>>The8<<

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—Joven MingHao, queda bajo arresto por el asesinato del joven Yoon JeongHan—.

The8 volteó rápidamente hacia el lugar de donde provenía la voz y comenzó a levantarse lentamente. Sus ojos empezaron a aguarse y su respiración a intensificarse.

Lo tomaron de las muñecas y colocaron dos círculos metálicos alrededor de ellas, dejando un roce un poco brusco. Las lágrimas que ya habían comenzado a caer, eran imposibles de limpiar por su falta de movilidad y MingHao comenzó a inhalar y exhalar continuamente para intentar tranquilizarse.

Fue llevado hacia una celda la cual estaba habilitada por un hombre. Lo dejaron allí en medio de sus lágrimas y se sujetó de las rejas con fuerza.

—Yo... no lo hice... ¡¡Yo no lo hice!!— su voz se quebró, agachó la cabeza y su llanto aumentó de ritmo.

Se separó lentamente de los barrotes y deslizó su espalda sobre una pared. Sintió el helado tacto a través de la tela y un escalofrío recorrió su espina dorsal. Cayó desplomado en el suelo sin ganas de moverse, sollozó por un rato más y luego todo quedó en silencio.

El hombre que estaba allí lo miraba con pena, pero nunca se atrevió a dirigirle la palabra.

Al cabo de unas horas, ambos estaban conscientes de la presencia del otro pero actuaban como si se encontraran ellos solos ahí encerrados.

Lo cual era un pequeño alivio para Hao, no estaba de ánimos para lidiar con nadie.

Se dirigió hacia la litera y se recostó, comenzó a cavilar, pensaba en muchas cosas del mundo exterior que se irían al demonio sin él.

Su familia era una de ellas.

¿Qué iba a ser ahora de su madre?

Él no podría cuidarla, él no podría pagar sus tratamientos, no podía velar por ella...

Ya no podría apoyar a su padre, y este iba a quedar decepcionado cuando se enterara que su hijo estaba en la cárcel por asesino.

Comenzó a pensar que sus progenitores seguro se llevarán un gran disgusto, y que seguro otras familias adineradas comenzarían a denigrarlos. Él no quería eso.

Él no quería que pensaran mal de él, y mucho menos que su familia pagara las consecuencias. No entendía por qué lo encerraron, él no era el culpable, no lo era.

Sus lágrimas empezaron a aparecer de nuevo, y en silencio su llanto se hizo presente. Hasta que no aguantó más y se quedó dormido con sus labios hinchados y su nariz enrojecida.

[Seis meses después]

MingHao se hallaba sólo en una mesa, no quería tocar su comida y solo la revolvía para matar el tiempo.

Últimamente estaba desganado, no quería comer y solo dormía. Sus huesos se marcaban mucho más y podían distinguirse desde lejos. Sus ojos presentaban notables bolsas debajo y su piel estaba casi anémica.

Ya no quería nada, nada le entretenía, nada lo apasionaba. Esas cuatro paredes lo estaban matando lentamente y él solo quería acabar con eso de una vez. Él quería morir.

Terminó la hora del almuerzo y se dirigió a su celda con pasos pesados.

Siempre era la misma rutina, ni siquiera había intentado socializar con otros chicos de allí. Apenas intercambiaba algunas palabras con su compañero de celda, y era más que todo para quitar la molesta sensación de sequedad en su garganta.

Se recostó sobre el colchón, dándole la espalda a la celda y al cabo de diez minutos escuchó como un montón de llaves se mecían con frenesí.

Se giró y observó confundido como un guardia comenzaba a abrir la celda.

—Joven Xú, queda libre, puede retirarse— anunció.

MingHao lo miró perplejo y no lograba bajar de su cómoda, temía que todo fuera una broma—¿C-cómo es que...?— tartamudeó.

El guardia se hizo a un lado y dejó ver una silueta que en todo este tiempo había estado detrás de él. MingHao no podía creer lo que veía, tuvo que pestañar varias veces y frotó sus ojos que habían empezado a aguarse.

Salió corriendo de allí sin pensarlo dos veces y abrazó a la persona que tenía en frente, a la persona que al parecer lo había salvado.

—MingHao, hijo mío...— su padre comenzó a acariciar el cabello del menor quién estaba sollozando sobre su camiseta— Ya estoy aquí, todo está bien...— tranquilizó.

Hao sonó su nariz, se apartó y miró a su padre sin sentir vergüenza por las lágrimas que salían a borbotones— ¿Cómo lo hiciste papá? ¿Cómo sabías que era inocente?— sollozó.

El hombre lo miró enternecido y respondió— Porque confío en ti, MingHao, y sé que serías incapaz de cometer ese delito.— le dirigió una sonrisa reconfortante.

—Debió haberte costado millones sacarme de aquí... ¿Cómo lo lograste?— preguntó al mismo tiempo que limpiaba una lágrima que ya se deslizaba por su mentón.

—Vendí muchas cosas, muchísimas. Trabajé duro y conseguí un buen abogado, Hao—.

MingHao comenzó a sollozar más y habló— ¿Qué vendiste papá?... No tenías por qué... Lo lamento tanto— musitó en un hilo de voz.

—Quedamos sin nada. Pero, tú vales más que cualquier objeto material, hijo mío. Eres lo más preciado que tengo...— los ojos del hombre se aguaron y tomó la mano de su hijo, apretándola fuertemente. MingHao le regaló una cálida sonrisa.

—¡Papá! ¿Qué hay de mamá? ¿Cómo has pagado sus tratamientos? No saben lo mucho que sufrí por no poder estar con ella para apoyarla... ¿Está mejorando? Espero que no haya agarrado un estrés innecesario por mi culpa— hizo un puchero y miró expectante a su padre en busca de respuestas. El señor bajó la mirada y comenzó a jugar con sus manos las cuales temblaban, MingHao supo que algo no iba bien. Empezó a sentir un sentimiento terrible e incontrolable en su estómago y sus lágrimas no se detenían.

—Tu madre murió, Hao.—

Lo siento, The8 no es el verdadero responsable. Vuelve al inicio de la historia, piensa bien tus electrónica y ¡halla al mentiroso!

Final malo #9

Halla Al Mentiroso [SEVENTEEN]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora