5.

408 40 2
                                        

Ya era lunes otra vez. De vuelta a la rutina. Lo que duró el resto del fin de semana, no supe nada de Marcelo. Supongo que es mejor asi. Hubiese sido un error si nos hubiéramos besado, él es el mejor amigo de mi primo, crecimos los tres juntos, si bien como dije, jamás lo vi con otros ojos, si me dolió cuando me enteré que estaba enamorado de una chica, incluso hoy en día seguía, según él, enamorado de ella, pero por lo que hablamos, ella no sé da cuenta y hay veces que me enoja, por que no sabe la persona maravillosa que se está perdiendo por ciega.

Luego de entrar en la empresa, me dirigí a la oficina de mi primo. El domingo no había sabido nada de él.

Al llegar al piso, fui derecho hasta su oficina.

-Buen día Abigail. -Saludo-¿Ya llegó mi primo?

-Si, hace una hora llegó.

Sin decir nada más, tomé el pomo de la puerta y lo giré. Al entrar, lo encontré sentado en su sillón frente al ordenador.

-Estefan. -Digo acercándome.

-Selena. -Respondió sin verme.

-Vine a ver como estas.

-Estoy bien. -Dice cortante.

Aunque intentaba demostrar tranquilidad, sabía que estaba angustiado.

-Fui hasta su casa, -Habló de pronto, en su voz se notaba la tristeza- pero no me atendió. De hecho parece que se fue.

Yo sabía que Maite se había mudado.

-Tranquilo, ya pronto las cosas van a mejorar.

Luego de serciorarme de que estaría bien, fui hasta mi piso. Entré a mi despacho lurgo de haber saludado a Ana, mi secretaria y una vez terminé de acomodarme, comencé con mi trabajo.

Estaba a mitad de revisar unos documentos, cuando llamaron a la puerta.

-Disculple señorita Alvarado. -Dice Ana una cez que doy permiso de pasar- Aquí está el señor Ruiz, dice que quiere hablar con usted.

-Dile que pase.

-Enseguida.

Estaba por irse cuando la frené.

-Y Ana...

-¿Si?

-¿Qué es eso de señorita? Tenemos la misma edad. Además hace tres años que trabajamos juntas, no hacen falta las formas.

Ambas reímos.

-Disculpa Selena. -Se retracta con una sonrisa.

-Así está mejor.

Salió mi secretaria e ingresó el hombre quien me dejó totalmente confundida el fin de semana.

-Hola Marcelo. -Digo sintiendo como una especie de anciedad comienza a trepar por mi organismo. Jamás me había pasado y no sabía como catalogarlo, si como bueno o como malo- ¿Qué te trae por acá?

-Necesito hacer algo y lo haré antes de arrepentirme de haber venido hasta aquí.

Sin poder pronunciar palabra, observé como se acercó a mi, me tomó por la cintura acercándome a él y pegándome a su pecho, haciendo que su coloña y su aliento a menta impactara en mi rostro. De pronto las mismas sensaciones que tuve el sábado volvieron intencificadas.

-¿Qué... que haces? -Pregunto intentando inútilmente que mi voz salga normal.

-Algo que hace rato tengo ganas de hacer. -Respondiendo y dejándome más confundida se lo que estaba.

Sin poder terminar de procesar lo que dijo, me terminó por acercar y plantó sus labios en los míos, provocando que mis terminaciones nerviosas se pusieran sensibles y receptivas. Al principio no respondí, no podía creer que esto estuviera pasando. No podía creer que él y yo nos estuviéramos besando.
Cuando sentí que cambió de posición, con la intención de profundizar el beso, como si algo se activara en mi, logró que comenzara a responder.

Sin perder tiempo, ingresó su lengua en mi cavidad bucal y eso terminó de perderme. Su sabor era exquisito, lo sentí como si fuera agua en el desierto, inundando todo a su paso.

Tras un breve momento, sentí que sus manos me soltaban, solo para posarse a cada lado de mi rostro. Su boca por otro lado, fue tejiendo una red, la cual me fue envolviendo en una mezcla de asombro, ganas de seguir probando y otras sensaciones que eran más profundas de analizar en este momento.

Mis manos, una vez más, como si tuvieran vida propia, se enredaron al rededor de su cuello atrayendolo más y sin que lo pudiera evitar, un gemido brotó de mi garganta, que solo logró que Marcelo terminara de arrasar con todo a su paso.

Estábamos tan inmersos en la burbuja que habíamos creado, que solo reaccionamos en donde nos encontrábamos, cuando alguien me llamó por mi nombre desde el otro lado de la puerta.

-Un momento. -Digo arreglandome apresuradamente.

Respiré varias veces para calmar mi alocado corazón, que aestas alturas cabalgaba desenfrenadamente y tecuperar el aliento.

-Yo... con permiso. -Habló por primera vez Marcelo llamando mi atención. Al verlo, noté que su semblante cambió, una especie de culpa hizo acto de presencia, eso solo bastó para caer en cuenta de lo que habiamos hecho. La culpa automáticamente comenzó a hacer estragos en mi. Le habíamos, no en ramidad era yo quien de había fallado a Estefan al dejar que Marcelo me besara y lo peor de todo era que me había gustado- Tengo cosas que hacer.

Y como había entrado, salió de mi oficina.

-Dime Ana. -Digo intentando que mi sonrisa sea genuina- ¿Qué ocurre?

-En dos minutos tienes reunión en la sala de juntas.

-De acuerdo vamos.

El mejor amigo de mi primo. Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora