11.- Ensayo General

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“Podemos escapar, si nos vamos lejos quizá él no pueda...”— La voz del rubio fue interrumpida por la mirada insistente de la chica tendida a su lado en la cama.

“Hoy es mi despedida de soltera, negocie que puedas irte después de hoy, podrás vivir en un lugar lejano mientras no te acerques otra vez a Konoha.” — Ella acariciaba su pecho mientras ambos se miraban a los ojos, sus últimas esperanzas padecían por estas fechas, Naruto no pudo evitar soltar un bufido, molesto por la situación.

“No me quiere lejos de Konoha, me quiere lejos de ti. Supongo que tampoco podré volver a tener ningún tipo de contacto contigo en lo que me queda de vida, si es que aún hay algo de ella.”— Hubo un momento de silencio hasta que Hinata se atrevió a acercarse con cuidado a su compañero para que la admirara más de cerca los ojos luna que ahora parecían nublados de determinación.

“Sé que eso es lo que piensas pero no dejaré que sufras más, quizá pienses que tu vida ha terminado pero no quiero volver a sentir el terror de saber que no estamos existiendo juntos.” — La dulce voz amenazaba con quebrarse ante la imagen de Naruto sepultado en una caja a metros debajo de ella, aquella hermosa sonrisa no existiría nuevamente, sí Naruto podía seguir viviendo Hinata podría aguantar su sufrimiento con la calidez de saber que ambos aún podían mirar el mismo cielo, eso para ella era mucho más que suficiente para desgastarse con el Uchiha.

Sin aviso alguno los labios del rubio atraparon los de ella besandola tiernamente, ambos cerraron los ojos hasta que la sorpresa de sentir la mano de él abrazando su cadera la hizo estremecerse.

“¿N-naruto?” — La voz la traicionó tropezandose por el toque de él que la pegaba aún mas al cuerpo ajeno, pronto estaban de frente y sus ojos volvieron a encontrarse.

“Te vas a casar, no sé si es peor el saber que no soy el novio o el no poder asistir para oponerme y tomar el lugar de ese idiota.” — El aliento de Naruto en sus labios provocaba que una electricidad suave le recorriera el cuerpo a la chica de porcelana, sus pomulos se encendían y la respiración se le agitaba con aquellas dulces palabras.
Él la tomó de las piernas arrojando ambos cuerpos hacia el otro lado de la cama, la tenue luz de la lampara en la mesa de noche era lo único que iluminaba sus rostros.

“¿Podrías perdonarme por lo que quiero hacerte? Aún soy un hombre después de todo y tengo una necesidad enorme de que te sientas como mi mujer antes de que te vuelvas de él ¿Pido demasiado?” — Sus ojos cielo la reflejaban con una mezcla rara de deseo y tristeza, Hinata podía perderse en ellos si seguía mirándolo por lo que se acercó a él para volver a conectar sus labios. Sus manos calidas recorrieron su cuerpo despacio, buscando infiltrarse debajo de la blusa de su compañera; sucedió lo inevitable debajo de las sábanas.

Hinata se colocaba su ropa con cuidado, las piernas le tablaban pero ya tenía que irse, Naruto la tomó de la mano mientras seguía acostado, su pecho desnudo brillaba con el sudor.

“¿Te lastime?” — Preguntó el rubio preocupado por la joven que tenía unos cuantos rasguños es su piel de porcelana.

“Preguntas mucho por mi, estoy bien. No me hiciste nada que yo no quisiera.” — Decía ella apretando la mano de su amado, en pocos minutos tendría que renunciar a ese rostro para siempre.

“Hina, antes de que todo esto acabe ¿podría pedirte algo más?” — Hinata permaneció inmóvil unos segundos, puso la mejor sonrisa en su catálogo y se giró para ver el rostro de el rubio. Naruto se tomó un momento para pensar en lo que iba a decir, no era listo con las palabras en un principio asi que le costaba un par de segundos ser inteligente. — “Prometeme que vas a seguir peleando, promete que no vas a rendirte nunca y que no lo vas a dejar ganar.”

Hinata se sorprendió, quizá no sabía en ese momento a lo que Naruto se refería pero se lo prometió de todas formas, se dieron un último beso, un último abrazo, se sonrieron una última vez y después de eso ella cruzó la puerta. Ambos aceptaron el destino que los separó, se enfrentaron a él siendo fuertes hasta el último momento.

Ahí caminando en medio del pasillo Hinata sentía su fortaleza flaquear, el dolor la quemaba desde adentro y ahí sin que nadie pudiera verla lloró, no se dejó caer por el dolor pero las lágrimas salían de sus ojos sin parar, sin compasión. No estaba Naruto ni Sasuke para verla, era una vez más ella contra la tragedia que se había convertido en su vida y en la que no tenía palabra para cambiarla. Solo era una actriz que odiaba su papel.

Se abrazó a si misma en un intento de recomponerse antes de llegar a la puerta de salida; nunca más volvería a pisar ese lugar por lo que la sola idea de dar un paso adelante la aterraba y aún con todo esto siguió adelante.
Fueron unos cuantos pasos pero en cada uno de ellos recordó lo mas importante que tenía ahora: a sí misma.

Las lagrimas pararon, dejó de abrazarse, tomó una bocana de aire tan grande que pudo haberle arrebatado la suya a alguien más, ella necesitaba aire ahora; abrió la puerta con una mirada dura y ahí estaba el diablo en persona, esperando por su mujer.

“¿Estás llorando? Ow ¿La princesa está triste porque su basura favorita ya se va?” — Decía Sasuke mientras le abría la puerta del auto. Ella ya se había acostumbrado a su crueldad, no iba a descuidar sus sentimientos frente a Sasuke nunca más, sintió un leve contacto en la mejilla antes de agachar la cabeza, la mano que le quitaba las lagrimas era fría y pesada, por instinto le dio un golpe alejandola de su rostro.

“No me toques.” — declaró ella en voz baja metiéndose en el auto. Sasuke la siguió, tras mirarse la mano, ahora estaba fastidiado.

Cuando el auto arrancó Hinata se acomodó en su asiento dirigiéndose a su "prometido" con frialdad en la voz.

“¿Iremos a la cena de ensayo?” — la pregunta hizo que Sasuke se girara hacia ella, ahora los dos estaban hablando en serio.

“Si, espero que te hayas aprendido lo que vas a decir y hayas practicado la mejor de tus sonrisas, amorcito.” — la última palabra la pronunció con tal tono de burla que le despertó a Hinata el recuerdo de las palabras de Naruto, quizá se refería a ésto, ella le daría lo que quería con una sonrisa, obedeceria cada orden con precisión.
Hinata estaba dispuesta a aceptar este destino porque estaba segura de que desde ese día haría que Sasuke se arrepienta de haberla escogido, quizá haya ganado obediencia pero la guerra solo había emplazado.

La ojiperla le sonrió con ternura a su prometido, se acercó a él y lo tomó del brazo para recargarse en su hombro. El corazón de Sasuke dio un salto.

“La felicidad me ha inundado desde el día que conocí al amor de mi vida, cada paso que de hacia el futuro espero tener a Sasuke a mi lado.” — Repetía mirando hacia la nada, totalmente inmersa en el acto hasta que soltó el brazo de Sasuke con asco y regresó a su lugar. — “Y después tu dirás lo tuyo para concluir todo dándonos un beso de amor ¿no es así?
Amorcito.”

El auto se estacionó afuera de un salón caro, Sasuke estaba inmóvil mientras veía con molestia y fascinación a la mujer que salía del coche, se cuestionó unos segundos si era tarde para retractarse, para regresar, entregársela a Naruto e irse de ahí. No conocía a la Hinata que le plató cara; por muy asustado que estuviera de verle el rostro no pudo evitar reírse desde la oscuridad de su alma, parece que iba a divertiste después de todo. Al parecer Hinata podía ser mucho mas que un bonito trofeo en su colección, aún le quedaba espíritu y Sasuke estaba emocionado por ver cuanto duraría esta niña rebelde.

“Que Dios se apiade de nosotros, Hinata.” — soltó al aire él mientras se abría paso hacia ella y la tomaba de la cintura, triunfador.
Esta nueva sensación de ver los ojos blancos contener resentimiento, odio, furia, Sasuke estaba disfrutando cada segundo que esos ojos lo miraban así, a él y a nadie más.

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