—¡Seokjin!
El rostro de Yoona resplandece de ilusión al verme. Ella se acerca y deposita un beso corto en mis labios, sus ojos redondos destellan de emoción cuando se aleja. Parece un poco avergonzada por su osadía, ya que no estamos acostumbrados a besarnos en lugares públicos. Vivimos en un país reservado, donde los jóvenes, aún hoy, cambian de canal en cuanto aparece una escena subida de tono en presencia de sus padres.
—¿Qué tal has estado?
—Agotada, mi superior no me ha dejado en toda la semana.
Yoona sigue comentando el transcurso de sus días en su ajetreado trabajo, sin embargo, apenas puedo concentrarme. Todavía siento la penetrante mirada del joven con traje que, anteriormente, me repasó de arriba abajo sin vacilación alguna. Después de pensarlo unos escasos segundos, tiro la servilleta en medio del bullicio y, al recogerla del suelo, aprovecho para voltearme y mirarlo. Él sonríe al percatarse de mi acción, y yo simplemente me incorporo para continuar hablando con mi pareja.
Es evidente que le gusta lo que ve. Me inquieta pensar en ello, pero debo admitir que me resulta intrigante la forma en que un joven atractivo y aparentemente adinerado parece interesado en mí. Es joven, tal vez tenga unos treinta años. Su rostro no es común, sus facciones profundas lo vuelven inconfundible; ojos muy rasgados, nariz perfilada y labios gruesos.
—¿Lo conoces? —interviene mi novia, tras darse cuenta de nuestras miradas furtivas.
Ella parece perdida. Mira en dirección al chico, que sonríe de vuelta hacia nosotros.
—Qué va.
—No deja de mirarte.
—No sé, quizá lo conozco y no lo recuerdo. Mejor lo ignoramos.
Yoona me dedica una sonrisa, conforme con mi propuesta, pues no parece interesada en nadie más que yo, es evidente que me ha echado muchísimo de menos. Yo también, aunque sea menos evidente. Su rostro redondo resalta unas mejillas mullidas, suaves como las de un bebé. En respuesta, le acaricio la mejilla con un deje de ternura.
—¿Adelgazaste? —pregunta, preocupada, al fijarse en la mano con la que toqué su rostro.
—No es verdad. —Tal vez sí adelgacé medio kilo… o un kilo… algo así.
—Creo que si te dejara solo, te morirías de hambre por no cocinar.
—Culpable —digo en tono jocoso. Yoona niega sin remedio—. Lo intento, de verdad que sí, pero ya sabes que siempre termina en tragedia. Me alimento a base de ramen, arroz, verduras pochas y, a veces, gracias a lo que conseguís para mí mi hermano y tú.
—Si nos casáramos, haría que te volvieras gordo.
Quiero pensar que solo es un comentario inofensivo, sin ninguna intención detrás; no obstante, la sola mención del matrimonio me estremece y hace que mi estómago se revuelva debido a las náuseas.
—No es verdad, no tendrías tiempo con tu trabajo para eso. Además, tiraría la comida a escondidas —respondo con una mueca desenfadada, rogando que mi novia no se percate de mi repudio.
—¡Eh! ¡No te atreverías a tirar mi comida! —Yoona me golpea para reclamarme en broma.
—¡El puñetazo sobraba! —espeto, sobreactuando. De este modo, pretendo que mi corazón no punzó de puro terror.
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Costuras | Namjin
FanficPalestina libre 🇵🇸 • Ganadora de los Carrot Awards 2020 • Ganadora de los Premios Versalles 2021, segundo lugar en FanFic • Ganadora del Concurso Wattlas 2021 -No seas así, Jin. -Nos miramos fijamente, él parece pedir misericordia mientras que y...
