto sufrimiento se vivió en esa estación que quedaria marcada en el corazón de cada una de las personas del pueblo.
Las gélidas noches de frio, las lagrimas congeladas en la ropa y el tiempo, el dolor que prorrumpía en ocasiones jamás se olvidaría.
El mismo recuerdo se lamentaba por poseer esa historia en su memoria, esa dura estación de otoño en donde las calles estaban infestadas de pálidas hojas y el frío gobernaba cada rincón de ese lugar.
16 de julio de 2019.
F.E.
NOTA:
Amalhayar:el deseo vehemente de algo
Prorrumpír:proferir (pronunciar palabras o sonidos violentamente) repentinamente una demostración de dolor o pasión.
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Silencio...
Ficción General¿Que ironía no? Llamarle silencio aquellas palabras que resuenan dentro, palabras que no pudiste pronunciar, palabras que hacen eco una y otra vez cerrando el ciclo y volviendo a comenzar; un círculo vicioso. No era egoísmo pero siempre quise guarda...
