Mientras yo retrocedía, él abanzaba como león en acecho de su presa. Estaba a menos de medio metro, cuando en mi intento de volver a salir corriendo, él me toma por la muñeca.
-¿A donde crees que vas jovencita? -Dice tomándome de la cintura y acercándome a él- Ni creas que te libras de esta.
Yo no hago más que reir, pues toda esta situación produce que no deje de hacerlo.
-Ya, déjalo así, estamos a mano. -Digo sintiendo como mi sonrisa se va borrando de apoco y una ola de nervios y espectativa inunda mi sistema debido a la cercanía y a su intenso aroma a colonia de hombre.
-Selena... yo... -Suelta Marcelo, pero lo escucho lejos ya que aún sigo perdida en todo lo que estoy sintiendo.
Mis manos, como si tuvieran vida propia, fueron a enredarse en su cuello y sin pensarlo, sin despegar mi vista de la de él, me acerqué más.
Marcelo, por su parte, me terminó por aprisionar entre su amplio pecho y sus brazos. Su aroma podía sentirlo como iba haciendo estragos en mi, nublando la parte racional.
De pronto, su vista rompió contactado con la mia y pude observar que la fijaba en mis labios, los cuales comenzaron a hormiguear deseando que se juntaran.
Como si escuchara mis pensamientos, Marcelo comenzó a bajar su cabeza y yo sin poder evitarlo cerré mis ojos a la expectativa de que ocurriera.
Podía sentir su aliento a chocolate pegándome de lleno y logrando que la poca cordura que me quedaba se esfumara.
Podía sentir como la expectativa crecía segundo a segundo, a medida que él iba acercando sus labios a los míos.
Ya se encontraba a escasos centímetros, cuando de pronto, un ruido nos sacó de nuestro letargo, rompiendo la burbuja que se había formado y haciendo que por instinto nos separaramos, rompiendo así el contacto y que la parte racional tomara las riendas.
-Hola. -Dice Marcelo al teléfono, totalmente serio, nada que ver a la persona que tan solo minutos atrás, se encontraba a mi lado- De acuerdo, en un rato ando por allá.
Luego de esto, cortó la llamada y me miró sin que su expresión haya cambiado.
-Vamos. Tengo cosas que hacer.
-De acuerdo.
Sin pronunciar palabra alguna sobre lo que acababa de ocurrir, nos encaminamos al auto. Luego de haber subido, Marcelo se colocó la remera y con los cinturones puestos, nos pusimos en marcha, cada cual, asimilando internamente lo que acababa de ocurrir.
Me sentía totalmente confundida. Jamás había visto con otros ojos a Marcelo. Ni en mis más locos sueños se me hubiera ocurrido la posibilidad de besarlo. Sabía que lo que estábamos por hacer estaba mal, pues él, es el mejor amigo de mi primo y no estaba bien lo que estábamos por hacer. Estefan es como mi hermano, no lo quiero lastimar más de lo que ya está. Además, Marcelo está enamorado de alguien más y no tengo en mis planes salir lastimada, ya bastante tuve con Damián.
Cuando llegamos a mi edificio, me saqué el cinturón y me giré.
-¿Quieres cambiarte? -Pregunto intentando sonar tranquila- Tengo ropa de Estefan que quizas te sirva.
-Si, gracias. -Responde Marcelo quitándose también el cinturón.
Ya en casa, fui derecho a mi ropero y saqué una remera básica con cuello redondo.
-Toma. -Digo entregandole la remera.
-Gracias. -Responde sin mirarme.
-Marcelo, lo de hoy... -Intento hablar, pero me corta.
-Déjalo asi, no pasó nada. -Dice terminándose de arreglar- No pasó nada y así es mejor.
Yo aún me sentía confundida y frustrada. Confundida, porque no se que fue lo que pasó, como fue que llegamos a eso y frustrada por no habernos besado. Aún tengo frescas las sensaciones que recorrieron mi cuerpo.
-Me voy. -Dice cuando termina de meter su propia remera dentro de una bolsa- Cualquier cosa que ocurra con Estefan me llamas.
-Si, descuida. -Respondo yendo hacia la puerta- Gracias... por lo de hoy, lo pasé muy bien.
-Yo también.
Se acercó levemente a mi para depositar un beso en mi mejilla, provocando que cerrara los ojos por unos milisegundos y disfrutara del leve contacto.
Cuando se apartó, yo debí desviar mi mirada, después de lo ocurrido en el parque me sentía alterada.
-Nos vemos luego. -Soltó saliendo rumbo al ascensor.
-Adios. -Respondo y cierro la puerta una vez que él se pierde tras las puertas del aparato.
Ya sola, comencé a ordenar un poco, necesitaba concentrarme y dejar de pensar en lo de hace un rato.
ESTÁS LEYENDO
El mejor amigo de mi primo.
Storie d'AmoreTengo un secreto. Me gusta alguien que está completamente prohibido para mí. No debería mirarlo de esa manera. No debería sentir mariposas cada vez que se acerca. Y, sobre todo, no debería enamorarme de él. Pero ¿qué puedo hacer si el hombre que ocu...
