2.03

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Yo nunca fui boy scout, pero siempre estuve completamente de acuerdo con su lema de que hay que estar preparado. La preparación era, en gran parte, la causa de que mi negocio fuera tan exitoso. También era el motivo de que ninguno de mis sumisos hubiese utilizado su palabra de seguridad.

Si la gente estuviera más preparada, el mundo funcionaría mucho mejor. Y por eso pasé parte de la tarde del miércoles en mi joyería favorita. Si el fin de semana de prueba de Atthaphan salía bien, quería tener el collar preparado. Y después de ver lo bien que lo había hecho durante la entrevista en mi despacho, estaba seguro de que todo saldría bien. Observé los collares que había en el escaparate. Mis anteriores sumisos habían llevado sencillas gargantillas de plata, pero para Atthaphan quería algo más.

-Señor Adulkittiporn -dijo el dueño, acercándose a mí-. ¿En qué puedo ayudarlo esta vez?

No me impresionaba nada de lo que había visto.

-Estoy buscando una gargantilla. De platino. Quizá con algún diamante.

Los ojos del dueño se iluminaron de alegría.

-Tengo justo lo que está buscando. Ha llegado esta mañana y aún no he tenido tiempo de ponerla en el expositor.

Desapareció en la trastienda y poco después reapareció con un estuche de piel. Dentro había una gargantilla exquisita, hecha con dos gruesas tiras de platino entrelazadas, llenas de diamantes incrustados. No me costó imaginarla alrededor del cuello de Atthaphan.

Mi collar.

Mi sumiso.

-Es perfecto -le dije al joyero.

La noche del viernes, decidí prepararle la cena a Atthaphan. Antes de empezar nada, quería que se relajara. Darle la oportunidad de preguntar lo que quisiera o de exponer sus dudas. Quería que se sintiera cómodo durante todo el fin de semana, o tan cómodo como fuera posible.

Cociné uno de mis platos favoritos y repasé los planes que tenía para el fin de semana. No quería acostarme con él todavía. Eso podía esperar mientras probaba otras cosas. Y de paso pondría a prueba mi propio autocontrol: tenerlo cerca y no tocarlo.

También establecí una nueva norma: no lo besaría. Teniendo en cuenta que estaba quebrantando muchas de mis reglas habituales, me pareció justo imponer una nueva para compensar. Una parte de mí pensaba que era una tontería creer que no besar a Atthaphan me proporcionaría, de algún modo, la distancia emocional necesaria. Pero la verdad era que él quería ser mi sumiso. No me quería como amante. Mientras consiguiera no olvidar en todo el fin de semana que nuestra relación sería sexual y nada más que eso, yo estaría bien.

El coche se detuvo en la puerta de mi casa a las cinco cuarenta y cinco. Cuando abrí la puerta, me lo encontré agachado, acariciando a Apolo. Yo pensaba que éste no se acercaría a él, porque normalmente rehuía a los desconocidos. Era muy extraño que no lo hubiese hecho así. Aunque también hay quien asegura que los perros tienen un sexto sentido para las personas. 

Cuando vi que a Apolo parecía gustarle Atthaphan, me convencí de que aquel fin de semana había sido una buena idea. Llamé al perro. Él no me había oído abrir la puerta. Lo comprendí cuando lo vi levantarse de golpe. Sonrió mientras él le lamía la cara.

-Veo que ya conoces a Apolo -dije.

-Sí. -Se sacudió los pantalones. El sol se estaba poniendo y la luz del anochecer hacía que su pelo y sus ojos parecieran más oscuros, más misteriosos-. Es un perro muy dulce. 

-No lo es. No suele ser amable con los desconocidos. Tienes mucha suerte de que no te haya mordido. 

Pero Apolo no lo habría mordido nunca. Jamás se me habría ocurrido dejarlo fuera solo si creyera que era capaz de hacer algo así. No estaba seguro de por qué había dicho eso. Quizá una parte de mí quería que se marchara. Lo invité a pasar.

Submissive [OffGun]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora