Aquella noche dormí muy inquieto, no dejaba de dar vueltas en la cama y en algún momento me desperté aturdido. Una inesperada tristeza se apoderó de mí, pero era incapaz de recordar qué era lo que me la había causado. Sólo sabía que tenía que ver con música y con el hecho de no haberla encontrado y, confuso,me di media vuelta y me dormí de nuevo.
Me desperté a las cinco y media y comprendí por qué Jumpol quería que durmiera ocho horas durante la semana: no creía que fuera a dormir mucho durante el viernes y el sábado.
Me levanté con las tripas rugiendo. A las seis y cuarto ya estaba duchado y vestido y me quedaba tiempo más que suficiente para preparar mis famosas tostadas francesas. Vi luz por debajo de la puerta del gimnasio. Jumpol ya debía de estar despierto y haciendo ejercicio. Me pregunté si algún día conseguiría levantarme antes que él. Bostecé mientras troceaba los plátanos y batía los huevos.
Me encanta cocinar. Me encanta preparar comidas que alimenten y sepan bien. Si no me gustaran tanto los libros, habría sido chef. Estaba tostando el pan, cuando Apolo entró caminando muy despacio.
—Eh, Apolo —lo llamé—. ¿Qué pasa?Me ladró con suavidad, bostezó y rodó hacia un lado.—¿Tú también? —le pregunté, bostezando de nuevo.
Mientras freía el plátano, pensé en la noche anterior. Aún me parecía surrealista, aunque había sido muy divertida. Todo el mundo fue muy amable conmigo. Y Jumpol... Pensé especialmente en él: recordé nuestro baile y después lo que pasó en su habitación... Casi se me quema la salsa.
A las siete en punto, le serví el desayuno. Coloqué la tostada en el plato y luego vertí la salsa por encima de todos los ingredientes.
—Sírvete un plato y siéntate —dijo él al entrar.
No vi ni rastro del caballero de la noche anterior, pero yo sabía que estaba allí, escondido en alguna parte.Dejé mi plato en la mesa, me senté y, cuando comí el primer bocado, Jumpol se volvió a dirigir a mí.
—Hoy tengo planes para ti, Atthaphan —anunció—. Voy a prepararte para mi placer.
¿Que me iba a preparar para su placer? ¿Y qué narices significaba eso? Ya había estado practicando yoga. Había corrido. Había seguido una dieta equilibrada. ¿Qué más quería? Pero no estábamos en mi mesa.
—Sí, Amo —respondí, con los ojos clavados en mi plato.
Se me había desbocado el corazón y ya no tenía hambre. Rebañé un poco de salsa de mi plato con un trozo de pan.
—Come, Atthaphan —dijo—. Con el estómago vacío no me sirves para nada.
Yo tampoco creía que le sirviera de mucho si le vomitaba encima por culpa de los nervios, pero decidí no decírselo. Le di un bocado a mi tostada. Podría haber estado comiendo cartón y me habría dado lo mismo. Cuando ya había comido lo suficiente como para complacer a Jumpol, recogí la mesa y fui al salón, donde me quedé de pie junto a él.
—Llevas demasiada ropa —dijo—. Ve a mi dormitorio y quítatela toda.
Mientras iba a su habitación, no dejaba de pensar, intentando tranquilizarme.¿Qué más podíamos hacer que no hubiéramos hecho ya? Habíamos follado tres veces y habíamos tenido sexo oral. Podía enfrentarme a lo que fuera que tuviera planeado.
Cuando llegué arriba había conseguido calmarme un poco, pero entonces entré en su dormitorio y me quedé de piedra. En medio de la habitación vi una especie de banco, o por lo menos yo pensé que era un banco. Me llegaba a la altura de la cintura y tenía un escalón.Sentí cómo otra vez se apoderaba de mí aquella ráfaga de excitación nerviosa que ya estaba empezando a resultarme familiar. Me quité la ropa y la dejé apilada de cualquier forma junto a la puerta. Luego me quedé mirando el artilugio de madera.
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Submissive [OffGun]
Fiksi PenggemarAtthaphan Phunsawat lleva toda la vida enamorado de Jumpol Adulkittiporn. Cuando se entera de que el brillante y atractivo presidente de Industrias GMM está buscando un nuevo sumiso, decide ofrecerse a él para hacer realidad sus más secretos deseos...
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