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-Estefan está muy mal. -Dice sin despegar la vista del camino.

-Está pagando la mala desicion de haberse acostado con la estúpida de la rusa. -Digo recordando cuando me enteré de que Maite había cancelado la boda.

-Él la ama y por miedo a eso lo hizo.

-Nada lo justifica. -Digo resoplando- Maite sufrió mucho, aún lo hace. Ambos se aman, pero mi primo tomó una muy mala desición.

-¿Y vos? ¿Aún sufrís por lo de Damián?

-¿Qué tengo que ver yo en todo esto? -Pregunto intentando desviar la pregunta anterior. 

-Nada, solo es una pregunta.

-Ya no. -Respondo mirando por la ventanilla- Ya asumí que no podremos estar juntos. Él se casó hace poco con aquella chica por orden de su padre.

Lo que temíamos Damián y yo era especial, único, pero todo terminó cuando aquella tarde llegó a casa diciendo que su padre lo había prometido con la hija de uno de los mayores inversores de su empresa. Al principio costó salir de aquella depresión, pues lo amaba como a nadie, fue mi primer novio, mi primero en todo. Hacía cinco meses que se había casado. Me había enviado la invitación, por masoquista fui a ver como otra se llevaba lo que era mío, dolió el corazón al escucharlo decir "Acepto", por lo que me fui minutos antes de que terminara la ceremonia, aquel día acepté que ya no había vuelta atrás.

-¿Y vos? -Digo volteando a verlo.

-Yo bien, esperando a que ella me note. -Dice con una sonrisa, la cual logro que yo también sonriera.

-Espero lo haga. -Digo- Así te tranquiliza un poco.

Ambos reimos.

-Que no soy tan molesto.

-Nooo, -Digo burlándome- ¿Y lo de ayer que fue?

-Eso fue por que me gusta verte molesta. -Dice con una sonrisa mostrando sus perfectos dientes. Yo sin poder evitarlo le revolví el pelo, cosa que sé no le agrada.

-Esa me la pagarás enana. -Dice mientras estaciona frente a un restaurante italiano.

-Siii, claro. -Respondo mientras veo como desciende del auto para ir hasta mi puerta y abrirla.

Me ayuda a descender y una vez que colca la alarma entramos en el local. Tomamos asiento al lado de uno de los ventanales emormes que daban al patio trasero donde también habían mesas.

Una vez que nos traen el pedido, seguimos hablando de cualquier tema.

-Tienes algo aquí. -Dice Marcelo señalandome, por lo que con la servilleta intento quitar la mancha.

-No, aún la tienes. -Dice levantándose levemente de su asiento- A ver déjame a mi.

Acercó su mano a la comisura de mi boca y con su pulgar quitó la mancha, probocando que mi cuerpo se estremesiera y mi respiración se cortara por un segundo.

-Ya esta. -Dice volviendo a su lugar y a mi devolviendome a la realidad.

-Gra... Gracias. -Respondo acomodándome un mechon detrás de mi oreja algo conmocionada.

-Ya te pusiste nerviosa. -Se burla.

-Nada que ver. Eso es lo que quisieras.

Le tiro la servilleta a modo de juego dándole en el pecho.

-¿Van a pedir algo más?-Pregunta el mozo retirando los platos vacíos.

-Por ahora eso es todo. -Responde Marcelo- Traiga la cuenta.

-Enseguida señor.

Mientras esperábamos que el mozo nos cobrara, seguimos tonteando.

-¿Qué dices si vamos por un helado? -Pregunta sabiendo que es mi postre favorito.

-Sabes que a eso no me puedo negar. -Respondo con una sonrisa.

Había veces que me hacía pensar que me conocía mejor que yo misma.

Luego de pagar, fuimos hasta una heladería.

-Deme uno de chololate y otro de vainilla. -Le indica Marcelo al vendedor y yo solo sonrío.

Ya, con nuestros helados en mano, salimos de allí y caminamos hasta el parque que se encontraba en frente.

Mientras caminábamos en silencio y comíamos nuestros helados, veía como los niños jugaban en los juegos. De pronto y sin que viera lo que Marcelo estaba a punto de hacer, me mancho la mejilla con su helado. 

-¿Pero que...? -Digo asombrada sin creer que lo haya hecho.

-Yo lo... lo siento. -Dice confundido, por lo visto esperaba otra reacción de mi parte- Déjame yo te limpio.

Mientras sentía como me quitaba el helado de la mejilla con su pañuelo, no me pude resistir más, sin pronunciar palabra, levanté mi mano, la cual tenía el helado y le manché la nariz con el.

-Ahora si estamos a mano. -Le digo sin poder contener más la risa.

-Eso es trampa enana. -Dice ahora limitándose él con el pañuelo- Ahora vas a ver.

Como si fuesemos dos pequeños más, comenzamos a correr y a reír llamando la atención de las personas, yo intentando escapar de él y él intentando alcanzarme.

Ya estaba bastante agitada y con falta de aire por lo que no le costó mucho alcanzarme. Yo aún reía como niña pequeña.

-Ahora veremos si sigues riendo. -Suelta y como si fuera una niña pequeña, me cargó sobre su hombro.

-Sueltame. -Digo removiendome para que me soltara.

-No. -Responde y se que está sonriendo por el tono.

-Que me sueltes Marcelo Esteban Ruíz. -Le ordeno una vez más simulando enojo, cosa que no me enojaba, sino que me estaba comenzando a gustar el que me molestara.

-He dicho que no. -Responde firme una vez más. 

Estaba por hacer una rabieta, cuando el foco de las travesuras se encendió. Con mi mano libre, tomé el borde de su remera y luego de levantarla, introduje mi mano con el helado y se lo aplasté en la espalda, cosa que hizo que del frío brusco contra la piel me soltara.

-SELENA MARIAN ALVARADO, JURO QUE ESTAS ME LAS PAGARAS. -Dijo quitándose la remera dejando al secubierto su trabajado abdomen, que si bien estaba acostumbrada a verlo, ahora provocó que se me atascara la respiración.

-Eso es lo que ganas por no hacer caso.- Respondí retrocediendo varios pasos.

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Hola gente bella, acá les dejo un nuevo capítulo. Espero que les guste. No se olviden de dejarle una 🌟 a Selena y  Marcelo, así más gente conoce su historia.

                  With love Eli❤

El mejor amigo de mi primo. Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora