006 | Namjoon

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Nam en este capítulo me recuerda a este peligroso

—Oye, Nam, los chicos quieren ir a tomarse unas copas después del trabajo

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—Oye, Nam, los chicos quieren ir a tomarse unas copas después del trabajo. ¿Te apuntas?

No me lo pienso dos veces antes de asentir. Estoy por lanzarme encima de Jungkook y darle las gracias por librarme del suplicio que implica encerrarse nueve horas entre paredes blancas y toneladas de papeles con números. Ser un contable común y corriente nunca formó parte de mis ambiciones. Sin embargo, desde que estudié la carrera de Administración y me especialicé en Contabilidad, mi recorrido laboral ha tomado un rumbo bastante predecible.

La empresa en la que trabajo no es un ejemplo de transparencia ni mucho menos promueve el sindicalismo, pero no está mal del todo. No me hacen trabajar los fines de semana, lo cual es un cambio drástico para mí. En mi antigua compañía pasaba más horas en el despacho que en mi propio departamento. Me pagaban mucho más que aquí, no lo voy a negar, pero no valía la pena si no me dejaban disfrutar de ese dinero. Además, no compartíamos principios y eso me llevó finalmente a presentar mi renuncia.

Si tuviera que poner alguna pega en mi trabajo actual, diría que todavía hago horas extras y eso llega a ser extenuante. Por esta razón agradezco cuando Jungkook me socorre con alguna de sus joviales propuestas. Siempre implican escaquearnos de nuestras funciones y hacen la jornada más llevadera. A día de hoy puedo decir que estoy a gusto en mi puesto y sin ganas de buscar otro empleo.

A pesar de lo que pueda creer mi familia, trabajo en una compañía de prestigio. Es estadounidense, tiene cierta relevancia a nivel mundial y se dedica a la producción textil. Hace poco se me asignó un proyecto importante de parte del CEO, lo cual es una oportunidad de oro.

Sé que, si los impresiono, lograré que me tengan en cuenta para el próximo puesto de dirección. No puedo fastidiarla. Confío en que todo irá bien, aunque me resulta imposible no sentirme presionado. Tomar algo en compañía de mis amigos no parece una mala idea, hace semanas que no me llevo una gota de alcohol a la boca.

Mi mejor amigo, Jeon Jungkook, toma asiento a mi lado en cuanto escucha mi afirmación.

—¿Sabes? Farah y yo nos vamos a casar.

—Enhorabuena —lo felicito, con los ojos abiertos como platos. Apenas llevan un año saliendo, así que no me lo esperaba en absoluto—. ¿Me invitarás a tu boda? —bromeo, aunque si me lo confirma doy por sentado que así será.

—¿A ti? ¿Y que mi prometida se enamore de tu altura y tu porte? Paso.

—Si me interesaran lo más mínimo las mujeres, podrías preocuparte —respondo, esbozando una sonrisa socarrona.

—¡Tienes razón! A veces se me olvida que no te va el pescado.

Despego la mirada del ordenador antes de contestar:

—El pescado me encanta. Lo que no me gustan son las vaginas.

Mi amigo niega divertido por mi respuesta desvergonzada. Yo aprendí hace años que tengo que ser así de directo para tratar ciertos temas. Uno de ellos está más que abarcado y no me gusta irme por las ramas cuando se habla de ello. Así que sí, soy gay, maricón perdido y no tengo vergüenza alguna en gritarlo con megáfono en mano por las calles de Seúl si hace falta.

Costuras | Namjin Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora